Entre 1510 y 1512 el artista renacentista Rafael pintó La Escuela de Atenas, una de sus grandes obras.
En 1508 el pintor Rafael Sanzio llegó a Roma, con 25 años. Así se lo había sugerido su amigo Bramante y también pedido el papa Julio II, llega Rafael a Roma. Tiene 25 años. En ese momento otros artistas, como Miguel Ángel Buonarotti en la bóveda de la Capilla Sixtina, dejaban huellas eternas de su genio. Entonces el Santo Padre le encomendó decorar varias estancias que pensaba utilizar como habitaciones privadas, entre ellas la Sala de la Signatura.
Este fue el origen de La escuela de Atenas, gran fresco o pintura mural que posee una base de 7,70 m y una altura de 5,00 m. Su boceto fue compuesto entre 1509 y 1510 y se pintó entre 1510 y 1512.
Rafael

Rafael Sanzio (1483-1520), uno de los grandes artistas del Renacimiento, nació y se formó en Urbino, Italia. Desde muy joven sobresalió como pintor y la fama que alcanzó le llevó a Roma. Fue el pintor predilecto de la ciudad y trabajó para los papas Julio II primero y León X después.
A pesar de su corta vida, pues murió a los 37 años, dejó una obra brillante, que sobresale por su calidad artística. Su pintura encanó el modelo perfecto hacia el que habían de encaminarse después la vertiente academicista. Entre sus obras más relevantes se destacan Los desposorios de la Virgen, El Retablo Baglioni, La Virgen del jilguero, Trinidad y santos, San Sebastián, La Fornarina, Autorretrato, El éxtasis de Santa Cecilia y La Transfiguración.
Sobresale, además, La escuela de Atenas, sobre la cual, a decir de Andrea Imaginario, especialista en artes, literatura e historia cultural,
“…podemos afirmar que, en esta obra de Rafael, son los seres humanos el centro de la pasión creadora. Son ellos los protagonistas Esto no es otra cosa que expresión de una cultura que encuentra en el pensamiento racional el fundamento de los valores cívicos. La Escuela de Atenas de Rafael Sanzio es un compendio del humanismo antropocéntrico. Si existe una obra que resuma los valores y características del Renacimiento italiano, esa es La Escuela de Atenas”.
La estancia de la Signatura

«La Stanza della Segnatura» o Estancia de la Signatura es una de las cuatro estancias o cámaras que forman parte de la planta superior de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Las otras tres con la Estancia del Incendio del Borgo, la Estancia de Heliodoro y la Estancia de Constantino. La Estancia de la Signatura, llevó ese nombre por su condición de sede de las audiencias del tribunal eclesiástico de la Signatura apostólica o «de signatura Gratiae» (de los decretos de gracia).
Aunque la Estancia de la Signatura ya había sido decorada anteriormente, fue con Rafael que alcanzó su celebridad. Aunque posee un espacio pequeño, que impide una visión de conjunto, sobresale por la belleza de las obras que la adornan. En la bóveda, en torno al octógono central, cuatro tondos representan alegóricamente las cuatro «facultades»: la Teología, la Filosofía, la Justicia y la Poesía. Cada una de ellas tiene a su derecha, una escena incluida en un rectángulo: La Teología: el Pecado original, la Filosofía: la figura de una alegoría femenina, la Justicia: el Juicio de Salomón y la Poesía la contienda entre Apolo y Marsias.

En la pared situada debajo de la Teología, aparece el Triunfo de la Eucaristía o Triunfo de la Iglesia. Al frente, debajo de la Filosofía, es que se localiza La Escuela de Atenas. Debajo de la Justicia, están las tres virtudes cardinales (Fortaleza, Prudencia, Templanza) acompañadas por la cuarta virtud cardinal, la Justicia. Por último, bajo la Poesía está el Parnaso, como una exaltación de la idea de lo bello, con la presencia de Apolo, las musas y los poetas.
La Estancia de la Signatura representa la simbiosis renacentista entre el conocimiento y la virtud. Al mismo tiempo, son expresiones de lo divino, la verdad, la ciencia y la filosofía, como ideales de la grandeza y la autonomía humana conjugadas perfectamente con la Teología y la Iglesia. La Estancia de la Signatura es, en resumen, una síntesis pictórica del neoplatonismo clásico, entre antigüedad y cristianismo. Se desarrolla y sostiene la idea de la estrecha relación entre la ciencia, el pensamiento de la Antigüedad y la doctrina de la Iglesia. Es, además, un símbolo de los tiempos nuevos que se vivían, y, al mismo tiempo, una legitimación de la influencia del papado en los asuntos terrenales.
La obra
La Escuela de Atenas representa el empeño humano por hallar la verdad racional. Toma como referente la antigüedad clásica. La escena se ubicó en un templo de inspiración romana. El encuadre o punto de vista es bajo por la ubicación del cuadro en la sala de la signatura. El centro de la perspectiva se localiza en las dos figuras centrales que son Platón y Aristóteles, quienes avanzan entre un grupo de figuras que forman un pasillo, mientras el conjunto se articula en una suma de grupos y figuras individuales.

La escalinata divide el pensamiento especulativo a la izquierda del experimental a la derecha. Una línea horizontal recorre las cabezas de las figuras del segundo plano. La luz del pleno día contribuyendo a la claridad del cuadro, con un suave claroscuro. Predominan los colores cálidos y estos se distribuyen de forma amónica. La perspectiva geométrica tiene como punto de fuga las cabezas de Platón y Aristóteles. La arquitectura va disminuyendo y estrechándose dando la sensación de alejamiento.
Este fresco de Rafael fue un homenaje a la filosofía, madre de todas las ciencias. Un reconocimiento a los aportes de los pensadores, filósofos y científicos de la antigüedad. Representa una idílica academia que recuerda las grandezas de la Academia de Atenas, fundada por Platón. Trató de reflejar una idea esencial en el Renacimiento: el renacer de la Antigüedad clásica y la grandeza de un presente triunfante en la Roma papal.
La arquitectura renacentista de este fresco es un homenaje al Bramante, arquitecto que proyectó la Basílica de San Pedro, compuesta por amplios salones, blancos mármoles y una luminosa cúpula con arcadas abiertas al cielo. En nichos, a los lados del primer arco, están las estatuas de Apolo y Atenea, referidas a los modelos clásicos de la razón y la sabiduría. Los medallones en las pechinas de la cúpula representan a un hombre que alza los ojos y a una mujer que posa un brazo sobre el globo terrestre.
Los protagonistas y sus acompañantes
A lo largo de los siglos han existido debates acerca de la identidad de varios de los personajes representados en La Escuela de Atenas. En lo que existe coincidencia total es que los protagonistas son Platón y Aristóteles. Ambos se ubican en el centro de la pintura y los dos llevan consigo las principales obras filosóficas que escribieron. Platón sostiene Timeo, donde reflexionó acerca del origen del universo, mientras Aristóteles lleva su Ética para Nicómaco, texto sobre ética y moral.

A lo anterior Rafael añadió algo más. Se trató de los gestos que ambos realizan, en correspondencia con la esencia de la filosofía que defendieron. Por esta razón, mientras Platón señala el cielo, símbolo del idealismo que es esencia de su pensamiento, Aristóteles apuntó a la tierra, como referencia a su realismo racional.
Alrededor de Platón y Aristóteles se mueven los filósofos más célebres de la antigüedad, todos enfrascados en sus quehaceres más sublimes. Pitágoras está concentrado sobre unas páginas con los acordes armónicos y recostado en los peldaños aparece Diógenes. Pensativo, escribiendo en una hoja, puede verse al filósofo pesimista Heráclito. Está apoyado en un bloque de mármol, que pudiera estar conectado con la Primera epístola de Pedro y simbolizar a Cristo, la «piedra angular». Más a la derecha, Euclides enseña geometría a sus alumnos. Tras él, Zoroastro tiene un globo celeste en la mano, mientras Ptolomeo sostiene el globo terráqueo.
Otro de los pensadores que aparece en La Escuela de Atenas es Sócrates, considerado el verdadero iniciador de la filosofía griega. También están Averroes, Euclides, Epicuro y Parménides. Otros casos son objeto de discusión y se han adjudicado más de una identidad a algunos de los personajes dibujados. Son los casos de Zenón de Citio y Zenón de Elea; Boecio, Anaximandro y Empédocles; Alcibíades y Alejandro Magno, Antístenes y Jenofonte, y Esquines y Jenofonte. Para algunos, Euclides es en realidad Arquímedes. Mientras que para otros pudiera ser Estrabón en vez de Zoroastro.
Para dibujar las figuras y personajes históricos que pueden verse en La Escuela de Atenas, Rafael utilizó la imagen de personas que fueron sus contemporáneos. Platón fue pintado como Leonardo da Vinci y Aristóteles como el pintor toscano Bastiano da Sangallo. Para Epicuro de Samos tomó como modelo al pensador Tommaso Inghirami, mientras que el discípulo que acompaña a Epicuro sería Federico II Gonzaga, Duque de Mantua.
De acuerdo a los especialistas, Heráclito sería Miguel Ángel, en actitud pensativa y con la ropa de cantero, personaje que no se incluyó en el esbozo inicial de la obra. Se le reconoce por las botas de montar que usaba el pintor florentino, quien era aficionado a escribir sonetos. Rafael lo agregó al conocer su trabajo en la Capilla Sixtina, como señal de respeto y admiración.
El retrato del papa Julio II fue el modelo que siguió Rafael para dibujar al filósofo neoplatónico Plotino. Mientras, el personaje con el gorro azul, que representa al pintor griego Apeles de Colofón observando al espectador, es un autorretrato de Rafael. Lo acompaña el pintor Perugino, también con sombrero, pero en blanco.
A la izquierda de la pintura se encuentra Hipatia de Alejandría, destacada mujer de la ciencia en la Antigüedad. Para algunos está pintada como Margherita Luti, la novia de Rafael, mientras que para otros es Francesco Maria della Rovere, Duque de Urbino. Ambos, Apeles e Hipatia, son los únicos en todo el conjunto que miran al frente.
A su vez, el conocido Euclides aparece con la imagen del pintor y arquitecto Donato d’Angelo Bramante, gran amigo de Rafael. Zoroastro es el escritor lombardo Baltasar Castiglione, Protógenes de Caunos es el pintor Giovanni Antonio Bazzi y Arquímedes de Siracusa es el conocido escritor florentino Dante Alighieri. (ALH)

