En medio de una caída abrumadora de asistencia, y con un goteo constante de artistas formalizando su retirada de la programación, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este domingo por la noche el “cierre temporal” durante dos años del histórico Kennedy Center de Washington.
Un tiempo para hacer largas y costosas reformas que antes no había especificado, pero sobre todo para intentar acallar las críticas y construir una nueva base de artistas dispuestos a asociarse al nuevo rumbo de la institución.
“He determinado que el Trump Kennedy Center, si se cierra temporalmente para su construcción, revitalización y reconstrucción completa, puede ser, sin lugar a dudas, el mejor centro de artes escénicas de su tipo en todo el mundo”, ha explicado. Hace unos meses, el presidente derribó también por sorpresa parte de la Casa Blanca para instalar un salón de bailes y fiestas que costará cientos de millones de dólares, aportados en principio por empresas y donantes particulares.
El 8 de febrero de 2025, hace casi un año exacto, el presidente Trump anunció en sus redes sociales el despido de buena parte de los miembros de la junta directiva del histórico John F. Kennedy Center para las Artes Escénicas y su autonombramiento como presidente. Trump, que llevaba apenas 20 días en el cargo, también comunicó él mismo escogería la programación de una de las principales instituciones culturales del país, especificando por ejemplo que no habría más espectáculos con drag queens.
“Bajo mi dirección, vamos a hacer que el Centro Kennedy en Washington D.C. VUELVA A SER GRANDE. He decidido despedir inmediatamente a varias personas de la Junta Directiva, incluido el presidente, que no comparten nuestra visión de una época dorada en las artes y la cultura”, escribió Trump en Truth Social. “Pronto anunciaremos una nueva Junta, con un presidente increíble, ¡DONALD J. TRUMP!”.
Dirigirla, escoger y vetar espectáculos y colocar a sus amigos y familiares no le pareció suficiente. En diciembre, la junta directiva, completamente a su merced y ya sin críticos (todos expulsados o dimitidos) votó a favor de renombrar la instalación, añadiendo su apellido.
“La junta directiva del Centro Kennedy votó hoy por unanimidad a favor de nombrar la institución como Centro Conmemorativo Donald J. Trump y John F. Kennedy para las Artes Escénicas”, declaró la responsable de relaciones instituciones, Roma Daravi, en un comunicado.
No le importó la mala imagen, ni tampoco la cuestionable base legal, porque el Kennedy Center no era simplemente un auditorio o un centro de exposiciones, sino la institución que el Congreso consagró, en 1964, al presidente demócrata. Washington tiene muchos memoriales históricos, como el de Lincoln, el de Jefferson, el obelisco de Washington y el Center es el del último líder asesinado.
Cambio de nombre y cierre temporal
Para estrenar el nuevo nombre, Trump forzó la organización ahí del sorteo de la FIFA para el próximo mundial de fútbol, con él como estrella especial, recibiendo un premio ad hoc de la paz que compensara no haber recibido el Nobel y con alguna de sus canciones favoritas sonando. Y horas después impuso su debut como presentador de la célebre y tradicional gala de Honors, para dar él mismo los galardones a los premiados de ese año: Sylvester Stallone, los cantantes Gloria Gaynor y George Strait, la banda de rock Kiss y el actor y cantante Michael Crawford.
Hoy, el presidente republicano ha dado un paso, uno drástico para una institución creada a principios de los años 70 y que sólo ha cerrado hasta la fecha durante la pandemia de Covid. Los números son muy malos y la única responsabilidad es del presidente. En octubre, The Washington Post, recopilando y analizó datos de venta de entradas, estimó que en los meses previos el 43% de las entradas para producciones regulares no se habían vendido. En comparación, en 2022, 2023 y 2024 sólo el 6%, el 20% y el 7% habían corrido la misma suerte. El análisis reveló que la caída afectaba a los tres principales recintos del centro, la Ópera, la Sala de Conciertos y el Teatro Eisenhower.
“Tras un año de revisión del Trump Kennedy Center, realizada con contratistas, expertos musicales, instituciones artísticas y otros asesores y consultores, para decidir entre la construcción con cierre y reapertura o una construcción parcial mientras se continúan las operaciones de entretenimiento durante un período mucho más largo, trabajando en las instalaciones y sus alrededores, he determinado que el Trump Kennedy Center, si se cierra temporalmente para su construcción, revitalización y reconstrucción completa, puede ser, sin lugar a dudas, el mejor centro de artes escénicas de su tipo en todo el mundo”, dice el mensaje completo del presidente.
“En otras palabras, si no cerramos, la calidad de la construcción no será tan buena como la de antes, y el tiempo de finalización, debido a las interrupciones causadas por el público de los numerosos eventos que utilizan las instalaciones, será mucho mayor. ¡El cierre temporal producirá un resultado mucho más rápido y de mayor calidad!
Caída de ingresos y cancelaciones
Pero no son sólo los ingresos y las donaciones. El principal problema es que decenas de artistas han cancelado sus actuaciones por la politización del centro y el «asalto» de Trump y sus aliados. Una prueba es que hace apenas cuatro semanas, el 6 de enero, el presidente celebró en su red social lo que consideraba un gran éxito de gestión, presumiendo de haber resucitado el Center en un año y prometiendo resultados aún más increíbles el que ciene. «(…) en el CENTRO TRUMP KENNEDY para el que he recaudado cientos de millones de dólares para convertirlo en el mejor Centro de Artes Escénicas del mundo. Hace un año estaba en un estado de colapso financiero y físico. ¡Esperen a verlo dentro de un año! Como nuestro propio país, resurgirá de las cenizas. ¡¡¡MAGIA!!!», escribió.
El 9 de enero de este año, la Ópera Nacional de Washington anunció su decisión de abandonar el Kennedy Center, su sede desde 1971, como respuesta a nuevas políticas que, según el grupo, son insostenibles. El mes pasado también, el compositor Philip Glass anunció que retiraba el estreno mundial de su Sinfonía n.º 15, llamada ‘Lincoln, que era un encargo de la Orquesta Sinfónica Nacional para su debutar en junio. «La Sinfonía n.º 15 es un retrato de Abraham Lincoln, y los valores del Kennedy Center actual entran en conflicto directo con el mensaje de la Sinfonía. Por lo tanto, me siento obligado a retirar este estreno bajo su actual dirección», le dijo Glass a la junta en una carta. El responsable ejecutivo ahora mismo es Richard Grenell, que es también el embajador especial del presidente para misiones especiales, como negociar con Nicolás Maduro, antes de su captura, la liberación de presos estadounidenses.
Casi al mismo tiempo, la célebre soprano y ganadora del Grammy Renée Fleming anunció que no participará en un concierto con James Gaffigan y la Orquesta Sinfónica Nacional en mayo, por un “problema de agenda” según la dirección. Pero el año pasando ya había renunciado a ser asesora artística después de la purga en la junta.
La lista es interminable. El que abrió la veda fue probablemente el productor de Hamilton, Jeffrey Seller, que en marzo anunció que el fenómeno musical de Broadway, que ha sido un éxito en todo el mundo, buscaría nueva ubicación en la capital, lamentando «un nuevo espíritu de partidismo». Las acciones del nuevo presidente de la junta directiva en las últimas semanas, dijo, “demuestran que simplemente no se puede confiar en los contratos ni en los acuerdos previos”. (ALH)
Tomado de El Mundo
