En Matanzas también existen proyectos de reciclaje comunitario. Uno de ellos es Ecologito, coordinado por Betty Correa Reyes, una iniciativa que durante años ha utilizado la narración oral de cuentos para enseñar a niños y adolescentes el respeto por la biodiversidad, el cuidado del entorno y la importancia de proteger la naturaleza.
Entre sus propuestas destaca la elaboración de ladrillos ecológicos: botellas plásticas rellenas de residuos no biodegradables limpios y compactados, como nailon, bolsas y envoltorios que normalmente terminan en vertederos, calles o ríos. Más que reciclar, el proyecto convierte esta práctica en una experiencia educativa y comunitaria, involucrando a familias, vecinos y niños en la recogida y reutilización de desechos.

Experiencias como esta podrían tener un impacto importante en Cuba. Ayudan a disminuir la acumulación de basura, fomentan hábitos ambientales desde edades tempranas y pueden servir para pequeñas construcciones comunitarias utilizando materiales reutilizados. También abren oportunidades para emprendimientos locales vinculados al reciclaje y la transformación de materias primas.

En medio de las dificultades con la gestión de residuos y la escasez de recursos, iniciativas como Ecologito demuestran que el reciclaje comunitario puede convertirse en una herramienta para cuidar el medio ambiente, fortalecer la participación social y generar soluciones creativas desde los propios barrios.
Yuni Moliner/ Perfil de Facebook
