Varios filmes latinoamericanos abordan en sus producciones la temática de la tercera edad con excelente factura.
La tercera edad, un desafío para el audiovisual contemporáneo
El tiempo paraliza la mirada. Su voz, criterios y valores en ocasiones no cuentan. Unos viven en condición de vulnerabilidad, mientras otros disfrutan a plenitud cada día. Excluidos en su propio mundo, las personas de la tercera edad enfrentan una etapa que, es más que un guion de telenovelas. En el día a día lloran y ríen de verdad. Las nostalgias embargan y laceran. Algunas historias parecen retratos de libros de ciencia ficción o quizás de terror, pero cada una nos muestra su drama; su esencia. La estética narrativa de la tercera edad en la cultura audiovisual contemporánea se encuentra en un período de transformación y evolución.
El almanaque carece de fecha de caducidad y con ello la capacidad de existir a plenitud. Sobrepasar los sesenta años o jubilarse en el ámbito laboral, no implica el colapso de la existencia; es cuando ésta, apenas inicia. Un fenómeno taciturno transforma los conceptos del escenario demográfico mundial y estimula la creación entre imágenes y sonidos. Mientras aumenta la esperanza de vida y disminuye la tasa de fecundidad -según refiere la Organización Mundial de la Salud (OMS)- incrementa el grupo poblacional de los adultos mayores. Ello implica una metamorfosis en lo socioeconómico y un reto para quienes producen contenidos audiovisuales multimediáticos.
“El envejecimiento es un proceso multidimensional y su significado es influido por determinantes ligados al contexto sociocultural, histórico, económico y político, siendo los roles sociales de las personas mayores asociados a vivencias de discriminación en las que no se valora su aporte a la sociedad” (OMS, 1993).
La estetización del mundo en el panorama audiovisual transita más allá del concepto transversal, de lo que puede o no ser estético, para escritores-realizadores y el público. El fenómeno comparte la tendencia de transformar y presentar la realidad a través de un enfoque estético donde la forma, la imagen y la experiencia visual adquieren una importancia central en nuestra percepción. Resulta evidente que en medio del contexto en que se desarrolla la comunicación impera la necesidad de apoyar, cuidar y ponderar el protagonismo de las personas de la tercera edad. Se trata de estimular las emociones, pues el público busca momentos visualmente impactantes o que le generen sensaciones estéticas intensas.
Adulto mayor: la estética en la cultura audiovisual
Fomentar la autoestima, la memoria, la expresión personal, la socialización y el bienestar emocional constituye un desafío para los productos audiovisuales que circulan en medios tradicionales y digitales. Se trata, además, de “estetificar” el imperio de las imágenes y los sonidos con un efecto inclusivo, educativo y formativo. A la vez resulta necesario evadir aquellos aspectos que promueven el odio, los secretos íntimos de la pareja o la complacencia en el horror.
Actualmente las industrias de la subjetividad trazan estrategias para perpetuar el entretenimiento a toda costa, sin analizar el entorno donde todos nos adentramos. El valor estético del audiovisual adquiere un carácter comercial, mientras pierde -en mucho de los casos- el sentido de la belleza. Varias corporaciones introducen alianzas entre economía y cultura para promover la diversión, la información y el ocio. Hoy día, la tiranía de lo bello invade la creación de contenidos audiovisuales y como resultado del abuso de cánones establecidos crea afecciones psicológicas sin límites. ¿Qué mujer, pasada de los 70 años, es protagonista de un comercial o de publicidad?

Los cuerpos esbeltos, jóvenes y “casi perfectos” abundan en películas, telenovelas, series, y demás creaciones. El envejecimiento demográfico, en su mayoría se aborda desde de papeles secundarios para ejemplificar un segundo plano de la vida. Tristemente ante la crítica resurgen elementos de crisis como los mencionados. Algunos argumentos marcan la tendencia de la superficialidad de las relaciones humanas, donde se prioriza lo visual sobre lo sustantivo.
Todo esto también es influenciado por un mecanismo mercantil ante el crecimiento de consumo, en un grupo mayoritariamente joven. ¿Quiénes consumen más materiales audiovisuales, los jóvenes o los adultos mayores? No se trata de que las personas de la tercera edad dejan de asimilar las producciones visuales y sonoras, sino que median otros intereses y experimentan emociones que no encuentran, en ocasiones, en la pantalla.
¿Al llegar a esta etapa terminan o mueren los deseos? Hablamos de los deseos de amar, ser feliz, disfrutar, crecer en lo sentimental o conocer nuevos parajes. Evidentemente, no. Quizás, quienes escriben o producen arte desde lo audiovisual obvian la carga sentimental y emocional de estos relatos.
Nuevos tiempos, públicos diversos, narrativas más atractivas
El proceso de estetización en las narrativas de la tercera edad dentro de la creación videográfica contemporánea es un asunto fascinante y complejo. El tema involucra varias dimensiones, entre ellas la representación, la estética y la percepción social de las personas mayores. Es decir, existe un diálogo entre el qué, el cómo y su impacto en las audiencias.
En el panorama audiovisual, la estética, implica representar las crónicas y a sus personajes. Resulta clave llevar a la pantalla los valores, la exposición de efectos sensibles, emociones y símbolos que los distingue como seres humanos y no como autómatas. Las narrativas asociadas a los ancianos evolucionan en el decursar del tiempo. Ello exige el cambio de conductas en las formas de construir mensajes para este grupo etario.
No basta con representar a los ancianos como sujetos débiles, dependientes, frágiles o incapacitados cuando en realidad aportan, edifican valores y son activos profesionalmente en la formación de nuevas generaciones. En el paisaje comunicacional cubano existen deudas palpables en relación al tema en estudio.
Lo que se cuenta desde lo audiovisual todavía carece de matices, roles afectivos y emocionales. Por ejemplo, para lograr ambientes y estimular la estética visual en audiovisual actual resulta esencial el empleo de escalas cromáticas, luces, la elección musical o efectos sonoros y los planos. Los primeros planos o planos detalles humanizan a las personas mayores y muestran sus emociones. En ocasiones, hasta la marca de una cicatriz en el cuerpo de un anciano nos lleva a una aventura por descubrir. Se trata de escuchar sus voces y valorar cada detalle.
Esto también puede incluir el uso de técnicas narrativas innovadoras, como el uso de flashbacks con salto en el tiempo para explicar dichas anécdotas. Otro elemento poderoso es el empleo de la música, la cual evoca nostalgia o alegrías, dependiendo siempre del enfoque.
La estetización de las narrativas de la tercera edad no solo tiene un impacto estético, sino también social. Al presentar a los ancianos de manera más positiva y dinámica, se puede contribuir a una mayor aceptación y comprensión de las realidades de la vejez; realidades ocultas, poco analizadas y contadas.
Varias obras en cine y televisión abordan la vejez desde una perspectiva estética renovada y exploran la realidad de personas mayores con un enfoque más humano y menos sensacionalista. El proceso de estetización en realidad transforma la percepción social sobre los ancianos y su lugar en la cultura. A medida que estas representaciones son más diversas y complejas, se abre un espacio para una mayor empatía y comprensión hacia cada experiencia.
Historias del adulto mayor ¿Tema pendiente?
Ahora bien, es cierto que los tiempos actuales generan nuevas formas de proyectarse ante el mundo que nos rodea. El audiovisual migra a nuevas plataformas porque la internet y las redes sociales atizan las maneras de construir y consumir dichos materiales. El fenómeno gana adeptos en la comunidad de ancianos y cada vez más, personas mayores utilizan plataformas como Instagram, TikTok o YouTube para compartir sus prácticas, experiencias y talentos.
Esta necesidad de extroversión, ese latir de visibilizar y exponer lo íntimo entra en contradicción con el propio concepto de “intimidad”. Aquello que en su momento creíamos necesario mantener oculto, hoy gana notoriedad como un secreto al viento. Personajes como los influencers adquieren reconocimiento gracias a esta condición y en sus videos narran cada vivencia personal.
Varias cuentas en redes sociales conquistan la popularidad al mostrar que la vida no termina pasado los 60 o 70 años. A través del humor, la moda y el arte, personas de la tercera edad encuentran la forma de conducir esta etapa del envejecimiento y los placeres del ser humano.
Un ejemplo curioso resulta la norteamericana Helen Ruth Elam, fallecida recientemente. La nonagenaria mujer era toda una personalidad en Internet y aún es considerada por muchos como “la abuela más cool”. La anciana, con 97 años de edad, tenía millones de seguidores en Instagram gracias a sus videos y fotografías con despampanantes vestuarios, una declaración directa de desaprobación a la industria de la belleza y a las falsas limitaciones que impone a las personas, y especialmente a las mujeres.
Las redes sociales fomentan una cultura visual en la que las imágenes son fundamentales para la comunicación y las relaciones. Lo cierto es que ya no nos sorprende el hecho de que las personas se preocupen más por el cómo se ven y cómo proyectan sus vidas, que por el significado que median esas imágenes. El avance de las tecnologías y la digitalización impulsan una democratización y masividad de la estética, donde cualquier persona puede crear y compartir contenido visual que se erige sobre lo textual.
En fin, el fenómeno de la estetización en las narrativas de la tercera edad se manifiesta a través de diversas técnicas visuales, ensayos y representaciones positivas que desafían los estereotipos tradicionales. Estas obras ofrecen un retrato más matizado de las vidas de las personas mayores y respaldan un cambio cultural hacia una mayor aceptación y comprensión del envejecimiento como una etapa valiosa y significativa de la vida. Ante lo expuesto no cabe dudas, que su voz, criterios y valores cuentan.
