Mi padre tomó esta foto de mi madre y yo en junio de 2026, días antes de que a mi madre le diagnosticaran demencia en etapa temprana, probablemente Alzheimer.
Siempre esperé dolor y devastación para las familias después de este diagnóstico. Los medicamentos disponibles en Estados Unidos no detienen, y mucho menos revierten, el avance de esta enfermedad neurológica degenerativa.
Pero mi investigación este verano sobre NeuralCIM —un medicamento cubano comercializado a principios de este año— me ha dejado con esperanza. Viajo a Cuba el 15 de septiembre y volveré con una dosis para 48 semanas para mi madre.
Los ensayos clínicos mostraron resultados prometedores en pacientes con demencia leve a moderada, sin efectos secundarios importantes. De los 174 participantes cubanos, el 30 % se estabilizó: sus síntomas no empeoraron después de 48 semanas. Eso ya supera lo que logran los medicamentos para el Alzheimer en EE. UU. Pero el 54 % mostró mejoras medibles que se mantuvieron en revisiones anuales sucesivas. Eso no tiene precedentes en la atención de la demencia en EE. UU.
Mi familia notó cambios en el pensamiento de mi madre mucho antes de su diagnóstico. Pero como la enfermedad no ha avanzado demasiado, los peores efectos todavía podrían evitarse.
Si se toma en cuenta que 600 000 estadounidenses quedan discapacitados por el Alzheimer cada año, resulta desalentador que tan poca gente conozca NeuralCIM. Pero un médico de Colorado —el Dr. Bill Blanchet— está orientando a sus pacientes con Alzheimer para que consigan este medicamento en Cuba. Su personal me contó que 85 pacientes de su consulta, Boulder Internal Medicine, ya lo han hecho. No están aceptando pacientes nuevos, pero sí me dieron orientación gratuita sobre cómo acceder a NeuralCIM directamente en la Clínica La Pradera de Cuba, que atiende a pacientes internacionales. En entrevistas, el Dr. Blanchet describe su colaboración con médicos cubanos, cómo ha visto mejorar drásticamente a sus pacientes, y por qué sus colegas de la comunidad médica deberían prestarle atención.
¿Por qué no se promueven ampliamente avances como NeuralCIM en Estados Unidos? ¿Por qué las instituciones médicas de EE. UU. no realizan ya sus propios ensayos clínicos, avanzando lo más rápido posible para poner este tratamiento al alcance de los millones de familias que hoy sufren esta enfermedad?
Parte del problema es la geopolítica. El gobierno de Estados Unidos está empeñado en hacer cumplir un bloqueo brutal contra Cuba. Esa política comenzó en 1960, tras la Revolución cubana, que, desde la óptica de Washington, convirtió a la isla en un adversario geopolítico. En enero de 2026, Trump cortó el flujo de petróleo hacia este país dependiente de las importaciones, lo que desató la peor crisis humanitaria que Cuba ha sufrido desde antes de su Revolución.
Cuba carece ahora de suficiente petróleo para los servicios básicos. El país sufre apagones rotativos en medio de un calor sofocante. La gente no puede hacer funcionar refrigeradores, ventiladores ni cocinas. Ya no pueden costear productos básicos. El transporte público está paralizado. Aunque el sector de la salud recibe prioridad en el reparto de la escasa electricidad disponible, ni siquiera los hospitales logran mantener siempre las luces encendidas. Ante la escasez generalizada, se están posponiendo cirugías.
Los intereses corporativos arraigados son otro obstáculo para la distribución de NeuralCIM en EE. UU. Las firmas de capital privado con sede en Estados Unidos tienen fuertes inversiones en la industria multimillonaria del cuidado de la demencia. Cooperar con Cuba para que la población estadounidense acceda a medicamentos que revierten el Alzheimer beneficiaría, al mismo tiempo, a la economía cubana, mientras reduciría las ganancias de estas firmas. Así que, en cambio, la política de EE. UU. inflige un sufrimiento innecesario a ambas poblaciones.
Esta brutalidad escandalosa se inscribe en un orden global más amplio de crueldad organizada. Lo comprobé cuando visité Irak en 1999, en una delegación de paz. Tenía apenas 18 años. En ese momento, Estados Unidos asfixiaba a Irak con sanciones diseñadas para provocar desnutrición y enfermedad entre los más vulnerables. Los cuerpos demacrados de los niños hambrientos que vi en las salas del hospital revelaron la verdadera esencia de las sanciones estadounidenses. Desde entonces he sido activista contra la guerra económica de EE. UU., pero nunca pensé que el bienestar de mi propia madre dependería de la generosidad y la hospitalidad de la misma nación que mi gobierno intentaba destruir.
Después de años de administraciones estadounidenses sucesivas que han proporcionado armas y cobertura política para la matanza masiva de palestinos por parte de Israel, hoy resulta innegable que las élites de ambos partidos políticos han normalizado el genocidio como forma de resolver un conflicto político. Cambiar de rumbo exige una ruptura política que obligue a las instituciones de EE. UU. a transformar radicalmente sus prioridades.
El éxito significaría lo siguiente: las organizaciones de salud de EE. UU. licenciarían la tecnología de NeuralCIM y realizarían aquí ensayos clínicos acelerados. Las personas con Alzheimer en EE. UU. podrían obtener recetas asequibles de sus propios médicos, sin tener que viajar miles de kilómetros. La economía de Cuba se estabilizaría, y su sistema médico se fortalecería.
En contraste con el modelo de salud de EE. UU., los valores socialistas que sostienen el sistema cubano buscan ante todo que la población esté más sana, no enriquecer a una pequeña minoría. Desmantelar la dominación imperial de EE. UU. abriría caminos para que estos valores humanistas también se adoptaran aquí.
Gracias al ingenio cubano, tengo esperanza para mi madre. Mientras los funcionarios de Aduanas de EE. UU. no me detengan, confío en que mi madre estará bien.
Por ahora, guardo mi dolor, mi devastación y mi solidaridad para el pueblo de Cuba, que está siendo sometido a horrores inimaginables por parte de nuestro gobierno, en represalia por haber defendido su revolución.
Como un pequeño gesto de solidaridad, estoy llenando mis maletas de suministros médicos que el bloqueo ha vuelto artificialmente escasos. A medida que precise cuánto puedo llevar conmigo en la práctica, es posible que pida ayuda. Mientras tanto, si tienes recursos o ideas sobre cómo colaborar, por favor, escríbeme. (ALH)
Testimonio publicado por Ben Grosscup en su perfil de Facebook
