La telenovela cubana Ojo de agua irrumpe en la pantalla como un retrato de los retos y las oportunidades de las mujeres en la Cuba de hoy, pero también como un espacio donde confluyen conflictos familiares, tradiciones y transformaciones profundas. Su propio título remite, desde la geología, a ese punto donde el agua subterránea brota a la superficie, y desde la toponimia, a numerosos asentamientos cubanos que llevan ese nombre, como si la historia naciera, simbólicamente, de una raíz muy nuestra.

En ese universo campestre y humano se mueve Rubén, uno de los personajes más complejos de la trama, interpretado por el actor Alberto Corona, quien vuelve a ponerse bajo la dirección de Alberto Luberta Martínez.

A propósito del estreno de Ojo de agua por Cubavisión, los lunes, miércoles y viernes en el espacio de la novela cubana, el Portal de la Televisión Cubana conversó con el actor sobre su personaje, los retos de encarnarlo y los vínculos íntimos que lo conectan con esta propuesta audiovisual.

—¿Cómo visibilizas a Rubén desde tu posición de actor?

—Rubén es un hombre machista, víctima de ciertas costumbres y de una crianza bajo una cultura patriarcal y hegemónica. Partiendo de esa base, reacciona coherentemente con su herencia, algo que le traerá muchos conflictos y tristezas.

«Pero, en oposición, es una persona apasionada, un padre que se reinventa para entender a su hijo ya crecido. Es un hombre que ama con todos sus sentidos, muy trabajador, defensor y amante de la familia, a la cual protege con todas sus fuerzas».

—¿Cómo valoras la actitud de Rubén como hijo?

—Como hijo tiene sus particularidades, pero, como siempre diré, cuando es el amor lo que prevalece, sus conflictos y tormentos lo llevarán a crecer como ser humano. Su mayor problema, desde mi punto de vista, es él mismo, tal como sucede con muchísimos hombres de nuestra sociedad.

—¿Qué estrategias sigues con cada personaje para hacerlo único y lograr credibilidad?

—Cada personaje que tengo la suerte de interpretar lo recibo como un ser único e irrepetible. Trato de entenderlo, encontrar sus razones y su motor impulsor, sus intereses, lo que le gusta y lo que no. Me acerco a él con cuidado y respeto, desde la nobleza y la humildad más grandes, para sentirlo desde su esencia. De este modo, cada ser humano al que doy vida no se repite, aunque siempre van a tener un punto en común… yo, el actor, Alberto Corona.

—Por mucha experiencia acumulada en el oficio, siempre que se interpreta un personaje se asumen nuevos retos. ¿Cuáles asumiste con Rubén?

—Tuve varios retos a la hora de asumirlo. Por ejemplo, el personaje es mayor que yo; tuve que subir un poco de peso y caracterizarlo teniendo en cuenta que es un hombre con mucha más experiencia que yo. Y aunque me crié en el campo, en Bejucal, sus costumbres distan mucho de mi realidad.

—¿Qué tácticas seguiste para conocer a profundidad la personalidad de Rubén, el campesino?

—Estas diferencias entre lo personal y el personaje me llevaron a entrevistar a varios campesinos, para conocer sus mayores intereses y los problemas a los que se enfrentan. Las investigaciones me ofrecieron una apreciación específica de este grupo de personas, el campesinado. Pude constatar que la mayoría son muy trabajadores y responsables. Por suerte, la vida en el campo me gusta y disfruto mucho cómo un árbol da sus frutos.

—Los personajes se asumen como parte del oficio de los artistas, aunque en la mayoría de los casos existen rasgos que seducen más que otros. ¿Qué te atrapó de Rubén?

—Una de las cosas que más me sedujo de Rubén es que, a pesar de sus complejos, tabúes y prejuicios, es un hombre que aprende. Personalmente eso lo intento hacer en este viaje de vida. Constantemente estoy en busca de la felicidad. A medida que vivo aprendo y crezco con un objetivo claro: ¡ser mejor persona!.

—¿Con la interpretación del personaje de Rubén quedaste totalmente satisfecho?

—Como actor siempre me queda el deseo de mejorar escenas, momentos del personaje que te dejan alguna inconformidad, sobre todo producto de las condiciones con las cuales se hacen las telenovelas en Cuba, que muchas veces entorpecen y obstaculizan en gran medida la creación artística.

 —¿Cómo llegas a esta novela?

—Luberta me llamó y me ofreció un personaje en principio. En ese momento me coincidía la grabación con varias giras internacionales que tenía con mi compañía de teatro Kilómetro Cero. No obstante, leí los primeros capítulos y cuando terminé lo llamé y le dije: ‘Luberta, el personaje me gusta y trabajar contigo para mí es prioridad, pero me voy de gira para Polonia, España y México; aun así, lo dejo todo si me das la oportunidad de darle vida a Rubén’. Él se quedó pensando y me dijo: ‘Dame unos días y te contesto’. Se demoró, y gracias a la demora pude irme de gira; cuando regresé, me llamó y me dijo: ‘Rubén es tuyo’

—¿Cuánto hay de ti en Rubén?

—En realidad hay mucho de mí en Rubén y mucho de Rubén en mí; nuestras biografías se entrelazan en muchos aspectos. Me gusta ponerle signo zodiacal a los personajes: Rubén es Aries, como yo. Es, en ocasiones, ingenuo, impulsivo y testarudo, así soy yo. Pero también es tierno, cariñoso, noble y muy trabajador. Son algunas de sus características que coinciden con mi personalidad, en mayor o menor medida.

 —Has trabajado bajo la égida de Alberto Luberta en varias novelas. ¿Qué representa para ti, como actor, volver a actuar con este director?

—Con Alberto Luberta siempre voy a querer trabajar. Le debo mucho, casi toda mi carrera en la televisión. Esta es mi tercera novela y mi segundo protagónico bajo su dirección, de lo cual estoy complacido, pues Luberta tiene una capacidad tremenda para guiarme y, a la vez, darme seguridad y libertad a la hora de crear.

«Más allá de ser mi director, siento que es mi amigo. Es muy inteligente y un artista tremendo en todos los sentidos».

—¿Qué mensaje quieres transmitir a los televidentes con este personaje?

—Lo que más quiero con esta propuesta y, en particular, con mi personaje, es hacer pensar, sobre todo a las personas que estamos permeadas —y me incluyo— por una crianza patriarcal y machista. Que vean los prejuicios y tabúes preconcebidos y aprendidos de otras personas como la vía hacia la infelicidad.

 —El recién desaparecido Raúl Enrique Zerquera, quien forma parte de la novela, fue un artista de elevada calidad actoral. ¿Cuánto representó para ti como actor?

—Para mí Raúl Enrique fue una persona muy especial. Era Aries como yo. Conversamos mucho y me contó varias historias relacionadas con nuestro trabajo. Tuvimos muy buena química desde que nos conocimos en el rodaje.

«Me hablaba de lo necesario que es la humildad y la nobleza en nuestra profesión, de lo importante que es tener bien claro lo que desea el director de una novela y devolvérselo creativamente, de lo difícil que es hacer televisión en estos tiempos.

«Me decía que antes las personas tenían más sentido de pertenencia con la obra, por menor que fuera la implicación. Aseguraba también, como resultado de su experiencia, que en algunos artistas reinaban el desinterés, la desidia y la apatía, contra lo cual debíamos combatir, pero que nosotros, los artistas, nos salvábamos porque nuestro mundo creativo nos obligaba a ser los arquitectos de nuestro universo».

La telenovela cubana Ojo de agua comenzó hace poco tiempo, pero ya despierta interés no solo por la temática que aborda —los retos y oportunidades de las mujeres en la Cuba de hoy—, sino también por la solidez de su elenco. Entre sus interpretaciones más comentadas se encuentra la de Alberto Corona, quien construye a Rubén desde una complejidad humana que trasciende los estereotipos y revela las grietas, contradicciones y aprendizajes de un hombre marcado por la cultura patriarcal.

Con una actuación contenida, sensible y a la vez poderosa, Corona logra que Rubén no sea un simple antagonista de las transformaciones femeninas, sino un reflejo de muchos hombres que, aun cargando prejuicios y rigideces, se ven obligados a mirarse por dentro y cambiar.

Ojo de agua encuentra así en Alberto Corona uno de sus pilares interpretativos, un actor capaz de sostener con rigor, entrega y honestidad un personaje que interpela, incomoda y, al mismo tiempo, invita a pensar.

María Regla Figueroa Evans/TVCubana

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