El olor a comino perfuma el lu­gar. Sin pedir permiso se cuela por las fosas nasa­les, y se acomoda ahí para traer de vuelta los sabores de potaje negro y congrí que recuerdan la cocina fa­miliar, la casa, el hogar.

Tan diminuto pero escandalo­so, pienso al llegar al centro mismo de la nave, donde envasan la espe­cia, comprueban su peso y sellan el plástico. “Es comino importado”, asegura Moraima Salgado, jefa de brigada en la unidad empresarial de base (UEB) de Conservas y Vegeta­les Planta Libertad, en el matancero municipio de Colón.

Esa línea productiva rompió de golpe y porrazo mi imaginario de encontrar latas por todos lados. Qué raro, me dije, mientras decenas de potes con el sazonador eran cuida­dosamente colocados en una caja, y luego al almacén.

La escena se repite en lo cotidia­no de la fábrica. “Como ahora esta­mos en apagón pasamos a la varian­te de empaquetamiento de comino, laurel, de sal o al llenado de los pomos con vinagre, actividades no dependientes de la electricidad”, de­talla el jefe de Aseguramiento Iván Guadarrama León.

“Trabajamos de día, de noche… Si a las dos de la madrugada ponen la corriente, a esa hora sale un ca­rro al centro de Colón a buscar a los trabajadores de esa zona, la mayoría mujeres; y los del batey, nada más ven encenderse las luces vienen por su cuenta. Es la única manera de sa­lir adelante. No se puede parar…”.

“¿Parar? Ya perdimos bastante tiempo cuando el año pasado estu­vo la industria cerrada seis meses”, recuerda Moraima Salgado. “Nadie quiere volver a estar interrupto. Qué va”.

El renacimiento

En la UEB Planta Libertad hay una máxima. Con luz o sin ella, con pe­tróleo o sin una gota, “todos los días tenemos que salir a buscar la pro­ducción”, asegura el director Rolan­do Domínguez Herrera. “La enti­dad que no sea capaz de subsistir, de encontrar alternativas, incluso con medios propios, está condenada al fracaso”, dice convencido.

Como en esa madrugada, inmediatamente al llegar la electricidad, Planta Libertad moviliza a sus trabajadores. Foto: Cortesía Planta Libertad.

Y es cierto. La propia industria arrastra las consecuencias de la an­terior gestión administrativa, de pér­didas económicas por unos 45 millo­nes de pesos, ahora disminuida a 19 millones, un salto conseguido de no­viembre a esta fecha, y atribuido al liderazgo de Domínguez en el cargo de director desde octubre del 2025.

Es la segunda temporada en esa función de Rolandito, como cariño­samente lo llaman. Directivos na­cionales, conocedores de su valía, repararon en él, lo convencieron y lo trajeron de vuelta. Quizás por eso ya Planta Libertad no se cocina en su propia salsa.

“Para nuestra suerte, él aceptó. De nuevo estamos en la pelea”, reco­noce el jefe de Producción Irenaldo Torriente Fernández. “¿Desafíos?: fabricar y vender, como los módulos con comino, sal, vinagre y sopa de tomate comercializados, por ejem­plo, en comunidades colindantes”.

Lo bueno de verdad está por ve­nir, sonríe Rolandito. “A pesar de las dificultades, la zafra del tomate por comenzar nos pondría en condicio­nes de eliminar las pérdidas econó­micas, e ir poco a poco saldando los pagos a los productores…”.

Conseguirlo depende de la exhaustiva reparación realizada. “Nos hemos jugado todas las car­tas para que cuando arranquemos no haya pausas por roturas”, consi­dera y coloca una mano encima del hombro del mecánico Miguel Cano. “Es el corazón de la planta, sin él no hubiera sido exitoso el mantenimiento”, y señala hacia su izquierda, donde Aloysis Miranda y su brigada verifican el montaje de la pieza lla­mada reductor. “Dile algo a la perio­dista”, le sugiere el director.

“La fábrica es de 1942, con tec­nología obsoleta, pero estamos acos­tumbrados a innovar. Las tres líneas de vapor no fallarán”.

En eso confía María Isabel Go­yes, jefa de grupo de Capital Huma­no. “Cumplir y obtener más ingresos que gastos nos ubicará en el cami­no de superar los 2 mil 660 pesos de salario medio, con la aplicación del Decreto 138, al permitirnos el di­seño de nuestra propia escala sala­rial, evaluar y clasificar los puestos de trabajo, determinar el monto por cargo y establecer sistemas de pago adicional y por rendimiento”.

Entrar al mundo de las divisas

El encargo estatal de Planta Liber­tad es la elaboración de pulpa de frutas, que luego suministran a la industria La Estancia, en Jagüey Grande, donde fabrican la compota destinada a los niños. “Ahí no pode­mos equivocarnos. Hay que cumplir porque sí”, remarca Rolandito.

Sin embargo, las posibilidades de incrementar el patrimonio finan­ciero están en la zafra del tomate, en la que estiman procesar de mil 500 a mil 800 toneladas para la elabora­ción de vitanova, del tomate al 20 % dulce, concentrado, dos de sus pro­ducciones principales, a las que se une la mermelada simple.

“Eso nos permitiría exportar. No queda otra opción que la entrada al mundo de las divisas. Cerquita está Varadero, un destino turístico nece­sitado de lo que aquí producimos. El enredo lo tenemos con las latas de un galón. Son muy caras… Se consi­guen, pero con moneda dura. Si no la generamos, será difícil adquirirlas…

“Nos anima la certeza de ser esta una planta vieja con productos buenos… Claro, nos queda resolver problemas técnicos, de personal. Se fue gente conocedora, algunas han ido regresando…”.

Uno de ellos es el joven ingeniero en Informática Yadriel Hernández, jefe de Ventas. Estuvo fuera un año. “El cambio es total, la calidad de los productos, el ambiente. Es como en un equipo de pelota, cada cual en su posición, y las señas las da el direc­tor… Aquí hay futuro”.

Sembrar con todos y para todos

Rolandito es un convencido de que la productividad se gana solo si los trabajadores son atendidos de verdad. “Aquí garantizamos dos merien­das y el almuerzo. Si falta el pan, la vianda lo sustituye. Los precios los hemos manejado para que el come­dor no caiga en pérdidas”.

Una variante, explica, es vender en ferias croquetas elaboradas por el personal del área de servicios, lo que animó a la UEB a la probable puesta en marcha de un centro de elabora­ción.

Sin embargo, nada evidencia mejor los nuevos aires de Planta Li­bertad que las hortalizas sembradas en el extenso terreno que les perte­nece. “Con agua y tierra de la buena no podíamos desaprovechar la opor­tunidad de desarrollar el autocon­sumo, para nosotros, la comunidad, la circunscripción y para la casa de niños sin amparo familiar que aten­demos”, enfatizó el directivo.

Para Tamara Carvajal, presi­denta de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Colón, “solo un cuadro efectivo logra eliminar tra­bas y avanzar en tan corto tiempo”, una opinión compartida por el in­tendente Michel León. “A pesar de estar lejos de lo deseado, el cambio es visible… Con sus estrategias de encadenamiento estamos seguros de que aportará mucho más al territo­rio; esas experiencias son las que de­bemos generalizar”.

De eso no tiene dudas Marielis Gó­mez, secretaria general del Sindicato Provincial de Trabajadores de la Industria Alimentaria y la Pesca. “Como mismo renace la planta, lo harán también la sección sindical de base y el comité de innovadores y racionalizadores. Es hora, también, de premiar a muchos aquí con el sistema de estímu­los y condecoraciones. Lo merecen”.

Es verdad, admite Rolandito. “Si de algo podemos presumir es del personal. Es nuestra mayor virtud”. El elogio lo reciprocan empleadas agradecidas como Lázara Teresa Noroña Ramos. “Llevo 36 años en este centro. Fue triste verlo cerrado por seis meses. No tiene precio volver al puesto que amas y que florece”.

Dicen que Rolandito le saca el jugo a lo que toca. No es el rey Mi­das. Es solo un empresario, quizás demasiado osado para algunos, eso sí, sapiente, recio y tierno para su tropa, valores que ojalá no cambien, para que Planta Libertad conserve el mismo sabor de estos días. Una UEB que encendió sus propias lu­ces, para iluminarse e iluminar.

Foto: Noryis

Juanita Perdomo/ Trabajadores 

 

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