“¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así esta él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!”.
José Martí.
Apenas 16 años contaba Simón Bolívar cuando arribó al puerto habanero como pasajero del buque San Ildefonso con rumbo a España. Era 25 de marzo de 1791, hace hoy 235 años.
Entonces era un joven educado por su maestro Simón Rodríguez en contacto estrecho con la naturaleza. De carácter profundo y meditativo viajaba a la metrópoli a continuar estudios.
La breve estancia en la rada habanera coincidió con el bloqueo inglés a la ciudad, lo que impidió el desembarco a tierra cubana de la tripulación.
Tal vez las imágenes de aquel temprano encuentro del joven caraqueño con nuestra tierra, cobraran plena transparencia durante la campaña de liberación americana del yugo colonial español a la que habría de entregar su existencia. La historia da cuentas del proyecto de emancipación bolivariano que extendía su acción libertaria hasta las islas de Cuba y Puerto Rico.
Los estudios, viajes y afanosas lecturas hacen de Bolívar un hombre de cuidada cultura. En España ha conocido la frivolidad de la corte y en Francia ve derrumbarse la grandeza del sueño revolucionario. Su mirada crítica le inculca otro futuro para las sufridas tierras americanas.
En Viena se reencuentra con su viejo maestro, viaja a Italia y asciende el Monte Sacro en la ciudad eterna donde jura de rodillas “no dar descanso ni a su brazo ni a su alma, hasta que hubiese roto las cadenas que oprimían a la América”.
En Cuba, José Martí, maestro y apóstol de su independencia, compartirá con Bolívar el sueño libertario para los países crecidos al sur del Río Bravo y el empeño de aunar sus voluntades, integrarlas y construir con ellas la gran nación americana.
“¡Así, de hijo en hijo, mientras la América viva, el eco de su nombre resonará en lo más viril y honrado de nuestras entrañas!”
A Bolívar, a su obra y prédica, dedicará Martí cuantiosas páginas. Como él, ha de empeñarse en impedir con la independencia de Cuba y Puerto Rico que los Estados Unidos se echen con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América.
La historia obró la suerte de reencarnar el gran sueño en Fidel y en Chávez. El pensamiento revolucionario, martiano y bolivariano de ambos líderes, reanudó la obra de sus próceres gloriosos. Una gran ola de hermandad y solidaridad se extendió por la América nuestra, protagonizada por Cuba y Venezuela. El siglo XXI latinoamericano alcanzó las cimas de un esfuerzo creador, humanista, identitario.
Por estos días, a 235 años de la llegada del Libertador al puerto habanero, el águila imperialista renueva su ímpetu avasallador contra nuestros pueblos. Hoy más que nunca habremos de ponernos en fila frente al enemigo agresor.
Así están juntos en el cielo de América. Nos toca defender el sueño sagrado de Bolívar, Martí, Fidel y Chávez. Ellos tienen mucho que hacer en América todavía.
