La conclusión de la habilitación del puerto matancero en 1818 dio inicio a la primera fase de esplendor económico de la ciudad, fundamentado en el trabajo esclavo. Durante este proceso se desarrolló la capa de terratenientes acaudalados, promotora de los movimientos culturales que llevaron hacia mediados del siglo XIX a un florecimiento tal, que le valió a Matanzas el sobrenombre de Atenas de Cuba.

En este contexto se decidió la construcción de un cuartel en la barriada de Versalles, para lo cual fue seleccionado un terreno donado por Eloy Navia. Para esa época, la ciudad ya contaba con un sistema defensivo emplazado en torno a su amplia bahía. La nueva instalación militar se erigiría entre dos de sus castillos, el San Severino y el de La Vigía; como complemento indispensable al Gobierno español a fin de cumplir funciones, fundamentalmente, de acantonamiento y preparación de los hombres.

Por disposición de la Real Hacienda se inició la obra en 1828. El capellán de oratoria fue el presbítero Julián Segarra y la dirigió el arquitecto francés Julio Saguebien Tavernier, ejecutor de otras edificaciones de importancia para la ciudad como el puente de La Carnicería y el Hospital de Santa Isabel. La manzana formada por las calles Isabel Primera, Navia, Santa Cristina y San Isidro fue la escogida para la construcción, concebida como un cuartel de infantería capaz de albergar un aproximado de 1 500 hombres.

El proyecto contemplaba cuatro alas que delimitaban un gran patio central. El área delantera, que se correspondía con la fachada principal, era de dos plantas, y las tres restantes de una sola. En el primer nivel se extendía un pasillo alrededor del patio que servía de circulación y entrelazaba entre sí los locales. Las labores constructivas continuaron hasta finales de 1830 y, a inicios del año siguiente, en virtud de la comunicación firmada por el Capitán General de la Isla, Francisco Dionisio Vives, hecha pública el 1º de febrero, se nombró Cuartel Santa Cristina en homenaje a la Reina de España.

Cuartel Santa Cristina. 1896.

A partir de 1831 la instalación alojó, entre otros, al Batallón de Galicia y los Regimientos de Infantería de Asturias y el Nápoles, los que dispusieron de sus reconocidas comodidades para el acantonamiento y del extenso campo para recibir instrucción militar. Durante los siglos XIX y XX el cuartel fue testigo de importantes acontecimientos que signaron su devenir, y durante la última centuria fue objeto de varias reconstrucciones.

En noviembre de 1833, con la jura de la princesa heredera al trono, Luisa de Borbón, la ciudad disfrutó varios días de festejos. El cuartel fue bellamente engalanado.

Durante el paso del desbastador huracán de 1870, fue una de las pocas edificaciones en no sufrir daños.

Con el fin de la dominación española se inició un nuevo período de su existencia centenaria. Décadas que demandarían cambios, no solo en funciones, sino también estructurales y de nombre. El Regimiento de Massachusetts fue el ocupante del recinto en 1899, donde permaneció hasta recibir el siglo XX. En 1902 la Secretaría de Obras Públicas dispuso el traspaso del inmueble a la Secretaría de Instrucción Pública, con el objetivo de que fuera destinado al Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas. Después de varias propuestas abortadas, la Jefatura del Regimiento № 2 de la Guardia Rural ─recién constituida─, asumió las primeras obras de remodelación que dieron paso al Cuartel Ignacio Agramonte.

Cuartel Ignacio Agramonte. Década de 1920.

A partir de entonces recibiría mantenimientos de menor envergadura, hasta que, en los años de 1940, ya como sede del Regimiento № 4 “Plácido”, fue sometido a una reconstrucción capital y cambió de nombre para asumir el de Cuartel Domingo Goicuría.

Ese último sería el objetivo militar que un grupo de valientes, comandado por Reynold García García y Mario Vázquez García, intentaría tomar por asalto el 29 de abril de 1956. A cuatro años de esa gesta el centenario cuartel recibía su última modificación arquitectónica para convertirse en Centro Escolar Mártires del Goicuría, orgullo de Matanzas y de su historia. (ALH)

Adrián Álvarez Chávez y Clara Emma Chávez/Cubadebate

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