En un mundo donde los jóvenes cada vez se ven más despreocupados por los problemas políticos nacionales e internacionales y se inclinan hacia los videojuegos, encontramos a una persona que logró el balance de estos intereses. Ernesto Prado de la Paz, estudiante de la carrera de periodismo de tercer año es de las personas que vive entre dos mundos paralelos dónde pocos son capaces de conectar entre la sabiduría histórica y el entretenimiento.

Sobre la fascinación que tiene con la geopolítica a una edad un tanto temprana comenta que viene de una mezcla entre curiosidad histórica y la necesidad de entender el poder. No fue algo que leyó en un solo libro sino una acumulación de estos.

En estos dias problemas geopolíticos son el plato de cada día. Foto: Tomado de internet.

Cuenta que la historia no es una secuencia de fechas y nombres; es un ajedrez global constante, entender el por qué de las cosas, le permite ir más allá del titular de las noticias.

«La geopolítica te enseña a mirar la geografía, los recursos naturales, los intereses estratégicos y la historia profunda entre esos actores. Un conflicto en el Canal de Panamá no es solo por barcos, es por el control de una salida comercial vital que lleva siglos en disputa,  ejemplifica el futuro periodista.

«Algo que me atrae es ver cómo las decisiones de un político en un rincón del mundo pueden tener efectos de dominó en la economía y en la vida diaria de millones de personas, es como una prueba de que nada ocurre en el vacío, es mi forma de buscarle la lógica al mundo»,  finalizó.

A sus 21 años logra vincular su pasión por los problemas políticos no solo de su país sino también internacionales. Una vía de autoalimentarse es mediante la simbiosis entre videojuegos y la geopolítica como alternativa de cambiar el rumbo de la historia.

Los videojuegos, especialmente los de estrategia como Crusader Kings, Europa Universalis o Hearts of Iron, son más que un entretenimiento, son laboratorios de simulaciones de sistemas complejos subrayó.

Imagen de portada del videojuego Crusaders Kings 3. Foto: Tomada de Internet.

«Crusader Kings, por ejemplo, trata de ganar guerras; trata de gestionar una dinastía. Te obliga a entender que, en la Edad Media, el poder no se basaba solo en un ejército grande, sino en la sucesión: ¿Quién heredará? ¿Es competente? ¿Se rebelarán sus hermanos? También la intriga y la diplomacia: Tienes que casar a tus hijos por intereses políticos, asesinar a un rival que pone en peligro tu linaje, o manejar la opinión de tus vasallos.Por último está  el factor humano, un juego que modela el poder feudal a la perfección y enseña que la política es un juego de intereses personales, donde la lealtad es un recurso tan valioso como el oro o el hierro» aclaró de la Paz.

«Todos estos videojuegos permiten reinterpretar la historia, tomar el rol de un pequeño duque en un rincón de Escocia y, a través de decisiones estratégicas, intentar «cambiar» el rumbo que conocemos, entendiendo las dificultades y las fuerzas sistémicas que hicieron que la historia fuese de esa manera. Es fascinante aprender y desarrollar pensamiento estratégico» recalcó.

Ernesto cuenta con un grupo de amigos que comparten los mismos gustos y que de vez en cuando se reúnen para debatir sobre estos temas como respuesta a su «hambre política» y búsqueda de la verdad.

«Mis amistades son mi red de apoyo intelectual y emocional. Aquí en Matanzas por ejemplo tengo a Fernando, Abel y Alfredo. Yo no soy muy de salir de mi casa, salvo para ir a la universidad, y con estas personas yo puedo hablar de nuestros intereses en común hasta tener la discusión más compleja sobre un evento mundial, no te voy a mentir, tampoco soy muy bueno socializando incluso con mi grupo de amigos, por eso muchas veces solamente me dedico a quedarme callado y escuchar. Ellos me dan otras perspectivas que yo podría estar obviando».

Entre amigos discuten y proponen soluciones a los problemas geopolíticos. Foto: Cortesía del entrevistado.

Con sus amigos de Santa Clara es diferente, y no es porque ideológicamente sean distintos, sino porque no se preocupan en aprender del mundo que les rodea, no buscan crear un pensamiento crítico y siguen un hecho desde un bando como si fueran corderos. Con ellos, es una relación en línea, juegan juntos al menos dos veces por semana al League of Legends, y cada vez que va a Santa Clara se reúnen para tomar un café.

Ernesto con sus amigos de Santa Clara. Foto: Cortesía del entrevistado

Él mismo dice que toda esta unión de pensares se debe a sus dos mayores referentes, con uno de estos comparte nombre, el otro un afamado corresponsal de guerra del cual ha leído sus libros más célebres.

El Che Guevara por su espíritu aventurero inquebrantable y su ética de vida. Su viaje en motocicleta por Sudamérica y su deseo de conocer la realidad de la gente, le fascina. Además, el hecho de llamarse Ernesto añade una capa personal: le recuerda la carga, pero también la audacia de ese nombre. Para él es un recordatorio de que la verdadera comprensión del mundo exige acción, movimiento y sacrificio personal.

Ernesto Che Guevara, el Guerrillero Heroico
Foto: Tomado del Periódico Granma.

Su otro referente es Ryszard Kapuscinski, un idolo en cuanto a la observación y la narrativa. En onceno grado leyó de sus libros y, sumado a su interés desde niño por el periodismo le impactó. Kapuscinski no era solo un reportero de guerra; era un geopolítico que escribía. Demostró que para entender un conflicto o una cultura, tenías que estar presente , narrar la historia de la gente común, no solo la de los líderes. Él personifica la síntesis perfecta entre la aventura del Che y la necesidad de analizar y contar el mundo.

Ryszard Kapuscinski, máximo exponente de la crónica internacional del siglo XX        Foto: Tomado de El País

«Ambos me enseñan la misma lección: hay que ir al terreno ,ya sea físico o intelectual para entender la realidad, y luego tener el coraje y la habilidad para contarlo».

Sin dudas, Ernesto puede adentrarse en la complejidad de la geopolítica e historia utilizando como vía el mundo digital y del entretenimiento. Su visión sobre el uso de los videojuegos como herramientas educativas abre nuevas posibilidades para involucrar a las generaciones más jóvenes en temas tan cruciales como la política internacional y los conflictos históricos.

Ernesto es la prueba viviente de que por diferentes que sean el mundo de la historia y el de los videojuegos tenemos que encontrar el punto común siempre que exista veracidad en la información.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *