Investigador, profesor, deportista, pintor, escritor: todas estas facetas se unieron en la personalidad del notable médico matancero Federico Grande Rossi.
Nacido en Matanzas, el 14 de diciembre de 1866, Federico Grande Rossi, se graduó de bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana en 1881. Posteriormente inició los estudios de medicina en la Universidad de La Habana. El 25 de septiembre de 1888 realizó el ejercicio para obtener el título de licenciado en Medicina y Cirugía, que le fue expedido dos días después.
Médico, patriota, profesor
De 1890 a 1896 trabajó en el Laboratorio Histobacteriológico e Instituto de Vacunación Antirrábica de La Habana. Sobre este momento trascendental de su vida expresó: “Un día, un buen día de mi suerte, de manos del doctor Domingo Madan atravesé aquel umbral, con hambre de estudio, a pedir trabajo”. En esta institución, también conocida como Laboratorio de la Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana, fue discípulo del médico y bacteriólogo matancero Juan Nicolás Dávalos, sobre quien recordó que fue el “…maestro que puso entre mis dedos el primer tubo de cultivo…”. Años después, Federico Grande Rossi, recordó la significación de esta etapa para su formación profesional:
“En medio del furor egoísta de la colonia, del desasosiego en el disneico medrar de un comercio que absorbía todas las actividades y ahogaba todas las iniciativas, entre el afanoso recelo del dominador que sentía entre su férrea mano crispada hincharse y hacerse poderoso el duro músculo del esclavo que ya mostraba encendido en la pupila el toque de luz del heroísmo; en medio de aquella atmósfera letal para la ciencia, hubo una mansión tranquila, una casa de paz y de trabajo, cuyo ancho portalón, siempre de par en par abierto, no estaba guardado por alguien que preguntase al paso quién era y cuál la patria del que entraba ni de dónde venía. Como los templos, era visitado solo por los curiosos y por los devotos”.
“Era el Laboratorio de la Crónica centro raro, único de aquella época. Un instituto europeo en medio de esta tierra de América colonial, en el que cada uno tenía amplia libertad para el estudio, copiosa colección de útiles, abundante provisión de lo que fuere necesario para las investigaciones, con la condición sola y precisa de ceder al periódico el fruto literario del estudio que emprendiese. Especie de alta escuela gratuita y afectuosa que pudieron aprovechar muchos de los graduados que salían de la Universidad de entonces sin saber objetivamente qué fuese una estructura, un germen, una enfermedad infecciosa, una reacción química, un fenómeno biológico”.
En 1896 emigró a Estados Unidos, debido a la Guerra de Independencia, pues fue conspirador y auxiliar de los mambises. Ese mismo año incorporó su título de licenciado en el estado de la Florida, lo cual le permitió ejercer su profesión en Tampa hasta el final de la guerra, como lo demuestran los anuncios publicados en el periódico The Tampa Morning Tribune.
El 29 de abril de 1896, participó en la fundación del Club Profesional Federico de la Torre, que agrupó a médicos y farmacéuticos cubanos exiliados en Tampa. Esta organización, de la cual Federico Grande Rossi fue vicepresidente, se afilió al Partido Revolucionario Cubano. Entre las acciones que realizó estuvo la recopilación de material médico para enviar a Cuba, sobre todo instrumentos y material para curaciones quirúrgicas, botiquines y medicinas, además de armas y municiones. También capacitó como sanitarios a numerosos combatientes que se incorporaban al Ejército Libertador y vacunó expedicionarios que viajaban a Cuba. Estuvo entre los firmantes de la exposición que los emigrados cubanos acordaron enviar al Gobierno de la República en Armas, el 1 de noviembre de 1897. En este documento reiteraban su “incondicional apoyo” a la causa de la independencia.

De vuelta a la patria, se graduó como doctor en medicina en 1899. En 1900 fue nombrado catedrático auxiliar jefe del Laboratorio de Bacteriología y Patología Experimental de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, que desempeñó hasta 1911. Fue nombrado entonces profesor auxiliar jefe de Clínica de Patología General y Patología de Afecciones Intertropicales, plaza que ganó por oposición. En 1921 ascendió a profesor titular, en sustitución de Juan Guiteras Gener.
Integró, en 1923, la comisión que elaboró las bases del proyecto de ley que concedería la autonomía docente y administrativa de la Universidad de La Habana. Esta fue presidida por el Rector, Carlos de la Torre, y otros destacados profesores, como José Varela Zequeira y Alfredo M. Aguayo, además de los estudiantes Felio Marinello y Julio Antonio Mella, entre otros.

Académico e investigador
Integró, desde 1904, la Comisión de Higiene Especial, y desde 1905 la Comisión de Enfermedades Infecciosas. Formó parte, como secretario, del Comité de la República de Cuba, creado como parte del Congreso Internacional de Medicina que se celebró en Lisboa, Portugal, en 1906. En 1913 estuvo entre los miembros del Consejo Facultativo del Congreso de Madres de la República de Cuba. Presidió, en 1922, la Sección de Gastroenterología del VI Congreso Médico Latinoamericano, que sesionó en La Habana. El 9 de noviembre de 1938, Federico Grande Rossi estuvo entre los fundadores de la Sociedad de Microbiología de Cuba. Esa noche inaugural pronunció la conferencia titulada “El Laboratorio Santos Fernández”.

La Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana lo eligió como académico de número el 13 de enero de 1911. Por diversas razones debió ser aplazado el acto de recepción como nuevo académico, que se realizó el 25 de julio de 1913. El tema fue “Elogio póstumo al Dr. Juan N. Dávalos”, con lo cual rindió homenaje a uno de sus principales maestros y guías en el camino de la bacteriología y el estudio de las enfermedades infecciosas. Este le fue contestado por otro matancero, el doctor Enrique B. Barnet.
En la presentación de los méritos de Federico Grande Rossi como aspirante a académico, el doctor Francisco Paradela señaló:
“El Dr. Grande Rossi, además de su mayor antigüedad en la obtención de sus grados universitarios, ha ejercido desde hace largos años y continúa ejerciendo, el profesorado como Catedrático de la Facultad a que pertenece, y desempeña actualmente el cargo de jefe del Laboratorio de una de las Escuelas de Medicina, que obtuvo por oposición. También pertenece al Laboratorio de la Crónica Médico Quirúrgica, en el que comenzó a prestar sus servicios desde el año 1890, o sea hace veinte años. Su cargo de jefe interino del Laboratorio de la Escuela de Medicina. lo obtuvo en 1901, y el de profesor auxiliar de la Facultad en 1900. Mereció también la distinción de ser electo en el Tercer Congreso Médico Pan Americano. que tuvo lugar en diciembre de 1901. Secretario de la primera de sus secciones, la de Medicina en general”.
En la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana fue responsable de la contestación a los discursos de ingreso de los académicos Arístides Agramonte (1912) y Clemente Inclán (1929). También pronunció el discurso alusivo al acto de la celebración del octagésimo aniversario del natalicio de Carlos de la Torre y de haberle otorgado la Universidad de Jena el grado de Dr. Honoris Causa (1938). Le correspondió presentar, en 1917, un informe sobre el doctor José Filomeno Rodríguez y Acosta, quien aspiraba a ocupar un puesto de académico corresponsal en Matanzas.

Dentro de la bibliografía de Federico Grande Rossi se destacó el libro Descripción de un nuevo cladothrix (1893), realizado con Enrique Acosta. Otra investigación, ¿Cuál es el promedio bio-químico de la orina normal en los habitantes de Cuba? (1901), realizada en colaboración con Manuel Ruiz Casabó, fue premiada en el certamen de la Asociación Medico Farmacéutica de Cuba. En 1904 estudió la bacteridia de Davaine en Cuba e introdujo una “modificación del tubo de Roux” para utilizar la papa como medio de cultivo de este microorganismo.
Fue asiduo colaborador de la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana. Allí insertó los reportes “Tratamiento del íctero catarral” (1892) y “La bacteridia de Davaine en Cuba” (1892). Acerca de los procedimientos de la bacteriología publicó “Desinfección de jeringuillas hipodérmicas” (1892), “Nuevo procedimiento para preparar gelatina” (1892) y “El filtro Chamberland” (1892). También sobre innovaciones como “Valor diagnóstico de la diarrea riziforme” (1892), “Técnica bacteriológica” (1893) y “Modificación del tubo de Roux” (1904).
Los resultados de las investigaciones “Análisis bacteriológico de aire” (1892), “Análisis bacteriológico del agua de Vento” (1892), los divulgó en las páginas de esta revista. Lo mismo hizo con “Contribución al estudio del icthiol” (1892), “Un caso de microcefalia” (1892), “La cal contra los mosquitos” (1901) y “Frutos de un matrimonio consanguíneo” (1903). También el “Extracto y resumen de los informes presentados a la Academia de Ciencias sobre fiebre amarilla” (1899) y “Tuberculosis bacilar experimental” (1902), entre otros.
Realizó numerosas investigaciones en colaboración con otros médicos y bacteriólogos cubanos. Varios de los resultados alcanzados pueden leerse en la Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana. Junto a Enrique Acosta publicó “Análisis bacteriológico de polvo” (1892), “Análisis bacteriológico de los billetes del Banco Español de la Habana” (1892) y “Ureómetro práctico” (1892). Con el bacteriólogo matancero Juan Nicolás Dávalos dio a conocer, “Investigaciones médico-legales. Putrefacción del feto en Cuba” (1901). También acompañó a Enrique Acosta y Augusto Díaz Brito, como autor de “Diagnóstico precoz de la tuberculosis” (1904).
Fue autor, con Manuel Ruiz Casabó, de “Comprobación de la fiebre de Malta en la Habana” (1911), que vio la luz en los Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. En esta revista también publicó “Historia de la fiebre amarilla” (1938). Dio a conocer, en las páginas de la revista La Higiene, numerosas biografías bajo en la sección “Médico cubanos contemporáneos”, con lo cual prestó un gran servicio a la historia de la medicina en Cuba. Publicó en este orden el Elogio fúnebre del Dr. Julio San Martin y Carriera (1907), que fue leído en la Universidad de la Habana el día 20 de septiempre de 1907.
Federico Grande Rossi fue miembro de la Sociedad de Higiene de París, también perteneció a la Sociedad de Estudios Clínicos y a la Sociedad Protectora de Animales y Niños de la Habana. Colaboró además en las revistas Boletín de Sanidad. Escribió la introducción del libro Glosario de semiología (1923), escrito por sus exalumnos Héctor Seigle y J. D. Freyre. En el Primer Congreso Médico Nacional (1905), presentó “Jaqueca oftalmológica”. Fue autor, además, de “Nuevo signo diagnóstico en el ulcus” (1917), trabajo que presentó en el Cuarto Congreso Médico Nacional.

A Federico Grande Rossi se le reconoce la condición de ser uno de los iniciadores del método clínico en Cuba. Algunos estudiosos lo consideran, incluso, quien le dio verdadero carácter científico en nuestro país. La frase que legó: “El síntoma se haya dentro del cuerpo del enfermo y el signo en la cabeza del médico”, es citada con frecuencia.
Al conocerse la noticia del fallecimiento de Federico Grande Rossi, en La Habana, el 11 de julio de 1942, el sentimiento de pesar fue general. Se trataba, quizás, del último gran médico del siglo XIX cubano, alguien que había dejado huella en la ciencia de la nación. En todas las manifestaciones de duelo se hizo mención, además, a las distintas facetas que adornaron su condición de intelectual.
Un médico multifacético
Federico Grande Rossi sobresalió como defensor y cultivador del esperanto, lengua internacional creada por el polaco Ludwik Lejzer Zamenhof (1859-1917), con el objetivo de que fuera un idioma fácil de aprender y neutral, más adecuado para la comunicación internacional. Formó parte de la Sociedad Cubana para la Propagación del Esperanto, fundada en 1910, la cual presidió en el período anual correspondiente al año 1913.
Como deportista fue un experto tirador y se destacó en ese deporte en las primeras décadas del siglo XX. Integró el Club de Cazadores del Cerro, con el que ganó la modalidad de trap en 1916 con 85 puntos. Fue campeón en la de pichón dos años después, con 9. Fue campeón nacional en el tiro de platillos en 1917. En homenaje al prestigio bien ganado en este deporte, se le escogió como presidente de honor del Club de Cazadores de Matanzas. En su vida deportiva alcanzó 11 medallas de oro y 16 copas de honor.

Además de estas facetas de su quehacer, Federico Grande Rossi fue conocido como escritor, autor de poemas, cuentos y novelas. Utilizó el pseudónimo literario de “Mendo Méndez”, con el cual escribió en El Mundo, El Mundo Ilustrado y la Revista de la Asociación Médico Farmacéutica de la Isla de Cuba. Al respecto destacó Enrique B. Barnet en 1913:
“No existe antagonismo alguno entre la Ciencia y el Arte: por líneas paralelas marchan ambas en busca de la verdad absoluta. Grande Rossi posee temperamento de verdadero artista. De progenie astur e itálica, engendro de las dos razas, tiene de la una las peculiaridades de su carácter retraído y apasionado y de la otra la savia artística que circula por sus venas. Aprecia con verdadero juicio los encantos de la música, que le arroba, pero no va jamás a buscarla al teatro, al concierto ni a la reunión. Dibuja primorosamente y pinta cuadros que no desdeñaría firmar un pintor de renombre, y obsequia con ellos a sus íntimos o los oculta en apartado rincón de su residencia. Maneja la prosa castellana con facilidad asombrosa, elegancia de giros y dominio completo del léxico…”.
Acerca de las poesías que escribió, añadió Barnet:
“Y versos ha escrito muchos, que yacen escondidos en ocultas gavetas o en las columnas de algunos periódicos con firma enmascarada. En cierta ocasión remitió un soneto a un certamen, que resultó premiado, y dejó abandonado el premio el día de la entrega para no despejar la incógnita de la firma y no aparecer reo de lo que pudiera calificarse por el vulgo como un delito, imperdonable a sus años y en un médico”.
Además, señaló:
“Posee el Dr. Grande Rossi una cultura extraordinaria, porque ha estudiado mucho. En la emigración afrontó hasta las matemáticas, después de haber revalidado su título de médico en la Florida. Conoce cuatro lenguas vivas y ha acometido el estudio de muchas materias relacionadas unas con la ciencia, otras con el arte. Tiene momentos de decepción, porque cree haber perdido el tiempo lastimosamente en muchos asuntos agradables, pero inútiles para la práctica de la vida, sin tener en cuenta que lo agra dable es útil y que no todo hade ponerse bajo el prisma del utilitarismo”.

Entre los poemas y escritos firmados como “Mendo Méndez”, aparecen el cuento “Morfina” y la novela Any Name (1903). Esta última, cuya acción transcurre en New York, apareció en folletines del periódico El Mundo y también como libro. Escribió una romanza, con ese título y tema, junto al músico José Marín Varona, que se escuchó en conciertos y funciones teatrales habaneras. La revista Letras publicó sus cuentos “Pancho D.”, “Altruismo” y “Confesión”, en 1906. El poema «Siciliana», apareció en las páginas de El Mundo Ilustrado en 1907. En La poesía revolución en Cuba (1928), de la obra Evolución de la Cultura Cubana, está el poema “¡Alerta!”, escrito en la emigración. En sus últimas estrofas dice:
“Una descarga cerrada
Anuncia combate fiero;
Para ir a la llamada
La hamaca es abandonada
Por el bravo guerrillero.
¡Al machete! ¡Voz de mando!
Pero antes que el clarín vibre,
Dijo, la hoja desnudando:
¡Me alegro! ¡Estaba sonando
Que la patria era ya libre!”.

Sin embargo, la obra más celebrada y conocida de Federico Grande Rossi es el cuento “Carga negra”. Este recibió un premio en un certamen de la revista El Fígaro. Se trata de un cuadro de costumbres cubanas en tiempo de la esclavitud. Sobresale por lo ingeniosa de la trama y la utilización creativa del lenguaje. Puede leerse en el quinto tomo de La prosa en Cuba (1928), de la colección Evolución de la Cultura Cubana.