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	<title>Carlos J. Finlay archivos - TV Yumurí</title>
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	<title>Carlos J. Finlay archivos - TV Yumurí</title>
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		<title>Finlay y su obra en los libros de texto de historia de Cuba</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Ernesto Martínez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Dec 2025 14:41:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[tvyumuri]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos J. Finlay]]></category>
		<category><![CDATA[enseñanza de la historia de Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[historia de la ciencia. historia de la medicina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Foto: Conquistadores de la fiebre amarilla (1940), del pintor norteamericano Dean Cornwell. Archivo del autor...</p>
<p>La entrada <a href="https://www.tvyumuri.cu/matanzas/finlay-y-su-obra-en-los-libros-de-texto-de-historia-de-cuba/">Finlay y su obra en los libros de texto de historia de Cuba</a> se publicó primero en <a href="https://www.tvyumuri.cu">TV Yumurí</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Foto: Conquistadores de la fiebre amarilla (1940), del pintor norteamericano Dean Cornwell. Archivo del autor</em></p>
<p><strong>Los libros de texto de historia de Cuba fueron una importante contribución a la defensa del legado científico y patriótico de Carlos J. Finlay.</strong></p>
<p><a href="https://www.ecured.cu/Carlos_J._Finlay">Carlos Juan Finlay de Barres</a> (1833-1915), nació en Camagüey, cursó sus estudios en Europa y en 1855 se graduó como médico en los Estados Unidos. Desde 1858 comenzó a investigar sobre la fiebre amarilla. El 18 de febrero de 1881, en la Conferencia Internacional Sanitaria, celebrada en Estados Unidos, defendió por vez primera su revolucionaria teoría acerca del contagio de esta enfermedad a través de una especie de mosquito. En este propio año, el 14 de agosto, presentó en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, su trabajo: “El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla”.</p>
<figure id="attachment_95384" aria-describedby="caption-attachment-95384" style="width: 231px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-95384 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Juan-Jose-Sicre-Monumento-a-Finlay-1-231x300.jpg" alt="" width="231" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Juan-Jose-Sicre-Monumento-a-Finlay-1-231x300.jpg 231w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Juan-Jose-Sicre-Monumento-a-Finlay-1-116x150.jpg 116w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Juan-Jose-Sicre-Monumento-a-Finlay-1.jpg 345w" sizes="(max-width: 231px) 100vw, 231px" /><figcaption id="caption-attachment-95384" class="wp-caption-text">Monumento a Carlos J. Finlay en La Habana, obra del escultor matancero Juan José Sicre. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>En esta memoria y a partir de toda su labor práctica, Carlos J. Finlay descubrió y formuló la teoría científica del contagio de las enfermedades. O sea, del modo de propagación y su transmisión de una persona enferma a un sujeto sano apto para contraerla. Esto tuvo, por su aplicación a todos los organismos vivos, el carácter de un descubrimiento biológico. También determinó, con notable exactitud, el vector responsable de esta transmisión, el mosquito hoy denominado científicamente <u>Aedes aegypti</u>.</p>
<p>Esta teoría, que Carlos J. Finlay pudo comprobar experimentalmente, fue acogida con frialdad por la comunidad científica cubana. Esto se debió a que significó una ruptura con el nivel de los conocimientos médicos prevalecientes en la etapa. Sin embargo, este avance estimuló el desarrollo de investigaciones similares en otras enfermedades y creó una nueva ciencia: la entomología médica.</p>
<p>Con la primera ocupación militar norteamericana (1899-1902) la situación cambió radicalmente. Tras varios intentos infructuosos, una comisión médica dirigida por el doctor <a href="https://www.ecured.cu/Walter_Reed">Walter Reed</a> e integrada por los médicos <a href="https://www.ecured.cu/Jesse_William_Lazear">Jesse Lazear</a>, <a href="https://www.ecured.cu/James_Carroll">James Carroll</a> y <a href="https://www.ecured.cu/Ar%C3%ADstides_Agramonte_Simon%C3%AD">Arístides Agramonte</a>, corroboró lo planteado por Carlos J. Finlay. No obstante, como ha señalado el historiador <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_L%C3%B3pez_S%C3%A1nchez">José López Sánchez</a>, debe quedar claro que el:</p>
<blockquote><p>“&#8230;afrontamiento de la fiebre amarilla por el gobierno interventor fue una acción política, porque si ellos no lograban exterminar la fiebre amarilla, se desmoronaba su tesis de que venían a sanear la isla”.</p></blockquote>
<p>Posteriormente, en Estados Unidos se desarrolló una campaña dirigida a opacar la figura de Finlay y a glorificar a Walter Reed, a la cual no fue ajeno este último. Esta malévola intención tuvo, como ejemplos significativos, el libro <em>Los cazadores de microbios</em> (1926), de Paul de Kruif y la película <em>Héroes del trópico</em> (1938).</p>
<p>Paralelamente a esto, múltiples personalidades se destacaron en la defensa de la obra científica de Carlos J. Finlay y su paternidad sobre la teoría de la transmisión de enfermedades contagiosas mediante insectos. Sobresalieron en este aspecto los médicos <a href="https://www.ecured.cu/Juan_Guiteras_Gener">Juan Guiteras</a>, <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_A._L%C3%B3pez_del_Valle_Vald%C3%A9s">José A. López del Valle</a>, <a href="https://www.ecured.cu/Domingo_Ramos">Domingo Ramos</a>, <a href="https://www.ecured.cu/Enrique_Barnet_Roque_de_Escobar">Enrique Barnet</a> y <a href="https://www.ecured.cu/Francisco_Dom%C3%ADnguez">Francisco Domínguez Roldán</a>, entre otros, así como los historiadores <a href="https://www.ecured.cu/Emilio_Roig">Emilio Roig de Leuchsenring</a> y <a href="https://www.ecured.cu/C%C3%A9sar_Rodr%C3%ADguez_Exp%C3%B3sito">César Rodríguez Expósito</a>.</p>
<p>Gracias a sus esfuerzos se reivindicó la obra y grandeza finlaísta en eventos como la VI Conferencia Internacional Panamericana de La Habana (1928) y el Congreso Panamericano de Medicina General (1939). También lo hicieron el I y VI Congreso Nacional de Historia (1942 y 1947). Además, ratificaron la gloria de Finlay el X (1935), XIV (1954), XV (1956) y XXII Congreso de Historia de la Medicina (1970).</p>
<p>En relación con lo anterior el doctor José López Sánchez, biógrafo de Carlos J. Finlay, destacó que si</p>
<blockquote><p>“&#8230;algo se reveló como un elemento catalizador para la unión de las más disímiles personalidades del mundo médico, científico y político fue precisamente la defensa de Finlay”.</p></blockquote>
<p>Sobre estos esfuerzos realizados para la justa valoración de Carlos J. Finlay y su obra, es necesario señalar que, según el propio López Sánchez, fue</p>
<blockquote><p>“&#8230;un hecho digno del mayor encomio, la unidad que se forjó en torno a la defensa de la teoría de Finlay, sobre todo frente a la ambición de apropiársela el gobierno de Estados Unidos. Por supuesto que no todos convergían en ciertos aspectos de la controversia, matizándola con sus propias opiniones científicas e ideológicas”.</p></blockquote>
<p>Es por ello que no se debe dejar pasar por alto que la</p>
<blockquote><p>“&#8230;defensa de la prioridad de Finlay en el descubrimiento de la fiebre amarilla y en la formulación de la teoría de los vectores biológicos de enfermedades microbianas fue, durante los años de la república neocolonial, una de las banderas que esgrimieron los defensores de nuestra cultura nacional y del prestigio y capacidad de nuestro pueblo”.</p></blockquote>
<p><strong>El triunfo de Finlay</strong></p>
<p>A la defensa del legado de Carlos J. Finlay contribuyó, de forma significativa, la enseñanza de la historia de Cuba. sobre todo a partir de los libros de texto publicados entre 1902 y 1959. Pionero en esta labor reivindicadora fue <a href="https://www.ecured.cu/Vidal_Morales_Morales">Vidal Morales y Morales</a>, autor de <em>Nociones de Historia de Cuba</em>, texto que apareció en 1904 y tuvo varias ediciones. Precisamente en la quinta edición, revisada por <a href="https://www.ecured.cu/Carlos_de_la_Torre">Carlos de la Torre</a>, se planteó lo siguiente:</p>
<blockquote><p>“La primera intervención americana vino a llevar a cabo una obra radical de saneamiento, extirpando de raíz endemias que, como la fiebre amarilla, tifus, paludismo, etc., existían desde tiempo inmemorial en Cuba. Los trabajos de un ilustre hombre de ciencia cubano, el Dr. Finlay, que descubrió la transmisión de la fiebre amarilla por la picadura de un mosquito <u>stegomia fasciata</u>, permitió combatir con éxito la endemia hasta hacerla desaparecer completamente”.</p></blockquote>
<figure id="attachment_95376" aria-describedby="caption-attachment-95376" style="width: 186px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Vidal-Morales.-Archivo-del-autor.bmp"><img decoding="async" class="wp-image-95376 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Vidal-Morales.-Archivo-del-autor-186x300.jpg" alt="" width="186" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Vidal-Morales.-Archivo-del-autor-186x300.jpg 186w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Vidal-Morales.-Archivo-del-autor-93x150.jpg 93w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Vidal-Morales.-Archivo-del-autor.bmp 415w" sizes="(max-width: 186px) 100vw, 186px" /></a><figcaption id="caption-attachment-95376" class="wp-caption-text">Portada del libro de Vidal Morales. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>Le siguió en este empeño Juan M. Leiseca, autor del texto <em>Historia de Cuba</em> (1925). Como parte del contenido del libro, este episodio de nuestra historia fue denominado como “Triunfo de Finlay”. Se mencionó la necesidad que tuvieron los norteamericanos de erradicar la fiebre amarilla, así como la composición de la comisión dirigida por Reed. También se incluyeron aspectos de la historia de la enfermedad y se añadió que el</p>
<blockquote><p>“&#8230;médico cubano Carlos J. Finlay venía sosteniendo lo mismo, pero los grandes de la ciencia buscaban en los laboratorios y no podían hacer caso de un insignificante médico sin historia de sabio”.</p></blockquote>
<p>De la misma forma, este autor incluyó una breve reseña de los trabajos de la comisión resaltó el ejemplo honesto de los médicos Carroll y Lazear. Después planteó:</p>
<blockquote><p>“Carlos J. Finlay, humilde y modesto médico cubano, había triunfado. ¡El médico criollo tenía razón! Se había encontrado al transmisor de la fiebre amarilla, al transmisor de la muerte, y ya podía venir a Cuba la juventud de otros países sin temor a la sierpe. Finlay había señalado al transmisor, y ese era el <u>stegomya calopus</u>. Para combatir el mal bastaba destruir el insecto, y a esa obra se puso mano, con lo que desapareció la fiebre amarilla. Fue necesario que España perdiera a Cuba para que los españoles pudieran arribar a las playas cubanas en busca de fortuna sin encontrar la muerte segura y traidora oculta en la insignificante expresión de un mosquito”.</p></blockquote>
<figure id="attachment_95377" aria-describedby="caption-attachment-95377" style="width: 187px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Juan-M.-Leiseca.-Archivo-del-autor.bmp"><img decoding="async" class="wp-image-95377 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Juan-M.-Leiseca.-Archivo-del-autor-187x300.jpg" alt="" width="187" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Juan-M.-Leiseca.-Archivo-del-autor-187x300.jpg 187w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Juan-M.-Leiseca.-Archivo-del-autor-94x150.jpg 94w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Juan-M.-Leiseca.-Archivo-del-autor.bmp 449w" sizes="(max-width: 187px) 100vw, 187px" /></a><figcaption id="caption-attachment-95377" class="wp-caption-text">Portada del libro de Juan M. Leiseca. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>En el resumen correspondiente al capítulo donde se incluyeron las citas anteriores, Leiseca agregó, como uno de los hechos más relevantes del período, el siguiente comentario:</p>
<blockquote><p>“Otro suceso importantísimo fue el descubrimiento de la causa productora de la fiebre amarilla (el mosquito), triunfando la teoría o afirmación del médico cubano Carlos J. Finlay”.</p></blockquote>
<figure id="attachment_95378" aria-describedby="caption-attachment-95378" style="width: 210px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-95378 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Ramiro-Guerra.-Archivo-del-autor-210x300.png" alt="" width="210" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Ramiro-Guerra.-Archivo-del-autor-210x300.png 210w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Ramiro-Guerra.-Archivo-del-autor-105x150.png 105w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Ramiro-Guerra.-Archivo-del-autor.png 404w" sizes="auto, (max-width: 210px) 100vw, 210px" /><figcaption id="caption-attachment-95378" class="wp-caption-text">Portada del libro de Ramiro Guerra. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>En <em>Nociones de Historia de Cuba</em> (1927), el destacado historiador cubano <a href="https://www.ecured.cu/Ramiro_Guerra_S%C3%A1nchez">Ramiro Guerra Sánchez</a> expuso que durante la primera ocupación yanqui se realizaron «&#8230;grandes adelantos en la ejecución de obras de utilidad general y en la higiene pública”. Más delante agregó que las</p>
<blockquote><p>“&#8230;epidemias fueron muy combatidas, y se logró extirpar la fiebre amarilla. Este gran adelanto se logró gracias a que se comprobó la verdad de la teoría del sabio médico cubano don Carlos Finlay sobre el origen de la enfermedad, y a las medidas que en relación con dicho descubrimiento tomó el Jefe de Sanidad de la isla, Mr. Gorgas”.</p></blockquote>
<p><strong>Conquistador de la fiebre amarilla</strong></p>
<p>Uno de los textos más relevantes fue <em>Historia de Cuba</em> (1945), de <a href="https://www.ecured.cu/Fernando_Portuondo">Fernando Portuondo del Prado.</a> Este se utilizó en los Institutos de Segunda Enseñanza del país. En él se analizó lo referido a la obra sanitaria del gobierno de <a href="https://www.ecured.cu/Leonard_Wood">Leonard Wood</a> en Cuba, las medidas dictadas según las célebres <em>Ordenanzas sanitarias</em> y la labor de la Junta Superior de Sanidad. Después planteó su autor:</p>
<blockquote><p>“&#8230;fue inusitada la actividad y energía desplegadas por los agentes del servicio de sanidad para erradicar los focos de procreación de mosquitos, cuando quedó probada la teoría del sabio cubano Carlos Finlay sobre la transmisión de la fiebre amarilla por cierta especie de estos insectos”.</p></blockquote>
<figure id="attachment_95379" aria-describedby="caption-attachment-95379" style="width: 199px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Fernando-Portuondo.-Archivo-del-autor.bmp"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-95379 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Fernando-Portuondo.-Archivo-del-autor-199x300.jpg" alt="" width="199" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Fernando-Portuondo.-Archivo-del-autor-199x300.jpg 199w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Fernando-Portuondo.-Archivo-del-autor-99x150.jpg 99w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Fernando-Portuondo.-Archivo-del-autor.bmp 444w" sizes="auto, (max-width: 199px) 100vw, 199px" /></a><figcaption id="caption-attachment-95379" class="wp-caption-text">Portada del libro de Fernando Portuondo. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>Como aspecto novedoso, se incluyó en la figura 326, titulada “Probando la teoría de Finlay”, el cuadro “Conquistadores de la fiebre amarilla”, del pintor norteamericano Dean Cornwell. Al pie del grabado apareció que en el mismo</p>
<blockquote><p>“&#8230;ha sido reconstruido el dramático momento del año 1900, en que la Comisión de Fiebre Amarilla del Ejército Americano iniciaba la inoculación de la terrible enfermedad por medio de un mosquito infectado, en uno de los médicos militares sometidos voluntariamente a la riesgosa prueba. Entre los que presencian la operación aparecen de pie, a la izquierda, el sabio cubano autor de la teoría en experimento, y a la derecha, sentado, el gobernador militar, general Leonard Wood”.</p></blockquote>
<p>Sobre esta significativa obra plástica señaló José López Sánchez:</p>
<blockquote><p>“En esta misma fecha [1939] apareció el bien conocido cuadro (&#8230;), en la serie denominada <em>Pioneros de la Medicina Americana</em>. Cierto que la escena es imaginada y muy apartada de la realidad, ya que la Comisión americana llevó a cabo sus experimentos en circuito cerrado y absolutamente secreto, a la que no tuvo jamás acceso Finlay ni ningún otro investigador cubano. Lo meritorio del mismo es que aparece la figura de Finlay con sus rasgos de nobleza y bondad tan característicos de su personalidad y en una actitud como si bajo su vista se llevasen a cabo las inoculaciones. ¡Lástima grande para la ciencia médica fue que esta fantasía no fuese una plasmación de la realidad! Cornwell demostró valentía y honestidad al hacer figurar a Finlay en el cuadro y sobre todo en la pose que históricamente fue la cierta, la del maestro que presidía los experimentos para revelar la verdad de su magistral doctrina”.</p></blockquote>
<p>Otro libro de texto que asumió la defensa de Carlos J. Finlay fue <em>Resumen de la Historia de Cuba</em> (1949), publicado varias veces por Isidro Pérez Martínez. En uno de sus acápites, el titulado “El doctor Finlay y la fiebre amarilla”, se planteó que en el año</p>
<blockquote><p>“&#8230;1900, el médico cubano doctor Carlos J. Finlay demostró con pruebas terminantes que la fiebre amarilla era trasmitida por una clase de mosquitos, y se combatió de tal modo y con tanto acierto esa terrible enfermedad y su propagación que desapareció de Cuba. Ayudaron eficazmente al doctor Finlay en sus experimentos y demostraciones los doctores Agramonte, Delgado y Lazear, pereciendo este último a consecuencia de los experimentos”.</p></blockquote>
<figure id="attachment_95381" aria-describedby="caption-attachment-95381" style="width: 300px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-95381 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Edilberto-Marban-y-Elio-Leiva.-Archivo-del-autor-300x283.jpeg" alt="" width="300" height="283" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Edilberto-Marban-y-Elio-Leiva.-Archivo-del-autor-300x283.jpeg 300w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Edilberto-Marban-y-Elio-Leiva.-Archivo-del-autor-150x141.jpeg 150w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Edilberto-Marban-y-Elio-Leiva.-Archivo-del-autor-24x24.jpeg 24w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Portada-del-libro-de-Edilberto-Marban-y-Elio-Leiva.-Archivo-del-autor.jpeg 656w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-95381" class="wp-caption-text">Portada del libro de Edilberto Marbán y Elio Leiva. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>Con el texto <em>Curso de Historia de Cuba</em> (1959), publicado en 1956, se cierra este período histórico. Los autores, Edilberto Marbán Escobar y Elio Leyva Luna, describieron la situación sanitaria del país al cese de la soberanía española y mencionaron las medidas tomadas al respecto por Brooke y Wood, a cuyo gobierno, según ellos, correspondió la gloria “&#8230;de haber contribuido a exterminar en Cuba el vómito negro o fiebre amarilla…”.</p>
<p>Además, señalaron el arribo a Cuba de la comisión médica dirigida por Reed y que, después de fracasar en un inicio, se “&#8230;decidió verificar la del sabio cubano Carlos J. Finlay, quien, en agosto de 1881, la había dado a conocer a la Academia de Ciencias&#8230;”, la cual no tomó “&#8230;en mucha consideración el trabajo de Finlay&#8230;” en aquel momento. Seguidamente valoraron de manera positiva lo planteado por el médico cubano, con estas palabras:</p>
<blockquote><p>“Llevando a cabo sus experimentos mediante un riguroso plan científico, la Comisión pudo confirmar las teorías del sabio cubano e inmediatamente se dictaron las medidas sanitarias para combatir al mosquito, que los estudios de Finlay habían hallado como el agente trasmisor de la fiebre amarilla.  Las doctrinas de Finlay, que fueron comprobadas luego fuera de Cuba, permitieron hacer de La Habana y de las más importantes poblaciones de la Isla lugares perfectamente habitables desde el punto de vista sanitario; y gracias a ellos logróse la construcción del Canal de Panamá, al ser saneadas completamente aquellas regiones mediante una enérgica campaña antiamarilla”.</p></blockquote>
<p>Este texto también demuestra la labor desarrollada en defensa de la figura de Carlos J. Finlay y para que su legado científico fuese conocido en la escuela pública, mediante la publicación de libros para la enseñanza. Los historiadores cubanos contaron con el propio ejemplo de Carlos J. Finlay, máxima figura de la ciencia cubana, sobresaliente además por sus cualidades humanas. No se trataba de opacar la gloria o el aporte de Reed, sino de valorar correctamente lo que nos pertenecía. No es posible olvidar, como señaló José López Sánchez, que la</p>
<blockquote><p>“&#8230;esta contribución científica de Finlay fue un ingrediente más en la conciencia nacional que se oponía y hacía imposible esta pretendida acción de los Estados Unidos. En otras palabras, que Finlay, sin proponérselo de modo consciente, contribuyó a derrotar a los anexionistas, y su teoría fue un arma importante para los que aspiraban a una patria independiente, libre y soberana”.</p></blockquote>
<p>Durante décadas los historiadores cubanos, mediante la publicación de libros de texto de historia de Cuba para la escuela pública, desarrollaron una positiva labor en defensa de la vida y obra del médico cubano Carlos J. Finlay. En estos textos, aunque se reconoció como positiva la labor sanitaria del primer gobierno yanqui de ocupación sin destacar en ocasiones sus intenciones políticas, se refleja que esto solo fue posible tras la aplicación de las tesis de Carlos J. Finlay.</p>
<p>Adecuados a la edad de los estudiantes a los cuales iban dirigidos, estos libros de presentaron al pueblo cubano los valores presentes en Carlos J. Finlay y la trascendencia de su obra científica. Cada uno de estos textos, al reconocer al médico cubano como una legítima gloria de la patria, realizó una perdurable contribución a la defensa de verdad histórica y la identidad nacional cubana.</p>
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		<title>El triunfo de Finlay en el pincel de Esteban Valderrama</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Ernesto Martínez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Mar 2025 15:20:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reseña]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos J. Finlay]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia Cubana]]></category>
		<category><![CDATA[Esteban Valderrama]]></category>
		<category><![CDATA[Fiebre Amarilla]]></category>
		<category><![CDATA[Triunfo de Finlay]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Triunfo de Finlay” es una obra de arte unió para siempre la figura del científico...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>“Triunfo de Finlay” es una obra de arte unió para siempre la figura del científico cubano Carlos J. Finlay con el nombre del pintor matancero Esteban Valderrama.</strong></p>
<p>Reproducida en múltiples publicaciones, la pintura “Triunfo de Finlay” es un ejemplo de la estrecha relación entre ciencia y arte. La historia que cuenta está imbricada en la esencia de la nación cubana y la lucha porque prevalezcan la verdad y la justicia.</p>
<h3>La vida de un artista</h3>
<p><a href="https://www.ecured.cu/Esteban_Valderrama_Pe%C3%B1a">Esteban Valderrama Peña</a> fue un gran pintor academicista cubano, que nació en Matanzas el 16 de marzo de 1892. Tras cursar la primera enseñanza, recibió una pensión del Gobierno Provincial para ingresar en la Academia de San Alejandro, en La Habana. Viajó a Europa en 1908 y estudió en la Academia de Bellas Artes San Fernando, de Madrid. También lo hizo en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Politécnica, ambas en la capital francesa. En estas instituciones recibió reconocimientos por los notables resultados de su aprendizaje.</p>
<p>En 1915 se le confirió el premio del Concurso para Portada de la revista literaria Mundial, dirigida por el poeta nicaragüense <a href="https://www.ecured.cu/Rub%C3%A9n_Dar%C3%ADo">Rubén Darío</a>. De regreso a Cuba en 1914, ingresó en la Universidad de La Habana, donde se graduó de Doctor en Filosofía y Letras y en Pedagogía. En 1917 diseñó el escudo provincial de Matanzas.</p>
<figure id="attachment_80555" aria-describedby="caption-attachment-80555" style="width: 210px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-80555 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/esteban-valderrama-pena-210x300.jpg" alt="" width="210" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/esteban-valderrama-pena-210x300.jpg 210w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/esteban-valderrama-pena-105x150.jpg 105w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/esteban-valderrama-pena.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 210px) 100vw, 210px" /><figcaption id="caption-attachment-80555" class="wp-caption-text">Esteban Valderrama Peña. Fotografía que aparece en el Magazine La Lucha (1924). Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>Comenzó entonces a dibujar para el periódico <em>El Heraldo de Cuba</em>, dirigido entonces por el prestigioso periodista <a href="https://www.ecured.cu/Manuel_M%C3%A1rquez_Sterling">Manuel Márquez Sterling</a>. Se destacó por los retratos, a página completa, de los héroes de la independencia en las ediciones dominicales. A partir de entonces realizó numerosos cuadros por encargos de carácter oficial. Varios se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Matanzas.</p>
<p>El 2 de agosto de 1918 Estaban Valderrama comenzó a formar parte del claustro de profesores de la Academia de Pintura San Alejandro. Allí trabajó en las cátedras de Anatomía Artística, Historia del Arte, Colorido y Composición y la de Perspectiva. Dirigió la institución en tres momentos: 1935, de 1939 a 1942, y en 1949. Participó, además, en la fundación de la Escuela Elemental de Artes Plásticas Anexa.</p>
<p>Fue un pintor muy laureado. En 1915 expuso el cuadro “Fundamental”, primer premio de la Academia Nacional de Artes y Letras de La Habana. El retrato al pastel “General Menocal”, obtuvo medalla de bronce en la Panama-Pacific International Exposition. “Campesinos cubanos” ganó medalla de oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1930 y medalla de oro en un Salón Nacional del Círculo de Bellas Artes de La Habana.</p>
<p>Es muy célebre su óleo sobre la muerte de <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_Mart%C3%AD">José Martí</a>, el cual, sin embargo, no existe en la actualidad. Fue destruido por el propio Valderrama debido a las críticas que recibió. Se salvó para la posteridad por fotografías que se le hicieron al momento de ser exhibido en 1918. Entre sus obras maestras aparecen las pinturas “El Origen del Escudo y La Bandera de Cuba” y “Pamona y Mercurio”. También el retrato de José Martí, tamaño natural, que se conserva en México, así como los de <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_Ra%C3%BAl_Capablanca">José Raúl Capablanca</a> y <a href="https://www.ecured.cu/Franklin_Delano_Roosevelt">Franklin Delano Roosevelt</a>. Como escultor se destacó el busto del patriota <a href="https://www.ecured.cu/Rafael_Sim%C3%B3n_Morales_y_Gonz%C3%A1lez">Rafael Morales y González</a>.</p>
<p>Esteban Valderrama murió en La Habana, el 14 de abril de 1964.</p>
<h3>El triunfo de Finlay</h3>
<p>Dentro de las obras más reconocidas de Esteban Valderrama se destacó el óleo mural “Triunfo de Finlay”. Según recoge la historia, le fue encargado en 1942 por el gobierno constitucional de <a href="https://www.ecured.cu/Fulgencio_Batista">Fulgencio Batista</a>, tras una demanda victoriosa en defensa de Carlos J. Finlay como verdadero y único autor del descubrimiento del mosquito <em>Aedes aegipty</em> como trasmisor de la fiebre amarilla. Fue exhibida de forma permanente en el Palacio Presidencial. Para la periodista y crítica de arte <a href="https://www.ecured.cu/Lol%C3%B3_de_la_Torriente">Loló de la Torriente</a>, fue “…una de sus obras mejores…”.</p>
<p>“Triunfo de Finlay” se dedicó a un momento trascendental para la medicina cubana y mundial. Está ambientado históricamente en el periodo de la primera ocupación militar norteamericana en Cuba. En él, Valderrama destacó el protagonismo del sabio cubano ante el grupo de médicos estadounidenses que comprobó experimentalmente su teoría científica.</p>
<p>Representa un hecho ocurrido el 1 de agosto de 1900. Ese día, en una casa de la calle Aguacate, número 110, casi esquina a Teniente Rey, Finlay recibió a los miembros de la comisión. Ante ellos expuso los resultados de las investigaciones que realizaba sobre la fiebre amarilla desde hacía más de veinte años. El nombre de “Triunfo de Finlay” destaca que, a los estadounidenses, tras la incredulidad inicial, no le había quedado más remedio que escuchar al médico cubano. Además, se hace referencia a que ese hecho fue la puerta para el camino que llevó a la comprobación, definitiva y triunfal, de la teoría de Finlay.</p>
<p>En su obra Valderrama mostró una típica vivienda cubana. La habitación está ventilada con amplias puertas. Estas poseen vitrales coloridos y el techo está sostenido por fuertes vigas. Una puerta abierta permite observar la vegetación del patio interior. Se deja ver un escritorio de trabajo, provisto de gavetas, que tiene encima instrumentos científicos, libros y papeles manuscritos. También hay una butaca para sentarse a trabajar. Los instrumentos son una jeringuilla para inyección, un termómetro y un colorímetro, en sus estuches. Sobresale el microscopio óptico binocular, uno de los primeros utilizados en América. Además, hay un ábaco para cálculos matemáticos.</p>
<p>El cuadro en la pared contiene una representación de la “Magna carta”, otorgada en Inglaterra en 1215, que prometía una serie de derechos ante al absolutismo real. Aún constituye un símbolo y es frecuentemente citada por políticos y activistas angloparlantes y respetada por las comunidades legales británicas y estadounidenses. Se ha considerado “el documento constitucional más grande de todos los tiempos: la fundación de la libertad del individuo contra la autoridad arbitraria del déspota”. La presencia de este documento histórico puede deberse al origen inglés de Finlay por la vía paterna. También es posible que Valderrama lo hubiese utilizado como símbolo de la justicia que había coronado el esfuerzo de Finlay.</p>
<p>El grupo humano representado en «Triunfo de Finlay» lo integran seis personas, todos médicos. Tres visten de civil y el resto usa uniforme militar. Estos últimos difieren en el color de la vestimenta: blanco, azul oscuro y carmelita. En este detalle se han querido ver los colores de la bandera del 4 de septiembre de 1933, movimiento castrense que significó la entrada de Batista en la política cubana. Además, simbolizan las instituciones armadas del país: el blanco a la marina de guerra, el azul oscuro a la policía y el carmelita al ejército.</p>
<figure id="attachment_80558" aria-describedby="caption-attachment-80558" style="width: 163px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-80558 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/20250318_144922-163x300.jpg" alt="" width="163" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/20250318_144922-163x300.jpg 163w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/20250318_144922-81x150.jpg 81w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/20250318_144922.jpg 508w" sizes="auto, (max-width: 163px) 100vw, 163px" /><figcaption id="caption-attachment-80558" class="wp-caption-text">Explicación del contenido del cuadro «Triunfo de Finlay».  (Cuaderno de Historia Sanitaria, 15)</figcaption></figure>
<p>A la derecha abre el grupo Carlos J. Finlay. Está vestido con un traje oscuro y en sus manos sostiene una jabonera de porcelana que contiene huevos del mosquito <em>Aedes aegipty</em>. Le sigue, un poco atrás y a su lado, el médico cubano <a href="https://www.ecured.cu/Antonio_D%C3%ADaz_-Albertini_Mojarrieta">Antonio Díaz Albertini</a>. Con uniforme blanco y los brazos colocados a la espalda aparece <a href="https://www.ecured.cu/Walter_Reed">Walter Reed</a>, jefe de la comisión estadounidense. Después, <a href="https://www.ecured.cu/James_Carroll">James Carroll</a>, con uniforme azul oscuro y los brazos cruzados sobre el pecho. Le continúa <a href="https://www.ecured.cu/Jesse_William_Lazear">Jesse Lazear</a>, quien viste uniforme carmelita y es, además de Finlay, el único con barba. Por último, en el borde izquierdo, sobre el buró y con el mentón apoyado en su mano izquierda, <a href="https://www.ecured.cu/Carlos_Eduardo_Finlay_Shine">Carlos Eduardo Finlay</a>, hijo del sabio cubano.</p>
<p>En esta entrevista colectiva los médicos estadounidenses escucharon las explicaciones de Finlay, quien les entregó información científica derivada de sus investigaciones y huevos de mosquito. De estos provino el ejemplar del cual se dejó picar el médico Jesse Lazear, quien murió de fiebre amarilla el 25 de septiembre de 1900.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La obra pictórica “Triunfo de Finlay”, del matancero Esteban Valderrama, representó un momento cumbre en el proceso de eliminación de la fiebre amarilla como problema de salud en Cuba y las Antillas. La visita de la comisión médica estadounidense a Finlay fue, al decir del historiador José López Sánchez,</p>
<blockquote><p>“(…)el origen real, único y verdadero que motivó un cambio de actitud de la comisión, y su decisión de experimentar con mosquitos”.</p></blockquote>
<h3><strong>Destino de una pintura</strong></h3>
<p>Ejecutada para la decoración del Palacio Presidencial de La Habana, la obra “Triunfo de Finlay” puede ser admirada en la sede de la Academia de Ciencias de Cuba, calle Cuba 460, entre Aguiar y Teniente Rey, Habana Vieja. Se colocó allí en 1963, como parte del Museo Histórico de las Ciencias Carlos J. Finlay, por el historiador <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_L%C3%B3pez_S%C3%A1nchez">José López Sánchez</a>. En esta acción participó el propio Valderrama, con ayuda del pintor <a href="https://www.ecured.cu/Ram%C3%B3n_Loy_Gonz%C3%A1lez">Ramón Loy</a>.</p>
<figure id="attachment_80559" aria-describedby="caption-attachment-80559" style="width: 206px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-80559 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/37751659484_418f1efe3e-206x300.jpg" alt="" width="206" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/37751659484_418f1efe3e-206x300.jpg 206w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/37751659484_418f1efe3e-103x150.jpg 103w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/37751659484_418f1efe3e.jpg 343w" sizes="auto, (max-width: 206px) 100vw, 206px" /><figcaption id="caption-attachment-80559" class="wp-caption-text">«Triunfo de Finlay» en la sede de la Academia de Ciencias de Cuba, La Habana. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>También es posible disfrutar de este lienzo en la Colección Ramos, de la ciudad de Miami. Según algunas fuentes Roberto Ramos, un cubano coleccionista, adquirió una copia en España, restauró y llevó a la Florida. Forma parte de la colección de Daytona Beach “Cuban Masters Collection” y está valorado en 600,000 dólares.</p>
<figure id="attachment_80560" aria-describedby="caption-attachment-80560" style="width: 164px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-80560 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/cuba_valderrama_finlay-164x300.webp" alt="" width="164" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/cuba_valderrama_finlay-164x300.webp 164w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/cuba_valderrama_finlay-82x150.webp 82w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/cuba_valderrama_finlay.webp 540w" sizes="auto, (max-width: 164px) 100vw, 164px" /><figcaption id="caption-attachment-80560" class="wp-caption-text">«Triunfo de Finlay» en la Colección Ramos, Miami. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>La verdad es que “Triunfo de Finlay” forma parte del patrimonio de las artes plásticas cubanas. Representa, no sólo la victoria de la idea defendida con convicción por un hombre de ciencia, sino también el premio al logro científico más grande del pueblo cubano en todos los tiempos. (LLOLL)</p>
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		<title>La breve e intensa vida científica de José Tomás Cartaya</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Ernesto Martínez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Mar 2025 14:51:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos J. Finlay]]></category>
		<category><![CDATA[historia de la ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[historia de la medicina]]></category>
		<category><![CDATA[José Tomás Cartaya]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Guiteras]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El matancero José Tomás Cartaya fue un joven médico con una obra brillante en la...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El matancero José Tomás Cartaya fue un joven médico con una obra brillante en la historia de la medicina cubana.</strong></p>
<p>En Matanzas se educó y vivió sus primeros años José Tomás Cartaya Zamudio. Había nacido en Cádiz el 14 de julio de 1881. A corta edad se radicó en la Atenas de Cuba, ciudad natal de sus padres.</p>
<p>Estudió en el colegio El Siglo, donde cursó las primeras letras y sobresalió por su aplicación e inteligencia. En 1891 ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas para cursar el bachillerato. La situación política de Cuba hizo que su familia se trasladara a Estados Unidos, lo cual interrumpió esos estudios.</p>
<p><strong>Una vida de esfuerzos</strong></p>
<p>Ya huérfano de ambos padres, alcanzó el título de Bachiller en Artes en La Habana en 1898. Se graduó de Doctor en Medicina, en la Universidad de La Habana, en 1903. Para ello contó con la ayuda económica de un amigo de la familia, Don Ramón Pelayo, a quien consideró un padre afectivo.</p>
<p>Sobre la carrera universitaria de José Tomás Cartaya dejó este testimonio uno de sus amigos, el Doctor <a href="https://www.ecured.cu/Octavio_Montoro" target="_blank" rel="noopener">Octavio Montoro</a>:</p>
<blockquote><p>“El carácter de Cartaya se templó durante sus estudios. No tienen ni pueden tener el mismo espíritu, el mismo valor para vivir la vida; el que crece y se educa en medio de las fáciles y cómodas condiciones del hijo adinerado, que el que joven y solo, tiene que luchar para llevar a cabo sus ideales y aspiraciones contra el medio indiferente u hostil y la pobreza. Cartaya, señores, luchó bravamente hasta alcanzar su título, en el año de 1903, es decir, a los 22 años de edad.</p>
<p>Es curioso anotar que, durante el curso de su carrera universitaria, Cartaya fue un estudiante que obtuvo muy pocos sobresalientes. Este hecho causaba admiración en sus compañeros, testigos de la seria labor que Cartaya realizaba durante todo el año. Él era un alumno eminente para sus condiscípulos, aunque no lo fuese para sus profesores.</p>
<p>No ha sido Cartaya una excepción en esto, sin embargo. El que más tarde brilló y sobresalió en el ejercicio de la profesión en el Laboratorio y en el Hospital, no llamó nunca sobre sí la atención como estudiante. (…)”.</p>
<p>“Quizás también, ese injusto trato universitario que recibió Cartaya fue acicate para que continuase siempre, cada vez con mayores entusiasmos, en la labor de sus estudios. La crítica exagerada de sus trabajos, le sirvió más que nada para alentarlo en la lucha; que si, por el contrario, se le hubiera declarado «urbi et orbe» «Eminencia», mediocre estudiante hubiérase quedado para toda su vida, que es error grave y que perjudica, ensalzar demasiado a los que empiezan, que el éxito fácil no estimula y que, recordando a Pope, podemos decir, que cuando menos, el elogio inmerecido, no es más que el disfraz de la sátira.</p>
<p>A Cartaya la crítica sólo le estimuló para perfeccionarse”.</p></blockquote>
<p>Para profundizar los conocimientos sobre medicina y estar a tono con las tendencias mundiales en la epidemiología, José Tomás Cartaya continuó sus estudios en The London School of Tropical Medicine. En este centro trabajó como médico, a propuesta de los doctores Edwar Wilson y de Guy Ruata. Después hizo una estancia en el Bellevue Hospital y Medical School, de New York. En ambas instituciones médicas profundizó en temas sobre parasitología y enfermedades tropicales.</p>
<p>Al regresar, se desempeñó como ayudante de Bacteriología en el Laboratorio Nacional, donde aplicó los nuevos aprendizajes. Allí trabajó junto a los doctores <a href="https://www.ecured.cu/Juan_Nicol%C3%A1s_D%C3%A1valos_Betancourt" target="_blank" rel="noopener">Juan N. Dávalos</a>, también matancero, e Ignacio Calvo. Representó la nueva hornada de médicos cubanos, que se formó bajo la sabia guía de <a href="https://www.tvyumuri.cu/tag/carlos-j-finlay/" target="_blank" rel="noopener">Carlos J. Finlay</a> y <a href="https://www.ecured.cu/Juan_Guiteras_Gener" target="_blank" rel="noopener">Juan Guiteras</a>.</p>
<p>Ocupó la vicedirección del Hospital Las Animas durante doce años. En varias ocasiones debió sustituir provisionalmente al Dr. Juan Guiteras como director. Trabajó intensamente en el Laboratorio de Las Animas, donde dio continuidad a la labor investigativa de grandes figuras de la medicina cubana.</p>
<p>Tomó parte activa en la lucha contra todas las epidemias que afectaron Cuba en aquellos años: peste bubónica, cólera, meningitis cerebro-espinal, poliomielitis, tifus exantemático, escarlatina, difteria, viruela, entre otras. Junto a Juan Guiteras y <a href="https://www.ecured.cu/Ar%C3%ADstides_Agramonte_Simon%C3%AD" target="_blank" rel="noopener">Arístides Agramonte</a>, refutó el supuesto parásito de la fiebre amarilla enunciado por el doctor Harald Seidilin.</p>
<p>Viajó por toda Cuba como miembro de comisiones sanitarias, pues fue un gran estudioso de las epidemias, su tema predilecto de investigación. Se le consideró uno de los mejores discípulos de Carlos J. Finlay y “…el más fiel propagandista de sus doctrinas”.</p>
<p>A José Tomás Cartaya se le nombró, a sugerencia de Juan Guiteras y otros colegas, miembro de la Comisión Nacional de Cuba en el Congreso Internacional de Tuberculosis. El doctor Arístides Agramonte, lo propuso como miembro fundador de la Sociedad de Medicina Tropical de Cuba. Además, a sugerencia de Finlay, fue vocal en la comisión organizadora de las juntas anuales de la American Public Health Asociation.</p>
<p>Realizó trabajos con el doctor Henry E. Viereng, que le dieron gran renombre en el gremio médico. Las investigaciones que acometió en colaboración con C. M. Weyon en el Welcome Bureau of Scientific Research, de Londres, sobre los eritrocitos de los conejillos de Indias y su relación con el parásito de la fiebre amarilla, fueron muy reconocidas.</p>
<h3><strong>Ciencia por el mundo</strong></h3>
<p>Tres diferentes comisiones se le confiaron a José Tomás Cartaya entre 1908 y 1911. Primero, recorrió Haití y Santo Domingo, para informar sobre la higiene pública en esos países. Después, fue enviado por el gobierno cubano para estudiar la existencia de la peste bubónica en las Islas Canarias.</p>
<p>También fue comisionado en 1910 para visitar los lugares infectados por el cólera morbo asiático. Viajó junto al doctor Spinier, del U. S. Marine Hospital Service, por los puertos de la costa norte de Alemania. Trabajó en los hospitales militares de Kiel y de Lubbeck. En esos lugares realizó trabajos sobre aglutinación de gérmenes en las diversas enfermedades contagiosas, que fueron muy elogiados.</p>
<figure id="attachment_79709" aria-describedby="caption-attachment-79709" style="width: 300px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-79709 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/prensa_0267-copia-300x123.jpg" alt="" width="300" height="123" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/prensa_0267-copia-300x123.jpg 300w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/prensa_0267-copia-150x62.jpg 150w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/prensa_0267-copia.jpg 500w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-79709" class="wp-caption-text">Noticia sobre el viaje de José T. Cartaya a Europa, publicada en el Diario de la Marina, el 18 de septiembre de 1918. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>Investigó en los hospitales de Bremen, Rotterdam, Amberes, Riga, San Petersburgo, Libau y Havre. En Italia colaboró en la extinción del cólera en Nápoles. Para ello recorrió toda la península, el Piamonte, Mónaco y la meseta del Ródano. Por las habilidades y dedicación que demostró en esta comisión, el doctor Trautman, de Alemania, lo consideró un “virtuoso del microscopio”.</p>
<p>Otros lugares que visitó fueron Andorra y Rusia. Luego fue a España y recorrió todo el norte y el este de la península, las Islas Baleares, Marruecos, Senegal, Portugal, las islas de Cabo Verde, Puerto Rico y las Antillas Menores. En todos estos lugares ganó justa fama por su labor científica y la modestia de su carácter. Parte de la labor realizada, fue recogida por José Tomás Cartaya en “Informe sobre el cólera en Italia” y “Peste bubónica en las Canarias”. Ambos informes fueron publicados en el <em>Boletín de Sanidad</em> en 1911.</p>
<p>Al regresar a Cuba, José Tomás Cartaya formó parte de la comisión creada para estudiar las medidas profilácticas necesarias durante la epidemia de dengue de 1915. También estudió, por encargo del IV Congreso Médico Nacional, las ventajas y contraindicaciones de la medicación intravenosa. De espíritu enciclopédico, profundizó en las enfermedades nerviosas y fue médico de esta especialidad en el Dispensario Tamayo. Aunque aspiró a ella, no pudo acceder a la cátedra auxiliar de Enfermedades Nerviosas y Mentales en la Universidad de La Habana.</p>
<p>En la <em>Revista de Medicina Tropical</em> dio a conocer buena parte de los resultados de las investigaciones que realizó. Fue muy elogiado el artículo “Tripanosomas y espirilos. Contribución al estudio del Tripanosoma Lewisi» (1904). Con <a href="https://www.ecured.cu/Mario_Garc%C3%ADa-Lebredo_Arango" target="_blank" rel="noopener">Mario García-Lebredo</a> publicó “Las infecciones secundarias en la fiebre amarilla” (1906) y con Juan Guiteras el estudio “El dengue en Cuba. Su importancia y su diagnóstico con la fiebre amarilla” (1906).</p>
<p>Junto al destacado bacteriólogo Juan N. Dávalos, fue autor de “Consideraciones sobre la etiología de ciertas enfermedades infecciosas. Autopsia de un caso de septicemia hemorrágica con examen bacteriológico” (1909), trabajo que había leído en la Sociedad de Medicina Tropical, el 26 de enero de 1909. Con Dávalos también escribió “La tuberculosis bovina en Cuba” (1909).</p>
<p>Otro ejemplo de los resultados de la colaboración que sostuvo José Tomás Cartaya con sus colegas, fue la comunicación “Meningitis cerebro espinal epidémica. Su tratamiento por el suero antimeningococcio” (1916). Se publicó en la <em>Revista de Medicina y Cirugía de la Habana</em>, junto con el doctor Alberto Recio. Igualmente, Cartaya y el doctor Ignacio Calvo fueron autores de la reseña “Descripción de un germen patógeno aislado del agua” (1904), que apareció en la revista <em>Crónica Médico Quirúrgica de la Habana</em>.</p>
<p>Fue autor de unas “Consideraciones sobre un caso de disentería. Inspección amébica y bacilar del intestino”, que publicó en la revista <em>Archivos de la Policlínica</em>. Otro trabajo, “Profilaxia del cólera y de la peste bubónica” (1911), se dio a conocer en las páginas de los <em>Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos</em>. Con Ignacio Calvo escribió “Estudio comparativo de los bacilos tipo humano y tipo no humano” (1910). La ponencia que presentó al Tercer Congreso Médico Nacional fue “Administración intravenosa del suero antidiftérico” (1914).</p>
<figure id="attachment_79711" aria-describedby="caption-attachment-79711" style="width: 300px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-3.bmp"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-79711 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-3-300x217.jpg" alt="" width="300" height="217" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-3-300x217.jpg 300w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-3-150x109.jpg 150w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-3.bmp 563w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-79711" class="wp-caption-text">Trabajo presentado por José T. Cartaya en el Tercer Congreso Médico Nacional.</figcaption></figure>
<p>También publicó trabajos en el <em>Boletín de Sanidad</em>. Entre ellos “Nueva filaria y otros parásitos en la sangre del murciélago. (Artibeus perspeciliatus)” (1910) y “Pneumonía en Los Palacios” (1911). Además, “Consideraciones sobre algunos casos de fiebre tifoidea de larga duración” (1912) y “Estudios en sangre de muermo. Glóbulos rojos nucleados” (1912). En la misma revista aparecieron los artículos “Nota preliminar sobre el agente productor del tracoma” (1909), que escribió junto a Carlos E. Finlay, y “Un caso de tifus exantemático importado en el Hospital Las Animas” (1911), con J. A. Taboadela (1911).</p>
<h3><strong>La muerte prematura</strong></h3>
<p>En la plenitud de su talento, José Tomás Cartaya murió de un ataque cardíaco el 28 de febrero de 1917, a los 35 años de edad. Cuando le sorprendió la muerte tenía varios proyectos científicos y estaba en vísperas de contraer matrimonio.</p>
<figure id="attachment_79710" aria-describedby="caption-attachment-79710" style="width: 214px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-1.bmp"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-79710 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-1-214x300.jpg" alt="" width="214" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-1-214x300.jpg 214w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-1-107x150.jpg 107w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Foto-1.bmp 247w" sizes="auto, (max-width: 214px) 100vw, 214px" /></a><figcaption id="caption-attachment-79710" class="wp-caption-text">Foto de José Tomás Cartaya publicada en la revista Bohemia el 13 de mayo de 1917. Archivo del autor.</figcaption></figure>
<p>En el artículo que el doctor Mario García-Lebredo, uno de sus grandes amigos, le dedicó a José Tomás Cartaya en la revista <em>Bohemia</em>, expresó:</p>
<blockquote><p>“Tres cultos llenaban su corazón: el recuerdo de su padre, también muerto joven y ya viudo: su ciudad natal que amaba como la aman todos los que en ella nacen: Matanzas; y, Guiteras, al que tenía cariño filial, y respeto de discípulo no quebrantado por años de labor conjunta”.</p>
<p>“Cartaya muere joven; en su corta vida quizás no fue feliz, y no lo fue, justamente, por carácter no hecho a la lucha encarnizada, sino propenso al aislamiento de toda esfera de acción turbulenta. Y es dolorosa esa vida, y esa muerte prematura que trunca una existencia laboriosa patentizada en gran número de trabajos e informes, quedando del infortunado y querido amigo, recuerdos de cosas tristes: de una infancia de orfandad, de una juventud de lucha, de una muerte repentina en plena edad viril… ¡Duerma en paz!”.</p></blockquote>
<figure id="attachment_79753" aria-describedby="caption-attachment-79753" style="width: 165px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-79753" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/prensa_0005-copia-165x300.jpg" alt="" width="165" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/prensa_0005-copia-165x300.jpg 165w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/prensa_0005-copia-83x150.jpg 83w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/prensa_0005-copia.jpg 225w" sizes="auto, (max-width: 165px) 100vw, 165px" /><figcaption id="caption-attachment-79753" class="wp-caption-text">Obituario de José Tomás Cartaya, publicado en el Diario de la Marina el 1 de marzo de 1917, p. 3.</figcaption></figure>
<p>La Sociedad de Historia Natural Felipe Poey, de la que fue miembro, consignó en el obituario dedicado a José Tomás Cartaya:</p>
<blockquote><p>“…arrancado al afecto de los suyos prematuramente, a los treinta años de edad, cuando—a juzgar por las pruebas que dio en el campo de la microscopía biológica relacionada con la etiología de los procesos infecciosos y de la patología experimental—tan hermoso fruto prometía y días de satisfacción para su patria amada. Descanse en paz quien debió, por sus méritos, vivir largamente la existencia que en justicia corresponde a los espíritus cultos y buenos”.</p></blockquote>
<p>Tras esa prematura muerte su hermano, el también médico Eduardo Cartaya, creó el Premio José Tomás Cartaya para el mejor estudiante de medicina en la asignatura Microbiología. Este consistía en el regalo de un microscopio. En 1961<strong>, </strong>la Resolución Ministerial 247 del Ministerio de Salud Pública, le dio el nombre de José Tomás Cartaya Zamudio a una de las salas del Hospital Antiinfeccioso de La Habana, antiguo Hospital Las Animas, hoy Hospital Pediátrico de Centro Habana.(LLOLL)</p>
<p>La entrada <a href="https://www.tvyumuri.cu/matanzas/la-breve-e-intensa-vida-cientifica-de-jose-tomas-cartaya/">La breve e intensa vida científica de José Tomás Cartaya</a> se publicó primero en <a href="https://www.tvyumuri.cu">TV Yumurí</a>.</p>
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		<title>Finlay, Matanzas y el primer reporte sobre el bocio en Cuba</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Ernesto Martínez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Dec 2024 13:22:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[bocio]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos J. Finlay]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia en Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[medicina cubana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En 1862, en la ciudad de Matanzas, una mujer le planteó a un médico que...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En 1862, en la ciudad de Matanzas, una mujer le planteó a un médico que padecía de histeria. El joven galeno se llamaba Carlos J. Finlay y gracias a esta consulta se realizó el primer reporte sobre bocio exoftálmico en Cuba.</strong></p>
<p>El bocio exoftálmico es un trastorno endocrino, muy conocido y estudiado en la actualidad. Se caracteriza por la hipertrofia de la glándula tiroides con protrusión o proyección anormal de los globos oculares, anemia e hiperfuncionamiento cardíaco. También puede provocar temblores, irritabilidad mental y debilidad muscular. La causa fundamental de esta enfermedad radica en la ausencia de yodo.</p>
<p>El 1 de diciembre de 1862, una mujer negra de nombre Inés Sosa, de 37 años de edad y partera de oficio, visita al médico <a href="https://www.ecured.cu/Carlos_J._Finlay">Carlos J. Finlay</a>, radicado en Matanzas en esa fecha. Todo lo observado en el diagnóstico, tratamiento y evolución de la paciente, fue descrito por Finlay en el informe “Bocio exoftálmico. Observación”, comunicado a la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana el 8 de febrero de 1863. Al año siguiente, se publicó en el tomo inicial de los <em>Anales</em> de esta institución.</p>
<p>Al iniciar su escrito, Finlay reconoce que se siente motivado por los debates en la Academia de París sobre la que denomina “…enfermedad tan extraña…”. Después menciona a los médicos Robert J. Graves (1796-1835), irlandés, y Karl Adolph von Basedow (1799-1854), alemán, como los que habían descrito científicamente la dolencia.</p>
<p>Comenta a continuación lo relatado por la paciente acerca de todos los síntomas padecidos desde el año 1858. Es fácil observar en esta lectura que Finlay hizo un adecuado uso del método clínico y que las preguntas que realizó le proporcionaron toda la información preliminar que necesitaba. Después pasó a describir lo que percibió en el examen físico de la enferma. Comenta incluso los resultados del análisis de orina que le realizó el día 5 de diciembre.</p>
<p>Con toda esta información consideró que se trataba de “…la enfermedad conocida ya bajo el nombre de Bocio exoftálmico”. Ofrece entonces Finlay su conclusión: “El cuadro sintomático se hallaba completo: la perturbación de las funciones del corazón con dilatación y alguna hipertrofia de este órgano; la hipertrofia y vascularización del cuerpo tiroides; la prominencia del ojo sin alteración notable de la vista; el desarrollo de los vasos del cuello y de la cabeza; los paroxismos de palpitaciones; los síntomas histéricos, la dismenorrea, la frecuencia del pulso, presentaban un conjunto característico de la enfermedad de Graves”.</p>
<p>Seguidamente expuso el tratamiento seguido, los medicamentos utilizados y los resultados. Descarta, por inconveniente, la aplicación de hielo “…sobre el cuello y sobre la región del corazón…”. Señaló que a las tres semanas la mejoría era evidente, pues los síntomas fueron mejorando con rapidez, lo cual confirmaba el diagnóstico inicial.</p>
<p>Después de destacar el “…interés que nos presenta este caso por ser el primero que hayamos observado en la isla de Cuba…”, Finlay compara lo aprendido en el caso estudiado en Matanzas con lo planteado por varios profesores en la Academia de París. En sus consideraciones apoyó a los que sostenían que la causa de la enfermedad se debía a “…una neurosis del nervio gran simpático…”. Hay que recordar que en esa fecha aún no habían sido descubiertas las hormonas, por lo cual el origen del bocio se atribuía a causas nerviosas.</p>
<p>En la conclusión del reporte, Finlay calificó al bocio exoftálmico como una enfermedad «&#8230;interesante…». Se declaró, además, complacido si lograba llamar la atención de sus colegas hacia “…una afección que existe realmente entre nosotros y cuyo estudio no es ya un objeto de mera curiosidad”.</p>
<p>El artículo “Bocio exoftálmico. Observación”, fue el primer reporte y el primer artículo científico acerca de esta enfermedad endocrina publicado en Cuba. Fue, también, el primero que dio a conocer su autor y con el cual iniciaría su larga lista bibliográfica en los <em>Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana</em>. Todos estos méritos corresponden a Carlos J. Finlay.</p>
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		<title>Medicina y patriotismo en Enrique Barnet y Roque de Escobar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Ernesto Martínez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Sep 2024 11:57:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[tvyumuri]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos J. Finlay]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia en Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Barnet]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fiel a la ciencia, el médico matancero Enrique Barnet se consagró a su profesión. Al...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Fiel a la ciencia, el médico matancero Enrique Barnet se consagró a su profesión. Al mismo tiempo, fue un patriota que contribuyó a sanar las heridas de su madre mayor: Cuba.</strong></p>
<p>El 14 de julio de 1855 nació, en la ciudad de Matanzas, <a href="https://www.ecured.cu/Enrique_Barnet_Roque_de_Escobar">Enrique Buenaventura Barnet y Roque de Escobar</a>. Recibió la enseñanza primaria en el Colegio La Empresa de su ciudad natal, donde bebió la savia vital del patriotismo. Se graduó de bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas en 1869.</p>
<p>Muy joven viajó a España para cursar estudios. En la Universidad de Barcelona obtuvo el título de licenciado en medicina y cirugía en 1875, grado que revalidó en las Universidades de New York (1896) y Caracas (1898).</p>
<p>En 1892 visitó Francia, Suiza y Alemania, donde estudió la organización de la higiene pública de esos países, experiencia que le serviría de mucho en el futuro. De regreso a Cuba en 1875, ejerció su profesión en Ceiba Mocha, Cienfuegos, Cruces y Santa Isabel de las Lajas, hasta 1895.</p>
<p>Conspirador comprometido con la nueva contienda, se trasladó a Nueva York al comenzar la guerra del 95. Allí formó parte de la emigración patriótica y fundó el club revolucionario “Oscar Primelles”. En este club organizó, en 1896, un célebre homenaje a los ocho estudiantes de medicina fusilados en 1871. Además, fue nombrado enviado especial del Partido Revolucionario Cubano en Colombia y Venezuela.</p>
<p>Regresó a Cuba terminada la guerra y asumió como médico del ejército. En 1900 alcanzó el doctorado en medicina en la Universidad de La Habana. La tesis que defendió para obtener ese grado trató acerca de “Ciertas manifestaciones locales de la sífilis”.</p>
<p>Se desempeñó como jefe de despacho de la Jefatura Nacional de Sanidad, jefe ejecutivo del Departamento de Sanidad de La Habana y secretario de la Junta Nacional de Sanidad (1902-1909). También fue asesor sanitario de la comisión consultiva del segundo gobierno interventor (1906-1909) que aprobó la creación de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia y director del Boletín Oficial de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia (1909-1916).</p>
<p>Sobresalió, junto a <a href="https://www.ecured.cu/Carlos_J._Finlay">Carlos J. Finlay</a>, <a href="https://www.ecured.cu/Juan_Guiteras_Gener">Juan Guiteras</a> y otros médicos cubanos, en la organización de la salud pública cubana. También se destacó en el saneamiento del país y el combate a la fiebre amarilla.</p>
<p>Perteneció a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la Sociedad de Estudios Clínicos, la Sociedad Económica de Amigos del País, la Sociedad Cubana de Medicina Tropical, la Academia de Historia de Caracas, The Natural Geographic Society y otras instituciones.</p>
<p>Publicó <em>Algunas instituciones sanitarias de Berlín</em> (1908) y <em>Consideraciones sobre el estado sanitario en Cuba</em> (1913). Le correspondió escribir los elogios de sus colegas <a href="https://www.ecured.cu/Domingo_Fern%C3%A1ndez_Cubas">Domingo Fernández Cubas</a> y <a href="https://www.ecured.cu/Joaqu%C3%ADn_Albarr%C3%A1n">Joaquín Albarrán</a>. Aportó sus conocimientos sobre higiene pública en <em>Fiebre amarilla. Instrucciones populares para evitar su contagio y propagación</em> (1906), <em>Fiebre tifoidea. Instrucciones populares para evitar propagación</em> (1907) e <em>Instrucciones populares sobre la peste bubónica</em> (1908).</p>
<p>Al morir, víctima de la tuberculosis en Nueva Orleans, Estados Unidos, el 23 de septiembre de 1916, su cuerpo fue trasladado a Cuba. La Academia de Ciencias le rindió un sentido homenaje. En ese triste momento, el doctor <a href="https://www.ecured.cu/Jorge_Le_Roy_y_Cass%C3%A1">Jorge Le Roy</a> expresó: “su muerte deja un vacío difícil de llenar y su vida pública un ejemplo digno de ser imitado por todo el que verdaderamente ame a su patria”. (ALH)</p>
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		<title>Carlos Juan Finlay: El visionario de la fiebre amarilla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hugo Ferreiro Anglés]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Aug 2024 16:10:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Aedes Aegypti]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos J. Finlay]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Juan Finlay]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Fiebre Amarilla]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En un lugar cimero de la historia científica de América Latina está Carlos Juan Finlay,...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En un lugar cimero de la historia científica de América Latina está Carlos Juan Finlay, quien ocupa por derecho indiscutible un lugar destacado. Este médico y científico cubano, que falleció en la ciudad de La Habana el 19 de agosto de 1915, se enfrentó a los retos de su tiempo con la curiosidad y valentía propias de un pionero, dotado de un carácter familiar europeo debido a su padre escocés-francés y de su madre hispano-francesa.</p>
<p>Sus contribuciones más notables se centran en la investigación sobre la fiebre amarilla, una enfermedad que azotó de manera inclemente al Caribe y partes del continente americano durante el siglo XIX.</p>
<p>Fue en una época donde la teoría de los miasmas dominaba la idea de propagación de enfermedades, que Finlay propuso una hipótesis revolucionaria: el mosquito Aedes aegypti era el vector responsable de la transmisión de la fiebre amarilla. En sus propias palabras, sentenció que este insecto “es el verdadero portador del veneno específico de esta enfermedad”.</p>
<p>A pesar de que su teoría, presentada por primera vez en 1881 en la Academia de Ciencias de La Habana, fue recibida con escepticismo, Finlay no se dejó amedrentar. La historia le daría la razón dos décadas más tarde cuando la Comisión Médica del Ejército de los Estados Unidos, liderada por Walter Reed, verificó sus hallazgos, llevándolos a aplicarse en la lucha contra la fiebre en Cuba.</p>
<p>Finlay dejó una huella profunda y tangible, describió Reed, y sus contribuciones como “evidencia absoluta de que el mosquito es el agente transmisor de la fiebre amarilla”, lo que puso fin a un flagelo que diezmaba poblaciones enteras.</p>
<p>El legado de Carlos Juan Finlay trasciende el campo de la medicina. Su trabajo ejemplifica el poder del pensamiento innovador y la resiliencia frente al rechazo.</p>
<p>Su historia es un claro ejemplo de cómo la ciencia debe desafiar las convenciones establecidas cuando hay vidas en juego. Además, en un contexto político y social convulso en Cuba, Finlay logró que su nacionalidad y su entorno no fueran un obstáculo para obtener el respeto y reconocimiento en el ámbito internacional.</p>
<p>Carlos Juan Finlay es, sin duda, un pionero y un modelo a seguir. Su vida y obra son una lección sobre la importancia de mantenernos firmes en nuestras convicciones científicas y buscar siempre el bienestar común, dejando a un lado los dogmas y los prejuicios.</p>
<p>Finlay dejó un legado tremendo que sigue inspirando a científicos y médicos cubanos, y a especalistas alrededor del mundo, destacando la validez de una verdad: la perseverancia alimenta el progreso. (ALH)</p>
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		<title>Carlos J. Finlay: la gloria de un descubrimiento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Ernesto Martínez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Aug 2024 02:12:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos J. Finlay]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia Cubana]]></category>
		<category><![CDATA[Fiebre Amarilla]]></category>
		<category><![CDATA[Mosquito]]></category>
		<category><![CDATA[TVYumuri]]></category>
		<category><![CDATA[Walter Reed]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 14 de agosto de 1881 el médico Carlos J. Finlay presentó en La Habana...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El 14 de agosto de 1881 el médico <a href="https://www.ecured.cu/Carlos_J._Finlay">Carlos J. Finlay</a> presentó en La Habana una hipótesis sobre la trasmisión de la fiebre amarilla. El tiempo demostró la genialidad de su propuesta.</p>
<p>La fiebre amarilla fue, durante el siglo XIX, el principal problema de salud pública que existió en Cuba. Los médicos intentaron explicar sus causas, pero siempre fue en vano. Eran miles las personas fallecidas por su causa todos los años, sobre todo recién llegados al país.</p>
<p>Carlos J. Finlay estuvo estudiando los diversos aspectos de la enfermedad durante largo tiempo. Ese mismo año, en febrero de 1881, tuvo oportunidad de presentar su hipótesis en la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en Washington, Estados Unidos.</p>
<p>Allí expuso que era necesaria la presencia de un agente de trasmisión para la propagación de la fiebre amarilla. Esto sucedía, declaró, de un individuo atacado por la enfermedad, a otro completamente sano.</p>
<p>Seis meses después, al presentar el resultado de sus investigaciones en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, fue más allá. Había determinado que ese agente de transmisión era un mosquito y precisó que se trataba de la especie Culex mosquito.</p>
<p>La disertación de Finlay ante la Real Academia se tituló “El mosquito hipotéticamente considerado como agente de trasmisión de la fiebre amarilla”. Al terminar su lectura nadie intervino. Su propuesta quedó “sobre la mesa”, por si alguien decidía volver a leerla.</p>
<p>Pasaron varios años y nadie en Cuba entendió ni aceptó la teoría de Finlay. Por primera vez se planteaba que un animal, en particular un insecto, podía trasmitir una enfermedad entre seres humanos. Era demasiado revolucionaria esa hipótesis.</p>
<p>No obstante, Finlay continuó sus investigaciones. Contó, únicamente, con el apoyo de un gran amigo: el doctor <a href="https://www.ecured.cu/Claudio_Delgado_Amestoy">Claudio Delgado</a>, médico español radicado en Cuba.</p>
<p>La situación cambió con la intervención y ocupación de Cuba por los estadounidenses en 1898. Para estudiar la fiebre amarilla fue enviada una comisión de médicos, dirigida por el doctor <a href="https://www.ecured.cu/Walter_Reed">Walter Reed</a>.</p>
<p>A esa comisión entregó Finlay toda la documentación recopilada y hasta huevos y ejemplares de Culex mosquito. Realizados varios ensayos y pruebas, no quedó más remedio que admitir que el médico cubano tenía razón.</p>
<p>Así fue reconocido, en primer lugar, por sus colegas cubanos de la Real Academia. También quedó rendida ante las evidencias la comisión médica estadounidense y el propio gobierno interventor.</p>
<p>La gloria de Finlay no se limitó a la fiebre amarilla. Había realizado un aporte perdurable a la medicina y a la biología. Cuando esto fue evidente, comenzaron los intentos por minimizar su aporte, lo cual aún se mantiene con más o menos intermitencia.</p>
<p>Por más de cien años Cuba ha sabido defender la obra de Carlos J. Finlay, el único vencedor de la fiebre amarilla. Es un patrimonio que honra la ciencia cubana.</p>
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		<title>Carlos J. Finlay, cubano universal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Ernesto Martínez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Feb 2024 11:30:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos J. Finlay]]></category>
		<category><![CDATA[Fiebre Amarilla]]></category>
		<category><![CDATA[Medicina]]></category>
		<category><![CDATA[Mosquito]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fiel a la verdad científica, el médico cubano Carlos J. Finlay hizo, con sus investigaciones,...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Fiel a la verdad científica, el médico cubano <a href="https://www.ecured.cu/Carlos_J._Finlay">Carlos J. Finlay</a> hizo, con sus investigaciones, un aporte trascendental en más de un sentido. El ejemplo de su vida y obra es inspiración para los científicos cubanos.</strong></p>
<p>Contra la fiebre amarilla</p>
<p>En 1881 el médico cubano Carlos Juan Finlay asistió a la V Conferencia Sanitaria Internacional celebrada en Washington, Estados Unidos. Ante un público selecto presentó los resultados de sus investigaciones sobre la fiebre amarilla, el 18 de febrero. Quedó recogida para la historia su idea de que era necesario un “agente” para transmitir la enfermedad del individuo enfermo al sano.</p>
<p>Meses después, el 14 de agosto, expuso, entre sus colegas de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, su revolucionaria concepción. Esta vez fue más explícito: se trataba de un insecto, específicamente de un mosquito. Señaló, incluso, la especie: Culex mosquito, hoy conocido como Aedes aegypti.</p>
<p>Tales afirmaciones no eran resultado de la casualidad, sino de una labor científica de muchos años. Con paciencia y abnegación, Finlay se había consagrado a investigar sobre la fiebre amarilla, quizás el principal problema de salud en la Cuba de entonces.</p>
<p>Con un método riguroso, fue descartando otras variables, como la influencia climática. También realizó experimentos con voluntarios y comprobó que las personas afectadas alguna vez, quedaban inmunizadas de por vida.</p>
<p>Sin embargo, por atrevida, su teoría no fue apoyada por la comunidad médica cubana. Esto no hizo desmayar a Finlay, sino todo lo contrario. Continuó investigando, acumulando evidencias y se mantuvo fiel a la verdad científica.</p>
<p>El valor de una teoría</p>
<p>La idea sostenida por Finlay acerca del mosquito como agente trasmisor de la fiebre amarilla, significó una ruptura de las concepciones epidemiológicas que prevalecían en aquellos tiempos. Muchos pensaban que las enfermedades se propagaban debido al contacto directo entre las personas o debido a la influencia de un factor ambiental.</p>
<p>Sin embargo, su descubrimiento, era aún más valioso. Aportaba una generalización sin precedentes para la biología. Se trataba de la posibilidad de que un animal, en este caso un insecto, era capaz de trasmitir una enfermedad, lo cual no había sido demostrado anteriormente. La investigación que desarrolló abrió el camino de una nueva especialidad: la entomología médica.</p>
<p>Leer la obra de Finlay remite a un investigador exquisito, con una aplicación rigurosa del método científico. El título de su trabajo: El mosquito hipotéticamente considerado como agente transmisor de la fiebre amarilla, expresa, en su sencillez de sólo 11 palabras, la genialidad de un verdadero hombre de ciencia.</p>
<p>La gloria de Finlay</p>
<p>Pasaron los años y el problema de la fiebre amarilla continuaba sin resolverse. No quedó más remedio que acudir a Finlay. Así lo hizo en 1900 la comisión médica estadounidense encargada de buscar una solución. Demostrando su grandeza una vez más, Finlay les explicó su teoría y los resultados de sus experimentos. Incluso, les entregó huevos del mosquito que había identificado.</p>
<p>Puesta en práctica, la teoría que defendía fue comprobada, algo que él ya había realizado varios años antes, aunque sin reconocimiento oficial. Al mismo tiempo, se pusieron en práctica sus recomendaciones para eliminar las larvas del mosquito y sus criaderos, lo que garantizaba el fin de la fiebre amarilla.</p>
<p>El triunfo de su teoría permitió el saneamiento de Cuba y la erradicación de la fiebre amarilla en 1909. También posibilitó la construcción del Canal de Panamá, gigantesca obra ingeniera que ha influido notablemente en el comercio y la economía mundiales.</p>
<p>Ningún otro científico cubano ha realizado un mayor aporte a la humanidad. Tan sólido fue su legado que todos los intentos de silenciarlo o tergiversarlo han fracasado. Carlos J. Finlay es el único e indiscutible autor de la teoría del mosquito como agente transmisor de la fiebre amarilla.</p>
<p>La gloria de Finlay pertenece a él y a Cuba. (ALH)</p>
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