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	<title>Profesora archivos - TV Yumurí</title>
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	<title>Profesora archivos - TV Yumurí</title>
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		<title>María Hilda y la paloma</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción TV Yumurí]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Dec 2025 18:28:12 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>«La clase es una paloma en la escuela de cristal», escribió Raúl Ferrer. Así me...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>«La clase es una paloma en la escuela de cristal», escribió Raúl Ferrer. Así me imagino el aula de María Hilda cuando describe su filosofía: «Me gusta emplear métodos activos, crear momentos cargados de alegría, emoción (&#8230;) que mis alumnos aprendan a autogestionar el conocimiento».</strong></p>
<p>¿Cuántas Marías hay en la Universidad de Matanzas? Veinte, treinta o más. Si oyes «María Hilda», la mente busca un rostro entre la multitud. Pero si alguien dice «Muma», ocurre el milagro neuronal: la memoria se ilumina. Muma no es un nombre más; es ella: la profesora, la colega, la persona inolvidable que, con solo dos sílabas, ocupa todo el recuerdo.</p>
<p>Quienes estudiaron en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) «Luis Augusto Turcios Lima» en los años 80, la recuerdan como una profesora de Español y Literatura joven, jovial y siempre activa, con una curiosidad insaciable y una profunda responsabilidad. Ese primer contacto con el mundo del deporte despertó en ella una sensibilidad única hacia la vida del atleta.</p>
<p>Aunque ejerció la docencia en otras instituciones, años más tarde regresaría al sistema de enseñanza deportiva, esta vez a la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA), con renovada pasión. Allí se desempeñó inicialmente como profesora; luego se dedicó a la atención integral del deportista, hasta que, con el surgimiento de las Sedes Universitarias Municipales, fue nombrada directora de la Facultad de Cultura Física en Varadero.</p>
<p>Muma siente en lo más profundo el pulso del sacrificio deportivo. Vibra con el esfuerzo de quienes dedican horas silenciosas al entrenamiento, madrugadas a la preparación, años a la perfección de un gesto.</p>
<p>Por eso creó en la Universidad de Matanzas «Orgullo de mi pueblo», un proyecto que trasciende un simple espacio: es un acto de amor hacia quienes han convertido el deporte en su razón de ser. «Lo creé por una necesidad urgente: que la comunidad universitaria comprenda realmente qué hay detrás del deportista cubano», explica.</p>
<p>«No se trata solo de aplaudir el triunfo. Se trata de reconocer el recorrido: los años de esfuerzo invisible, el sacrificio —las renuncias y el dolor superado—, los logros, las frustraciones&#8230; porque no siempre se gana, pero siempre se aprende, y los sueños», comenta.</p>
<p>Para ella, estos atletas son embajadores de nuestra cubanía. «Con su esfuerzo llevan a escenarios internacionales lo mejor de nuestra identidad: esa mezcla única de resistencia, alegría, dignidad y pasión que nos define. Son quienes izan bien alta nuestra bandera en podios lejanos, haciendo que en cada competencia un pedacito de Cuba brille con luz propia. Cuando un deportista cubano compite, no lleva solo su nombre. Lleva la historia de su barrio, el apoyo de su familia, las esperanzas de su pueblo».</p>
<p>Y cierra: «Esta es mi manera de aportar a que las personas se sientan orgullosas de ser cubanas. Mostrando a esos héroes cotidianos que, sin buscar fama, representan lo mejor de nosotros».</p>
<p>El compromiso de Muma se renueva cada día en su entorno. Trabajar en una Facultad de Cultura Física de Excelencia, rodeada de colegas de una calidad humana increíble —que la han sostenido en los momentos más difíciles— y presenciar cómo sus estudiantes, muchos de ellos atletas de alto rendimiento, alcanzan sus metas, la impulsa a crecer y a corresponder con la misma entrega.</p>
<p>«Sabes, para mí lo más difícil en mi labor como educadora es perder un estudiante, tanto física como académicamente. He perdido algunos, y eso es muy duro», confiesa.</p>
<p>Entonces comprendo que, para esta sexagenaria mujer cubana, educar y enaltecer el esfuerzo deportivo resulta más que una profesión: constituye parte misma de su esencia. «Me siento muy querida por todos. Ese afecto representa el motor que me hace venir cada mañana a la Universidad con energía renovada».</p>
<p>Al concluir nuestra conversación, un saludo prolongado y cariñoso de un exalumno que se encuentra con ella por el pasillo ratifica el cariño que despierta. Y en ese instante queda claro que, en el aula de cristal de María Hilda García Pérez, definitivamente, ha pasado la paloma.</p>
<p><a href="https://www.facebook.com/100063672923498/posts/pfbid033ztE8ooXpdwQqVJ4XiVYC9UcYu684Boa77KWXxhnAjmnUkMrKZRHe84uSyeEzu6Yl/?app=fbl">Yasnier Hinojosa/ Perfil de Facebook Universidad de Matanzas</a></p>
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		<title>Walquiria: Anatomía de una Vocación Forjada en la Resiliencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción TV Yumurí]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Nov 2025 13:56:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[tvyumuri]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura Física]]></category>
		<category><![CDATA[Profesora]]></category>
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		<category><![CDATA[Walkiria Dorta Romero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aunque su esbelta figura podría sugerir una antigua trayectoria atlética, la Dra. Walquiria Dorta Romero...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque su esbelta figura podría sugerir una antigua trayectoria atlética, la Dra. Walquiria Dorta Romero lo desmiente con humor: «¡Nunca! Es mi fenotipo. Solo practiqué deporte de manera normal en la escuela, pero nada más. Mi acercamiento al deporte fue posterior».</p>
<p>Ingresó a la educación superior mediante convocatorias, anclada inicialmente en la Facultad de Agronomía, donde su formación biológica le permitió impartir Microbiología. A pesar de no estar ligada al ámbito deportivo, la oportunidad de trasladarse a la Facultad de Cultura Física en 2001 marcó un punto de inflexión. Allí comenzó a impartir Fisiología del Ejercicio Físico. Tras seis años, y debido a las necesidades de la disciplina, su rol evolucionó hacia la Biología del Ejercicio Físico, ambas asignaturas de las ciencias aplicadas. «Nunca imaginé que mi camino me llevaría al mundo del deporte», recuerda con una sonrisa que desarma.</p>
<p>El enamoramiento por enseñar, en la que hoy es la Facultad de Ciencias de la Cultura Física, fue desde el principio. Confiesa que no conocía ese mundo y tuvo que prepararse profundamente para impartir estas asignaturas, agradeciendo mucho a los compañeros que la acogieron.</p>
<p>Su maestría en 2004, centrada en la actividad física, fue un testimonio de esta dedicación, un momento que definió su carrera al descubrir la intersección entre pedagogía y ciencias de la cultura física.</p>
<p>El contacto con atletas de alto rendimiento y practicantes del deporte fue crucial en su desarrollo. «Cada conversación con un atleta me enseñaba algo nuevo».</p>
<p>«En esos años -cuenta-, había grupos nombrados cursos de atletas, eran muchachos procedentes de escuelas de deportes provinciales, nacionales, y estudiantes atletas con condiciones excepcionales, muy buenas. Entonces el intercambio, el tener que lidiar en ese proceso docente con ese tipo de estudiante, es lo que lo hace a uno como profesor trazar ese objetivo de que hay que buscar, de que hay que aplicar, de que hay que vincular la asignatura con la actividad física. Y ahí es donde se va desarrollando ese respeto por el deporte».</p>
<p>Walquiria concibe el proceso de manera tal que el profesor no es el único portador del saber, atletas como Rayneris Salas, tres veces campeón mundial, medallista panamericano y olímpico, a quien tuvo en su aula, o la observación diaria de los entrenamientos de Lissandra Guerra, una gloria del ciclismo latinoamericano y mundial, le ofrecieron perspectivas únicas sobre el esfuerzo y la resistencia. Las teorías biológicas se ponían a prueba en la práctica, y esta interacción le permitió comprender la esencia del deporte: la forja del carácter y la voluntad inquebrantable.</p>
<p>Un duro golpe fracturó su mundo: la pérdida de su única hija. «Su memoria me empujó a seguir adelante», confesó con una voz que aún tiembla al evocar el recuerdo. En medio de la desolación, el estudio y la investigación se erigieron como una vía de trascendencia. El doctorado, iniciado poco después, fue un compromiso asumido en honor a su hija y como una forma de evadir la dura realidad. «El estudio se convirtió en mi santuario, en una forma de honrar su memoria», explicó, dejando claro que la academia no fue solo un trabajo, sino un bálsamo para el alma.</p>
<p>Su trabajo en Venezuela amplió su perspectiva, logrando un crecimiento personal y profesional significativo.</p>
<p>Para la profesora, que sienta cátedra en la formación de profesionales del deporte, y es un referente de educadora por la manera magistral que imparte sus clases, la enseñanza es un pilar fundamental: «Debemos dar lo mejor a esos estudiantes que viajan, gastan en pasajes y meriendas, y se esfuerzan día a día», afirma con la firmeza de un mandato ético. Su dedicación a los alumnos resulta inquebrantable; ella entiende los sacrificios que hacen al invertir en su educación. «Mi satisfacción radica en triunfar junto a ellos».</p>
<p>La Dra. Walquiria no solo imparte Fisiología; con cada lección de vida, desvela la anatomía de la superación humana. Su existencia, cincelada por la pérdida y forjada en la dedicación académica, constituye la prueba irrefutable de que la vocación inquebrantable se erige como el verdadero motor del ser.</p>
<p>En la reciprocidad de sus alumnos, Walquiria halla la más hermosa recompensa a su entrega generosa, un eco vibrante de su propia pasión.<br />
<a href="https://www.facebook.com/100063672923498/posts/pfbid02SdUH6FWXBG9KGuF9tb5NsWgZmDvy8GgmCyjXmDFaJUDzbPp1wt5jzYp4vaZHZNvCl/?app=fbl">Yasnier Hinojosa/ Perfil de Facebook de la Universidad de Matanzas</a></p>
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		<title>El arte de enseñar: Historia de una vida dedicada al magisterio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción TV Yumurí]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Nov 2025 17:14:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevista]]></category>
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		<category><![CDATA[Inés Salcedo Estrada]]></category>
		<category><![CDATA[Pedagogía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A menudo, el foco mediático se centra en determinados premios nacionales , soslayando galardones igual...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>A menudo, el foco mediático se centra en determinados premios nacionales , soslayando galardones igual de cruciales que distinguen un trabajo silencioso y transformador. El Premio Nacional de Pedagogía, fue el reconocimiento que, en 2019, coronó —junto a otros importantes lauros— la vasta trayectoria de la profesora Inés Salcedo Estrada, una vida dedicada por entero a la educación.</strong></p>
<p>Su vocación nació durante su etapa preuniversitaria, en un momento en que el país necesitaba formar profesores. Siendo militante de la juventud, Inés dio una respuesta positiva y decidió ingresar en el Instituto Pedagógico Enrique José Varona.</p>
<p>De pequeña soñaba con ser ingeniera o arquitecta, imaginando planos y construcciones que dejarían huella en el mundo. Sin embargo, el destino la condujo a un aula, donde descubrió su verdadera pasión.</p>
<p>Terminar entre los mejores graduados le permitió a Inés recibir su título de manos del Comandante Fidel Castro. «En ese instante sentí que estaba en el lugar correcto», recuerda. La ceremonia tuvo lugar en la escuela en el campo La Ceiba, en La Habana, durante una jornada productiva. «Salimos de allí con toda la fuerza de la juventud, con la convicción de que teníamos que cumplir bien la tarea que se nos había encomendado, educar».</p>
<p>Su primera misión consistió en incorporarse al destacamento pedagógico «Manuel Ascunce Domenech» como profesora de Biología, en Jagüey Grande, un lugar fuera de su provincia donde nunca había estado. Sin embargo, su incondicionalidad y dedicación fueron inmediatamente reconocidos, y se le pidió asumir el cargo de subdirectora de una escuela secundaria básica en el campo (ESBEC)“Georgi Dubrovolsky” y además se desempeñó con el mismo cargo en la ESBEC “Primer Congreso”.</p>
<p>Así, su primer año no transcurrió en el aula con el Destacamento, sino liderando instituciones mediante una prestación de servicio.</p>
<p>Sobre la experiencia en las ESBEC nos cuenta: «No todo fue fácil». Aquel primer desafío como subdirectora fue abrumador, pero la curiosidad en los ojos de sus estudiantes y ser parte de su crecimiento le producían una satisfacción indescriptible.</p>
<p>Al culminar esa misión en 1973, se incorporó a la formación de jóvenes como subdirectora docente del destacamento en la filial universitaria Alberto Fernández Monte de Oca , y se mantendría en cargos de dirección hasta 1982.</p>
<p>Inés se enorgullece, junto a sus colegas, de haber sido una de las iniciadoras del Destacamento Pedagógico «Manuel Ascunce Domenech», un esfuerzo colectivo para formar nuevos maestros en tiempos de cambio.</p>
<p>Sobre esa etapa cuenta: “Yo estuve una década con nuestros jóvenes formándolos, yo tenía 22 años cuando ingresé, mis alumnos tenían 15 (&#8230;) cuando uno ocupa la labor de dirección y es profesor de una escuela vive la vida de sus estudiantes , si los muchachos tenían algún problema, eran jovencitos, uno sufría eso también”.</p>
<p>En 1982 obtuvo una beca para realizar un doctorado en la Unión Soviética. Regresó en 1986 con su grado científico y se incorporó directamente a la filial del Instituto Pedagógico en Matanzas, trabajando desde entonces en la formación superior de profesores.</p>
<p>Desde su retorno y a lo largo de su fructífera carrera en la educación superior, su labor como tutora de tesis de maestrías y doctorados y asesora ha sido fundamental: «He vivido 46 carreras de maestrías y 16 doctorados. Por tanto, en cada momento vivido, cada periodo vivido ha sido para mí de mucho acompañamiento, de mucho trabajo, de mucho esfuerzo, he sufrido lo que sufren, pero también he sentido la alegría de que han terminado. Y entonces para mí cada vez que terminan es un júbilo”, apunta.</p>
<p>Los años 2017 y 2019 constituyeron momentos significativos en su carrera, cuando recibió tres grandes reconocimientos: el Premio Nacional de Biología y el título de Profesor Emérito de su universidad y el Premio Nacional de Pedagogía. «Esos tres grandes reconocimientos que afianzan el compromiso con la educación», afirma.</p>
<p>«Una larga vida en la docencia —52 años; pero sigo aquí aún en la universidad; ya tengo 75”. Y concluye con humildad y sabiduría: «Yo lo que he sido, tal vez, una heredera y continuidad de una obra de los que me precedieron. Por tanto, creo que eso es lo que he hecho. Y lo que siempre he defendido y he dicho públicamente: que lo he hecho impregnada de una gran vocación».</p>
<p>Para la profesora Inés, la enseñanza no solo era una profesión; era un llamado que resonaba en su corazón. En cada aula, sentía que estaba construyendo algo más grande que ella misma: un futuro lleno de posibilidades. Así, su vida se convirtió en un hermoso viaje de amor y dedicación por la educación, dejando una huella imborrable en aquellos que tuvieron la fortuna de aprender de ella.</p>
<p>Más allá de los galardones, el mejor premio lo siguen dando sus estudiantes cada día. Su legado se proyecta, hoy más que nunca, como una inspiración permanente.</p>
<p><a href="https://www.facebook.com/100063672923498/posts/pfbid02rQgffGn5sqopebajLuRVdmCk6gTGrjk2v2z25byKJEf915DVKv5FUx4hMGRbALe7l/?app=fbl">Tomado del Perfil de Facebook de la Universidad de Matanzas </a></p>
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		<title>Sentirse útil: Norma Sainz de la Torre León</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción TV Yumurí]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Nov 2025 12:30:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[tvyumuri]]></category>
		<category><![CDATA[Norma Sainz de la Torre León]]></category>
		<category><![CDATA[Profesora]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología deportiva]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En un espacioso salón de la Facultad de Ciencias de la Cultura Física, su figura...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En un espacioso salón de la Facultad de Ciencias de la Cultura Física, su figura sublime se erige como un símbolo de dedicación y amor por la educación y el deporte. Con 76 años, Norma Sainz de la Torre León nos comparte momentos de su trayectoria con una mezcla de nostalgia y orgullo.</strong></p>
<p><strong>“</strong>Soy graduada de profesora de educación física del primer curso de la Escuela Superior de Cultura Física (ESPF) en La Habana”, dice, su voz resuena con la experiencia acumulada a lo largo de los años.</p>
<p>Norma rememora cómo se construyó esa escuela, un lugar donde “la mayoría del claustro de profesores eran extranjeros”. Esto le abrió las puertas a oportunidades únicas: “Cuando nos graduamos, los mejores expedientes fuimos a hacer maestrías y doctorados a los antiguos países socialistas. A mí me tocó por suerte la República Democrática Alemana , que era uno de los países más avanzado en las ciencias aplicadas al deporte. Me hice especialista en psicología del deporte”.</p>
<p>Desde 1973, cuando la ESCF Comandante Manuel Fajardo se transformó en el Instituto Superior de Cultura Física, Norma ha sido parte integral del desarrollo educativo y deportivo en Cuba.</p>
<p>“En el año 82 comencé a trabajar en la facultad en Matanzas. Y desde entonces estoy aquí”, comparte. De los 57 años de trabajo,  40 han sido dedicados a la educación superior, su compromiso es inquebrantable.</p>
<p>La psicología del deporte es una de sus pasiones. “Es una materia fascinante”, afirma con entusiasmo. Pero su labor no se detiene ahí. “En la actualidad yo doy además inteligencia emocional, (&#8230;) y que es muy necesario”, explica. Para ella, esta asignatura es crucial: “En épocas de crisis, el egoísmo impera y es necesario que la gente reconozca sus errores y sus fortalezas para ser mejores personas”.</p>
<p>Norma reconoce poseer un temperamento colérico que le resulta difícil dominar, especialmente ante las injusticias. “Me cuesta mucho trabajo controlarme cuando se comete a mi alrededor cualquier tipo de bajeza”, afirmó.</p>
<p>En su vida laboral ha enfrentado muchos desafíos: “Fui fundadora de escuelas en las montañas. Estuve en escuelas durante un año que eran en casas de campaña, sin agua, sin baño, teniendo clases debajo de las matas”.</p>
<p>Sin embargo, hay un dolor clavado en su pecho que siempre la acompañará: “Yo fui psicóloga que aplicó pruebas a los muchachos del equipo de esgrima que la CIA hizo que explotaran en el aire en el viaje de Barbados a La Habana. Esa pérdida me dolió mucho. Cinco de esos muchachos estaban en mi aula; eran alumnos míos”.</p>
<p>Como psicóloga, ha aplicado sus conocimientos en una amplia gama de disciplinas deportivas, desde el béisbol hasta la esgrima. Con orgullo recuerda su labor “ con equipos nacionales, como Las Morenas del Caribe, y también aquí en Matanzas, con el béisbol de los Citricultores, el año en que ganaron el campeonato”.</p>
<p>Norma posee una vocación innata para la enseñanza: “Donde yo mejor me siento es en un aula”, confiesa con una sonrisa, aunque es consciente de que su trayectoria docente se aproxima a su fin. “Ahora estoy llegando a los últimos momentos de mi carrera. Físicamente no puedo más”, admite con franqueza. El tiempo, un glaucoma avanzado, atentan, pero permanece firme en la facultad impulsada por la convicción de que “aún les soy útil y un poquito necesaria”.</p>
<p><a href="https://www.facebook.com/100063672923498/posts/pfbid02E7z75HKy99wMx8gR7akc6LuYPwL2wNCrX6z6htscFiAHpMS2YHRcKVUnLyRC7JAYl/?app=fbl">Tomado del perfil de Facebook de Universidad de Matanzas</a></p>
<p>La entrada <a href="https://www.tvyumuri.cu/educacion/sentirse-util-norma-sainz-de-la-torre-leon/">Sentirse útil: Norma Sainz de la Torre León</a> se publicó primero en <a href="https://www.tvyumuri.cu">TV Yumurí</a>.</p>
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		<title>Lisaida Gracia Lamar: enseñar a sentirel arte</title>
		<link>https://www.tvyumuri.cu/cultura/lisaida-gracia-lamar-ensenar-a-sentirel-arte/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Roxana Valdés Isasi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Oct 2025 12:00:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[tvyumuri]]></category>
		<category><![CDATA[Artista de la plástica]]></category>
		<category><![CDATA[Lisaida Gracia Lamar]]></category>
		<category><![CDATA[Profesora]]></category>
		<category><![CDATA[TV Yumurí]]></category>
		<category><![CDATA[Unión de Reyes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A sus 77 años, Lisaida Gracia Lamar Martínez constituye una de las figuras más queridas...</p>
<p>La entrada <a href="https://www.tvyumuri.cu/cultura/lisaida-gracia-lamar-ensenar-a-sentirel-arte/">Lisaida Gracia Lamar: enseñar a sentirel arte</a> se publicó primero en <a href="https://www.tvyumuri.cu">TV Yumurí</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>A sus 77 años, Lisaida Gracia Lamar Martínez constituye una de las figuras más queridas y respetadas de la cultura en Unión de Reyes.</strong></p>
<p>En su natal Juan Gualberto Gómez ha dedicado su vida a las artes plásticas y a la formación de generaciones de creadores. Este año, esta mujer sencilla y apasionada por el color, recibió la Distinción “La Tórtola”, máximo reconocimiento que otorga la cultura en Matanzas, a quienes consagran su vida a este sector.</p>
<h3><strong>De la escuela al corazón del pueblo</strong></h3>
<p>Su vínculo con el arte comenzó desde muy joven. Al graduarse de la Escuela Nacional de Arte, inició su vida laboral en la Escuela Provincial de Artes Plásticas como profesora de dibujo y pintura. Tras cumplir su servicio social, dedicó algunos años a su hogar, pero no tardó en regresar a las aulas cuando se crearon las Casas de Cultura.</p>
<p>En aquel entonces, el municipio no contaba con instructores de artes plásticas. «José Leonard Viciedo, que era el director de la Casa de Cultura en Juan Gualberto Gómez, vino a buscarme personalmente. Y acepté sin pensarlo. Era una oportunidad de trabajar en mi pueblo y devolverle lo que había aprendido», recuerda.</p>
<p>Desde aquellos años, su nombre quedó unido a la historia cultural de Unión de Reyes. No solo impartió clases: formó a nuevas generaciones, abrió caminos y creó espacios para que el arte floreciera.</p>
<h3><strong>La pintura como modo de vida</strong></h3>
<p>Hablar de Lisaida Lamar es hablar de una mujer que respira arte. Su relación con la pintura fue casi natural. Aunque en un inicio estudió idiomas, siempre terminaba con un lápiz en la mano, atrapada por el dibujo. Decidió presentarse a las pruebas de la Escuela de Arte y, tras cinco años de estudios, comenzó un camino que ha abonado desde entonces.</p>
<p>“La pintura es mi vida —afirma con seguridad—. Siempre lo ha sido. Desde pequeña sentí ese impulso de trabajar con los colores, con cualquier cosa que tuviera a mi alcance. Para mí, ver colores es sentir que estoy viva”.</p>
<h3><strong>Un legado en generaciones</strong></h3>
<p>Su orgullo más grande no está solo en las obras que crea, sino en las personas a las que ayudó a descubrir su talento. Con infantes desde los cuatro o cinco años trabajó, los guió hasta la adolescencia y más allá. Muchos de sus antiguos alumnos son hoy arquitectos, diseñadores y artistas reconocidos.</p>
<p>“Cuando me los encuentro y me abrazan con tanto cariño, me emociono mucho —confiesa—. Esa es mi mejor obra: haber enseñado a sentir el arte, a cultivarlo y a desarrollarlo”.</p>
<p>Su labor abarcó todo el municipio de Unión de Reyes, desde el poblado de Juan Gualberto Gómez hasta las zonas rurales. En cada taller dejó una huella, no solo artística, sino también humana.</p>
<h3><strong>Una sorpresa llamada “La Tórtola”</strong></h3>
<p>El reconocimiento llegó sin previo aviso. A lo que creía una reunión habitual asistió y allí supo que recibiría la Distinción “La Tórtola”. “Me puse muy contenta, de verdad no lo esperaba. No trabajo para obtener premios. Todo lo que realizó lo hago por amor al arte y a mi pueblo”, cuenta entre sonrisas.</p>
<p>Este premio simboliza para ella no un punto final, sino un estímulo para continuar aportando. A pesar de los años, su deseo de enseñar y crear permanece intacto.</p>
<h3><strong>Los retos de enseñar arte hoy</strong></h3>
<p>Lisaida Lamar observa con preocupación cómo la enseñanza artística cambia en el país. Considera que uno de los mayores desafíos actuales es la pérdida de la educación plástica desde edades tempranas.</p>
<p>“Antes, en primaria, las niñas y niños recibían plástica y música desde preescolar. Ahora muchos no saben ni cómo tomar un lápiz. La tecnología desplaza ese contacto directo con el color, con la textura. Y sin sentir, no se puede crear”, afirma.</p>
<p>A ello se suman las limitaciones materiales, que dificultan el acceso a recursos básicos. Aun así, insiste en que la creatividad es capaz de abrir caminos incluso en los escenarios más difíciles.</p>
<h3><strong>El arte como experimentación</strong></h3>
<p>Su manera de trabajar es abierta y experimental. No se ata a técnicas rígidas ni a soportes tradicionales. Lienzo, cartón, papel, hojas secas… cualquier material puede convertirse en una obra si permite moldear una idea.</p>
<p>“La plástica no es solo dibujo o pintura —explica—. Es experimentar, inventar, descubrir. Para mí, la plástica es infinita”.</p>
<h3><strong>Una huella imborrable</strong></h3>
<p>Lisaida Lamar más que una artista: resulta una formadora de talentos. Su vida, dedicada a sembrar amor por el arte, a enseñar a mirar con otros ojos, a sentir lo que se crea.</p>
<p>Su legado se extiende más allá de los talleres y las aulas. Vive entre cada niña, niño, joven o adulto que, gracias a su guía, descubrió que podía transformar el mundo con un lápiz, un pincel o un simple pedazo de papel.</p>
<p>“La pintura es mi vida —repite con la misma pasión de siempre—. Y mientras pueda, seguiré compartiéndola con los demás”.</p>
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