Cada 20 de octubre, el mundo conmemora el Día Mundial de la Osteoporosis, una iniciativa impulsada desde 1996 por la International Osteoporosis Foundation (IOF) con el respaldo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Su propósito no es otro que sacudir la indiferencia frente a una enfermedad que avanza sin hacer ruido, pero que deja a su paso fracturas, discapacidad y muerte. La campaña, que cada año adopta un lema distinto para concentrar la atención en aspectos como la prevención, el diagnóstico temprano o el impacto de las fracturas vertebrales, busca sensibilizar a la población y a los decisores políticos sobre una realidad incómoda: la osteoporosis es mucho más barata de prevenir que de tratar. Y en un país como Cuba, que envejece a pasos agigantados, ignorarla sería un lujo que no podemos permitirnos.
La definición científica es bastante precisa. La OMS la describe como una afección caracterizada por una baja masa ósea y un deterioro de la microarquitectura del tejido óseo, que conduce a un aumento de la fragilidad del hueso y, consecuentemente, a un mayor riesgo de fracturas. El hueso se vuelve poroso, delgado, quebradizo. Resiste menos ante los golpes y se rompe con mayor facilidad.
Por eso se le llama la “epidemia silenciosa”: no duele, no avisa, no da síntomas hasta que el hueso se quiebra. Y cuando eso ocurre, la vida del paciente ya ha cambiado para siempre.
Como señalan los especialistas de la Unidad de Reumatología del Hospital Universitario La Fe, de Valencia, en el texto “Enfermedades reumáticas”, se trata de un proceso metabólico óseo frecuente, sistémico, que provoca aumento de la fragilidad ósea y tendencia al incremento del riesgo de fracturas.
Las causas son múltiples y se entrelazan. En las mujeres, la disminución de los niveles de estrógenos en la menopausia es el factor desencadenante más importante; en los hombres, la caída de la testosterona. Pero a ello se suman la edad, la genética, una dieta pobre en calcio y vitamina D, el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y café, y el uso prolongado de fármacos como los glucocorticoides.
El proceso es implacable: hasta los 30 o 35 años, el organismo construye más hueso del que pierde; después, la balanza se invierte y la destrucción supera a la formación. Si no se actúa a tiempo, el esqueleto se convierte en una estructura frágil, expuesta a fracturas ante el más mínimo traumatismo.
Los números son una muestra clara del estado mundial. La OMS estima que unos 300 millones de personas padecen osteoporosis en el mundo. Una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirán una fractura osteoporótica a lo largo de su vida. Las fracturas de cadera, en particular, son devastadoras, ya que causan alrededor del 30 por ciento de mortalidad en el primer año y más de la mitad de quienes las sufren pierden su independencia. Cada año, las fracturas osteoporóticas provocan la pérdida de 5,8 millones de años de vida saludable por discapacidad y disminución de la supervivencia. El costo sanitario es enorme, pero el costo humano es incalculable.
En Cuba, el panorama no es ajeno a esta realidad. El envejecimiento poblacional es uno de los fenómenos demográficos más acuciantes del país. En 2021, el 21,6 por ciento de la población era adulta mayor; en 2022, el 21,3 por ciento. La esperanza de vida alcanza los 77 años para los hombres y los 80 para las mujeres, y se estima que el 18 por ciento de los casi 12 millones de cubanos tiene 60 años o más.
Con ese escenario, la osteoporosis se convierte en un problema de salud pública de primer orden, tal como lo confirman los especialistas del Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) y del Centro de Enfermedades Reumáticas.
Un estudio publicado en 2023 por investigadores de ambas instituciones, encabezado por Carmen Adela Brito Portuondo, analizó a 91 pacientes con osteoporosis diagnosticada por densitometría ósea. Los resultados son elocuentes: el 82,42 por ciento eran mujeres; el grupo de edad más afectado fue el de 53 a 62 años (39,56 por ciento); la hipertensión arterial figuró como antecedente personal en el 34,07 por ciento; la columna lumbar fue la región más afectada (54,95 por ciento); y el hábito de fumar se identificó como factor de riesgo en el 18,68 por ciento de los casos. La edad media de inicio de la menopausia fue de 46,12 años.
Son cifras que confirman los patrones internacionales y que deberían encender las alarmas en la atención primaria de salud.
El diagnóstico precoz es la clave. Pero ninguna herramienta sustituye la prevención. Y aquí está el núcleo del debate. La osteoporosis es mucho más eficaz y eficiente prevenirla que tratar las fracturas.
La prevención primaria debe comenzar en la infancia, con una dieta sana, un aporte adecuado de calcio y vitamina D, y ejercicio físico sistemático. La prevención secundaria busca detectar y modificar los factores que aceleran la pérdida de masa ósea en el adulto. La prevención terciaria, en el adulto mayor con osteoporosis, se centra en evitar las fracturas mediante tratamiento específico, educación nutricional, ejercicio adaptado y enseñanza de cómo evitar las caídas.
Cuba tiene fortalezas para enfrentar este desafío. El mestizaje, el clima tropical, el alto nivel educacional y un sistema de salud basado en el médico y la enfermera de la familia. Pero también tiene debilidades, entres las que destacan hábitos nutricionales pobres en calcio, escasez de densitómetros y una cultura que aún no interioriza que la osteoporosis no es solo cosa de viejos.
Los autores del estudio del CIMEQ lo advierten. Es necesario preparar a los estudiantes de Medicina como promotores de salud, aprovechando la educación en el trabajo y los cursos optativos, para que desde la comunidad se lleve a cabo un proceso de transformación que mejore la salud de sus integrantes.
La osteoporosis no duele hasta que rompe. Y cuando rompe, el daño está hecho. Por eso, este 20 de octubre, Día Mundial de la Osteoporosis, la invitación no es a la conmemoración pasiva, sino a la acción consciente. Hablemos de huesos, de calcio, de ejercicio, de menopausia, de prevención. Rompamos el silencio de la epidemia silenciosa.
Foto: Tomada de Infomed Cienfuegos
