El médico matancero Luis Díaz Soto fue un ejemplo de profesional comprometido con las causas justas de su tiempo.

El 23 de noviembre de 1958, poco tiempo antes del triunfo de la Revolución Cubana, falleció en La Habana el doctor Luis Díaz Soto. Un año después, en plena efervescencia social, su gran amigo, Sergio Aguirre, escribió:

“Fue un domingo en fecha 23 de noviembre. El 23 de noviembre de 1958, hace justamente un año. Al filo de las ocho me llegó la noticia absurda, irreal inverosímil y sombríamente lógica. Ya no tenía amigo, Luis Díaz Soto había muerto”. (…)

“Comunista era, de ejemplar calidad humana, incapaz por tanto de arredrarse ante ningún peligro. Comunista fue, cuando hubo que batir el cobre de la adversidad. Pero cuando pienso en él apenas me acuerdo de su grado de capitán en la guerra antifascista española y quizás ni tengo en primer plano su militancia recia en esta propia tierra, su tierra amada. Era, por sobre toda otra cosa, un hombre de Partido. Y al servicio del Partido fue resquebrajándose, sin notarlo él ni nosotros, lo que Rubén Martínez Villena llamara una vez «el miocardio inocente». Un corazón físicamente endeble no pudo resistir tal carga gigantesca de dignidad. Estalló para inmovilizar aquella suma inolvidable de bondad y coraje, de abnegación y señorío, de verticalidad humana que se prendía cual hiedra a una modestia tan raigal como no recuerdo otra. Visto en el féretro, horas más tarde, lo que más impresionaba era aquella placidez triunfante, pura como la de un niño, que le suavizaba la faz. Aún allí era irreal, absurdo, inverosímil, que estuviese muerto”.

Vale la pena recrear la vida que aquel hombre que, al morir, era capaz de arrancar esos elogios a un amigo entrañable. Hay mucho que admirar en la trayectoria vital, como médico, internacionalista y comprometido social, del matancero Luis Díaz Soto.

Vida y luchas

Nacido en el pueblo de Pedro Betancourt, Matanzas, el 13 de febrero de 1905, Luis Díaz Soto fue ejemplo de médico y revolucionario. Creció bajo el ejemplo honesto de sus padres, sobre todo la madre, que era maestra de una escuela pública. Establecidos en La Habana, cursó la educación primaria en la escuela del Centro de Dependientes de La Habana y en el Colegio de Belén. En el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana se graduó de Bachiller en Letras y Ciencias en 1922.

Anuncio del Instituto Clínico de La Habana en 1932, donde aparece Luis Díaz Soto. Archivo del autor.

Ingresó después en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. Sobresalió como interno del Hospital Calixto García y de la Clínica Fortún-Souza. En esta última comenzó a trabajar después que se graduó en 1929. La tesis que presentó para alcanzar el grado de medicina y cirugía se tituló “Métodos de trabajo que deben seguirse en el hospital”. En ella expuso principios que después aplicó en su labor profesional.

Una vez graduado en 1929, comenzó como médico interno de la Clínica Fortún-Souza. Al fundarse en 1932 el Instituto Clínico de La Habana. Clínica Fortún-Souza, Luis Díaz Soto fue médico especialista en vías digestivas. También prestó servicios en las áreas de metabolismo, drenajes, laboratorio y rayos X. Participó, además, en la organización del Departamento de Farmacia desde la parte administrativa y técnica.

Al mismo tiempo, fiel a su compromiso social, Luis Díaz Soto aportó como médico de los Servicios Municipales de La Habana, conocida como Casa de Socorro. Esta labor la realizó entre diciembre de 1933 y marzo de 1935, fecha en la que se le expulsó de esa plaza debido a su participación en la huelga general. Tuvo igualmente un papel destacado en la defensa de las reivindicaciones del gremio médico cubano. Fue figura protagónica en la creación del Ala Izquierda Médica dentro de la Federación Médica de Cuba y, junto a José Elias Borges, en la huelga médica de 1934.

Al año siguiente, 1935, ingresó en el Partido Comunista y desde ese momento fue un defensor de la causa de los humildes. Llegó a ser una de las personalidades más conocidas dentro de la agrupación, aunque sin desempeñar cargos de dirección en la misma. Uno de sus compañeros, el escritor Juan Marinello, dejó esta descripción de Luis Díaz Soto:

“…no fue Díaz Soto lo que se llama, con mucho de verdad, un cubano típico. Nadie, al verle la figura escueta y afilada, el ademán comedido, lo rubio del cabello y el azul de los ojos, pensaba en un producto habitual del medio isleño. Vivió como envuelto en un ámbito de tensa contención, de espaldas al gesto y al espectáculo. No fue cálido sino férvido. Como hombre en que se cruzaban la responsabilidad y el apasionamiento (la mejor responsabilidad y el mejor apasionamiento), no dejó de decir lo que su limpia vigilancia le mandaba; pero lo dijo sin acritud ni zalamería, con la palabra tersa, convincente y lúcida. No le vimos adelantar juicio sin buena maduración, ni callar lo que debía decir a tiempo. Poseyó en gran medida la virtud cubanísima de la inteligente ironía, siempre vestida de peculiar elegancia. Parecía estar de vuelta de todos los caminos, y hasta un poco cansado del trayecto; en verdad, gozaba el camino con experiencia e ilusión, con historia y sorpresa. Conocía muchas cosas, y las entendía todas. Fue un hombre simple, opuesto a la simpleza; grave, contra la gravedad, distinto sin proponérselo”.

Luis Díaz Soto, junto a otros combatientes, mientras era entrevistado en España por un corresponsal de la revista Mediodía. Archivo del autor.

Viajó a España en junio de 1937 y, junto a un gran número de combatientes cubanos, se incorporó a la batalla en defensa de la República y contra el fascismo. Aportó sus esfuerzos desde el 17 de septiembre de 1937, con el grado de teniente, como médico del batallón estadounidense Abraham Lincoln, parte de la XV Brigada Internacional. Se le ascendió a capitán el 29 de marzo de 1938. Participó, cumpliendo su rol médico, en las batallas de Teruel, Belchite y Brunete.

El 9 de julio de 1938 el periódico Noticias de Hoy publicó una entrevista realizada en España a Luis Díaz Soto. Al indagar el periodista sobre la razón para estar allí, el joven médico cubano afirmó:

“La voluntad de luchar contra el fascismo. Toda agitación desarrollada alrededor del fascismo y sus consecuencias no se me hicieron tan claramente objetivas, hasta la bárbara invasión de España. Tantas facetas de sojuzgamiento, crueldad y agresión se han puesto de manifiesto en la dominación española, que es fácil comprender que cualquier ser humano con inquietud por su futuro intelectual y social, salte y busque su puesto en la lucha. Otra cosa se desprendía de la tal situación como una consecuencia y era y es la de obrar cada cual con sus armas y rápidamente. Es por esto que ofrecí al gobierno de la República Española mis años de profesión”.

Casi al final de la interviú, razonó acerca de la ayuda que podía ofrecer Cuba a los republicanos españoles:

“De varias formas, ideológicamente, luchando hasta el fin por la democracia y la libertad y contra las más ligeras manifestaciones fascistas dentro y fuera del país. Y materialmente y con vista a nuestra producción, nada como azúcar y tabaco. Un cigarro en una trinchera es el complemento del fusil”.

Luis Díaz Soto en España. Archivo del autor.

A la vuelta de España Luis Díaz Soto se incorporó con renovada energía al Partido Comunista. Una vez conformado el Partido Unión Revolucionaria Comunista, se le eligió entre los integrantes del comité ejecutivo. En 1939 fue candidato a delegado a la Asamblea Constituyente por esta agrupación política. Además, también fue candidato a concejal y representante en varias elecciones. Formó parte del Comité Gestor del Frente Único en el barrio de Atarés, que tenía previsto participar en las elecciones generales de 1952.

En 1939 intensificó su labor en defensa de los intereses de los médicos, en oposición a la directiva de la Federación Médica. Junto a un grupo de colegas creó Acción Inmediata, que llegó a convertir en el Partido Colegial Acción Inmediata. Con esta facción logró mejoras para la clase médica e intensificó la lucha por el logro de diferentes reivindicaciones sociales.

La obra mayor

Luis Díaz Soto realizó una esmerada labor social y asistencia en el Centro Benéfico Jurídico de Trabajadores de Cuba, destacada institución médica dedicada a los obreros y campesinos. En esta clínica, ubicada en Cerro y Lombillo, atendió la consulta de vías digestivas. Como director, fue abanderado en la aplicación de la llamada “medicina de grupo”. Al respecto declaró en 1950:

“No debemos perder de vista que nuestro plan no tiene pretensiones de descubrir el Mediterráneo. Es sencillamente el modesto empeño de llevar a vías de hecho el plan que acaricia en su mente cada médico en relación con lo que debe ser el hospital o la clínica, y que es norma escrita en muchos lugares”.

(…) “«Medicina de Grupo», es decir, la atención colectiva de los integrantes de cada Servicio Médico, al enfermo, el estudio en conjunto, por el staff de cada especialidad, de los casos sometidos a la Clínica”.

“Atención colectiva y más correcta y científica de los enfermos y heridos, (incluyendo la prevención de ciertas enfermedades); atención al entrenamiento y superación profesional del personal, tanto facultativo, como técnico; y contribución a la investigación y adelanto de la ciencia”.

Foto del Centro Benéfico Jurídico en 1950, mientras se construía la tercera planta. Archivo del autor.

Al mismo tiempo, son múltiples las alusiones a las diferentes conferencias que impartió, sobre temas médicos, en hospitales habaneros. De esta forma contribuyó a la superación de sus colegas médicos y a la socialización de los avances de la medicina. Tuvo la intención de redacta un libro sobre la historia de la medicina en Cuba, propósito que se vio pospuestos ante las responsabilidades que asumió. Amante de la historia de Cuba, escribió sobre “La Periquera” en el Magazine del periódico Noticias de Hoy, del 27 de abril de 1941.

Enfermo del corazón, para Luis Díaz Soto los últimos días de su vida fueron una agonía. Así lo cuentan varios testimonios. Impedido por su dolencia y acosado por las fuerzas represivas, no podía apoyar la causa de la Revolución en la lucha contra la tiranía batistiana. Al morir, su vida entera había sido un combate.

Epílogo

En el artículo de Sergio Aguirre citado al inicio de esta reseña, que se publicó en el periódico Hoy el 25 de noviembre de 1959, uno de los últimos párrafos dice:

“Los amigos, los compañeros de «Luigi»—como me gustaba llamarle—, sabemos que a Díaz Soto no hay quien lo mate. Está ahora donde siempre estuvo. Pasa su larga figura, su delgadez exagerada, por los corredores del Centro Benéfico Jurídico, y sigue afanándose por la suerte de esta institución que fue su vida de trabajo. Tiene encorvada la noble cabeza sobre el gran vicio de su vida: los libros. Para ser médico, un gran médico de cuerpos y de almas, no necesita indispensablemente tener los ojos claros, pero le ayuda el hecho de que se le transparente la bondad en los ojos claros. No sabe de hiel contra nadie, como no supo nunca. Pero tiene presto el chorro de desprecio sobre los pigmeos que intentan cerrar el paso al carro de la Historia. Esta aferrado, como siempre, al ejemplo de Mella, de Jesús Menéndez, de Martínez Villena. De la única manera que no admite oblicuidades: dándolo todo al Partido. He tenido la desgracia de sentir que el corazón le estallaba antes de la caída de Batista. ¡Qué vamos a hacerle! También en España le tocó perder. Pero él sabe que la victoria será suya desde el instante mismo en que empieza a ser nuestra”.

Hospital Militar Central Dr. Luis Díaz Soto, de La Habana, conocido como Hospital Naval. Archivo del autor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *