Hay historias que parecen una sola vida y, sin embargo, contienen muchas vidas dentro. La de Yanet Carmona Denis es una de ellas: una historia de vocación, de familia, de aulas y pasillos hospitalarios, de pacientes que dejan huellas y de generaciones que encuentran en la docencia una manera de continuar el camino.

En este Mes de la Ciencia, espacio coordinado por el Comité Académico y el Departamento de Docencia e Investigación de nuestra institución, nos acercamos a su historia para reconocer también el valor de quienes han hecho de la ciencia, la investigación, la asistencia y la formación de nuevos profesionales una parte esencial de su vida en el Hospital Faustino Pérez.

Yanet egresó de Ciencias Médicas en 2001, se formó como especialista en Medicina General Integral en 2005 y alcanzó la especialidad de Medicina Interna en 2008. Toda su trayectoria profesional está ligada a esta institución. Aquí transcurrieron sus años como estudiante y aquí, con el paso del tiempo, sus pasos se convirtieron en huellas para otros. Hoy continúa formando generaciones, acompañando a sus alumnos y ejerciendo una profesión que eligió desde muy temprano.

«Siempre quise Medicina», cuenta. En sus recuerdos aparece la figura de su padre, Guillermo Carmona, médico e internista, a quien acompañaba desde niña durante sus visitas a los pacientes. Aquellas experiencias fueron sembrando una pasión que con los años encontraría su propia voz.

Cuando llegó el momento de escoger una especialidad, eligió Medicina Interna porque, como ella misma explica, «es una especialidad integradora, te permite abordar al enfermo de manera integral». En esas palabras también se descubre una manera de entender la medicina: mirar al paciente en toda su dimensión, escuchar, observar, relacionar cada signo y cada historia, y acompañar el proceso con conocimiento y sensibilidad.

La vida familiar también ha crecido alrededor de esa vocación. Su hijo es físico nuclear, mientras su hija terminó la secundaria y continúa su formación en el politécnico de Gaviota. Quizás en esas elecciones también exista una pequeña continuidad de aquella niña que comenzó a descubrir la ciencia mientras caminaba junto a su padre.

¿La docencia o la clínica? Yanet sonríe ante una pregunta que parece difícil de responder.

«Me es difícil elegir. Disfruto ambas. La clínica me apasiona y los alumnos son parte de mi razón de ser».

Así transcurre su vida profesional: entre la responsabilidad de atender y el privilegio de enseñar, entre la experiencia acumulada y la mirada joven de quienes comienzan. Cada estudiante que aprende junto a ella se convierte, de alguna manera, en una nueva página de esta historia.

Yanet es Leo, nació en Valle Elena y a los 14 años se mudó a Ceiba Mocha. Quizás por eso, cuando habla de su camino, aparecen también los lugares, las personas y aquellos pequeños momentos que terminan formando una identidad.

Hoy, mientras el Faustino celebra la ciencia, la investigación y el conocimiento compartido, su historia nos recuerda que la ciencia también tiene rostro, memoria y sentimientos. Tiene maestros que enseñan desde la experiencia, médicos que todavía sienten pasión por la clínica y profesionales que convierten cada jornada en una oportunidad para cuidar y formar.

Y entre tantas páginas escritas en los años del Faustino, permanece una frase que podría resumir toda su trayectoria:

«Yo amo ser médico».

Yanet lo dice desde la experiencia de quien encontró en la Medicina una vocación, en la Medicina Interna una forma de comprender al ser humano y en este hospital una casa profesional donde todavía, cada día, continúa dejando su huella.

Tomado del perfil en Facebook del Hospital Faustino Pérez

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