El siglo XIX vio nacer el Ictíneo, uno de los tantos inventos españoles dedicados a la navegación submarina.

Desde 1963 el Ensanche de Barcelona, en el cruce entre la avenida Diagonal y la calle Gerona, alberga un soberbio monumento. Lo encargó la Mutua Metalúrgica de Seguros al escultor Josep Maria Subirachs. Está conformado por un bloque de hormigón de 4,20 metros de altura al cual está sujeto, en una cavidad, una réplica en cobre del submarino Ictíneo, que es una copia del original a escala 1:17. En otro bloque de piedra, puede leerse este texto:

“Barcelona a Narciso Monturiol, inventor del «Ictíneo», primer submarino que navegó sumergido en el puerto de Barcelona el 28 de junio de 1859”.

Monumento a Narciso Monturiol en el Ensanche de Barcelona. Archivo del autor.

Una obra pionera

Narciso Monturiol en su juventud. Archivo del autor.

Cuenta la historia que la idea de crear una nave sumergible en el mar se anidó en la mente del catalán Narcís o Narciso Monturiol después de ser testigo de la muerte de un recolector de corales. El triste hecho, ocurrido en el Cabo de Creus, le sugirió la necesidad de una embarcación que, tras hundirse en el mar, facilitara realizar esa labor sin que la vida humana corriera riesgos. Entusiasmado, anotó las primeras ideas en 1848, pero la ausencia del dinero necesario y el miedo a la burla social, le hicieron mantenerlas en secreto por más de diez años.

Decidido a materializar su invento, Narciso Monturiol construyó, entre 1858 y 1859, el primer prototipo de su novedoso submarino. Las medidas iniciales fueron 7 metros de eslora, 2,5 de manga y 3,5 de calado. En busca de un nombre relacionó las palabras griegas ichtus (pez) y naus (barco) y le llamó Ictíneo. Por esta razón, en varias ocasiones se refirió a su obra como el “barco-pez”:

“…su forma es la del pez, y como él tiene el propulsor en la cola, alas para la dirección, vejigas natatorias y lastre para estar en equilibrio con el agua desde el momento que se sumerja”.

Narciso Monturiol en su adultez. Archivo del autor.

El primer Ictíneo se construyó de madera. Estaba formado por dos cascos. Uno interior o casco de presión, que era esférico, con capacidad de 7 m³. El casco exterior, más ligero, tenía forma de pez. En el espacio entre ambos cascos fueron situados los tanques de flotación y un depósito que suministraba el oxígeno necesario para la respiración e iluminación. También albergaba un tanque de hidrógeno, que servía de combustible para una lámpara que iluminaba las profundidades marinas.

Fiel al diseño natural de los peces, Narciso Monturiol colocó al Ictíneo un propulsor plano de aleta, que era accionado por cuatro hombres. Para sumergirse se utilizaba una hélice horizontal que giraba en ambos sentidos. Además, el submarino poseía bombas de densidad y aire, con la finalidad de asegurar la estabilidad y flotación de la embarcación. Se le equipó con los utensilios necesarios para la pesca del coral, pues este fue su objetivo inicial.

De acuerdo con la descripción del propio Monturiol:

“La cámara interior era cilíndrica y de sección elíptica; el diámetro menor estaba sostenido por barras de hierro longitudinales y estribos transversales: esta cámara media escasamente siete metros cúbicos y podía contener una tripulación de seis hombres”.

Acerca de lo que sucedió en la primera prueba realizada con su novedoso invento, escribió Narciso Monturiol:

“Construido el primer Ictíneo (…), fue botado al mar en 28 de junio de 1859. (…) Se lanzó al agua con muy poca fortuna, recibió cinco cabezadas que inhabilitaron las vejigas de flote, se rompieron los forros impermeables y algunos cristales. La avería fue de consideración y había concluido los recursos pecuniarios; pero después de un examen prolijo, quedé convencido de no haber inconveniente en hacer sumersiones, con tal de que tuviesen lugar en una profundidad que no fuese mayor de veinte metros”.

Grabado de la época sobre el Ictíneo. Archivo del autor.

Tras este fracaso inicial, el insistente catalán no se dio por vencido. Durante varios meses realizó varias mejoras a su sumergible y el 23 de septiembre de 1859, después de realizar varias pruebas, hizo la presentación pública del Ictíneo. Esta duró cerca de 2 horas y 20 minutos, el aparato alcanzó los 20 metros de profundidad. Debido a unas abolladuras en el forro impermeable no pudo alcanzar la profundidad máxima prevista, que era de 40 metros.

Monumento a Narciso Monturiol en la Rambla de Figueres. Archivo del autor.

La prueba oficial se realizó en el Puerto de Alicante el 7 de mayo de 1861, ante los entonces ministros de Marina, Juan de Zavala, y Fomento, el célebre Antonio Cánovas del Castillo. Unos meses antes, el mismo lugar había presenciado el ensayo del aparato buzo inventado por Cosme García, otro precursor de los submarinos en España. El Ictíneo recorrió la distancia prefijada de 3,5 millas. El periódico La Verdad, de Alicante, publicó en el número de 11 de mayo de 1861 un relato del ensayo oficial:

“Las olas se elevaban a tan grande altura que algunas llegaron a cubrir la punta del muelle, en donde había una inmensa muchedumbre; los botes y falúas con gran trabajo podían mantenerse de proa a la mar; las aguas siempre transparentes de la bahía de Alicante estaban del todo turbias; la mar era de fondo y el viento de levante. El Ictíneo, sin embargo, siguió majestuosamente el camino que se le había señalado, sin torcer el rumbo, ya apareciendo a la superficie por un instante, ya sumergiéndose y navegando ora entre dos aguas, ora por el fondo”.

Lápida en la tumba de Narciso Monturiol. Archivo del autor.

Final y recompensa

Réplica del Ictíneo I en el Museo Marítimo de Barcelona. Archivo del autor.

A pesar del éxito, y del apoyo popular que tuvo, el Ictíneo no recibió ninguna protección del gobierno español. La opinión oficial del Ministerio de Marina fue que no era más que una campana de buceo. Narciso Monturiol acudió a la ciudadanía y reunió más de 300 mil pesetas en una suscripción que se convocó a favor de su invento. Con ese presupuesto creó una empresa nueva, que tituló La Navegación Submarina y comenzó a desarrollar el Ictíneo II, como una versión mejorada del original.

También diversificó el uso de su submarino y lo recomendó para operaciones militares. El Ictíneo realizó 69 inmersiones en total sin un solo accidente. Para Monturiol la seguridad de los navegantes siempre fue prioridad. Se enfrascó, más tarde, en la aplicación de la máquina de vapor a su invento, pero sucumbió ante la rapiña de sus acreedores. Vencido por las deudas, su obra fue destruida. Así lo escribió en uno de sus libros:

“Perfeccionado el fuego submarino, concluidas las pruebas en octubre de 1868, empeñado mi crédito y agotados los haberes de algunos amigos míos; impidiéndome el estado de los negocios públicos y el político de la nación, levantar empréstito alguno y celebrar contrato que me proporcionara fondos, no pude hacer otra cosa que reunir mis notas, estudios y experimentos, ordenarlos, escribir este trabajo para intentar luego, si consigo de algún Estado, la aplicación del Ictíneo a la defensa y ataque de puertos y costas”.

Narciso Monturiol, quien había nacido en Figueras, Cataluña, el 28 de septiembre de 1819, murió decepcionado en San Martín de Provensals, el 6 de septiembre de 1885. Poco tiempo después ya era reconocido como lo que fue: un precursor de la navegación submarina. Actualmente, la Generalidad de Cataluña otorga un premio científico que lleva su nombre. Además del monumento de 1963, existe otro dedicado a su figura, ubicado en la Rambla de Figueres, que se inauguró en 1918. Hay réplicas del Ictíneo I en el Museo Marítimo de Barcelona y del Ictíneo II en el Puerto Viejo de Barcelona. Cuatro submarinos españoles han llevado su nombre.

Réplica del Ictíneo II en el Puerto de Barcelona. Archivo del autor.

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