Una de los libros de Victor Hugo que José Martí elogió fue El arte de ser abuelo.
El 2 de septiembre de 1876, en la Revista Universal, de México, José Martí escribió acerca del gran escritor francés Víctor Hugo:
“Dos nuevos libros anuncia el gran poeta, cuya vida ha hecho la naturaleza larga para que encarne bien el siglo que con sus reminiscencias del pasado, sus vacilaciones del presente y sus grandes esperanzas en el porvenir, retrata. Uno de los libros está en prosa, y será encantador: tal vez algo como aquel Mis hijos que para la Revista tradujimos: se llama El arte de ser abuelo”.
Dos años después, en “Libros nuevos”, trabajo que escribió en Guatemala, volvió a mencionar este libro:
“Meses hace vio la luz, pero aún apasiona en Europa como nuevo, un libro del hombre poético de nuestra época, como Thiers fue su hombre práctico: de Victor Hugo.—Tiene el sublime anciano—y debe escribirse pocas veces esta palabra sublime—dos lindos nietos, su Juana y su Carlos, pálidos lirios nacidos a embellecer la corona de nieves del poeta. Los ha visto dormir, correr tras las mariposas, coger flores, estudiar el alfabeto, dar libertad a las golondrinas enjauladas, dar pan a los elefantes del Jardín Botánico, dar ampliamente limosnas a los pobres; los ve crecer; y tiene miedo de que el cierzo se los tronche, como a su hijo, como a su hija; los ve vivir, y tiene miedo de que la vida se los mate; les debe el gran reposo de la vejez, y ha escrito un libro, el modo de ser viejo, El arte de ser abuelo, L’art d’être gran père.—Es admirable Victor Hugo: morirán sus dramas, hijos regiamente monstruosos de una voluntad osada; pero no morirán sus soberbias hipérboles, sus magníficos anatemas, sus proféticos arrebatos, sus sobrehumanas concepciones de las viejas y portentosas teogonías. Importa poco que se le juzgue con las reglas de la Gramática y el cartabón de la Retórica:—él que es capaz de crear, no está obligado a obedecer.— Victor Hugo penetra los dioses indios, y hablando de ellos, parece uno de ellos. El siglo está pegado a él como las alas a una mariposa. La mariposa va donde las alas la llevan: V. Hugo ha ido donde el siglo lo ha llevado. Gran conductor, ha sido a su vez conducido; y, siendo luz, ha sido reflejo. Es necesario verlo para tener idea de una aurora boreal; oírlo, para tener idea del Sinaí.—Su nuevo libro es una sonrisa de anciano, que no puede ocultar completamente los ojos que sobre ella fulminan contra las maldades de los hombres miradas de gigante. Se extravía a veces el grande hombre, y exagera sus abstracciones poéticas; pero doquiera que los grandes ríos vayan, son grandes ríos.—Si leyendo Mis hijos, otra producción del egregio anciano, da vergüenza no ser padre; leyendo L’art d’être grand pére, da vergüenza no ser abuelo.—”.

El libro
La portada de El arte de ser abuelo trae los siguientes datos:
Victor Hugo. L’Art d’être gran-père. Paris. Calmann Lévy, Éditeur. Ancienne Maison Michel Lévy Frères. M DCCC LXXVII.
Se trata de un libro de poemas que Víctor Hugo dedicó a sus nietos Georges y Jeanne.
El autor
Victor Marie Hugo (1802-1883), fue un afamado escritor y político francés. En su niñez vivió un breve tiempo en España, donde estudió las primeras letras. Desde muy joven se destacó por sus dotes literarias y la fundación de la revista Le Conservateur littéraire. Sobresalió por sus dramas, poemas y novelas, algunas de las cuales son hitos de la literatura universal. Ingresó en la Academia Francesa en 1841. Por esta fecha comenzó a destacarse en la política. En 1848 fundó el periódico L’Événement. Aunque inicialmente apoyó al futuro Napoleón III, se opuso fuertemente al golpe de estado de 1851.

Durante cerca de veinte años residió en la isla británica de Guernesey, hasta 1870. A su regreso defendió la República y se opuso a la represión de los comuneros de 1871, por lo cual volvió al exilio. Dos años más tarde volvió a su país y fue elegido senador en 1876. Es considerado la máxima figura del Romanticismo en su país y uno de los escritores más populares de la historia, con obras como: Cromwell (1827), Les Orientales (1829), Hernani (1830), Notre-Dame de Paris (1831), Les Contemplations (1856), La Légende des siècles (1859), Les Miserables (1862), Les Travailleurs de la mer (1866) y Torquemada (1882).
