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	<title>bibliografía matancera archivos - TV Yumurí</title>
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		<title>José Augusto Escoto: memoria de un bibliógrafo matancero</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Ernesto Martínez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Feb 2025 00:19:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[bibliografía matancera]]></category>
		<category><![CDATA[Biblioteca Pública de Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia en Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[historia de la ciencia en Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[José Augusto Escoto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A 90 años de la muerte del matancero José Augusto Escoto, se recuerda la valiosa...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>A 90 años de la muerte del matancero José Augusto Escoto, se recuerda la valiosa obra que realizó como bibliógrafo e historiador.</strong></p>
<p>Fervoroso amante de Matanzas, <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_Augusto_Escoto">José Augusto Escoto Castelló</a> nació en esta ciudad el 24 de enero de 1864. Recibió clases del afamado maestro <a href="https://www.ecured.cu/Antonio_Luis_Moreno">Antonio Luis Moreno</a>, en el Colegio El Porvenir. Muy joven se trasladó a La Habana junto a su familia. En la capital de la colonia se graduó de bachiller en 1880.</p>
<p><strong>Los inicios:</strong></p>
<p>Tuvo la intención de ser médico, e incluso matriculó esa carrera en la Universidad de La Habana, aunque fue más poderosa la pasión por la historia y la literatura. Para dedicarse a esos temas volvió a su terruño natal, donde sobresalió como bibliógrafo e historiador.</p>
<p>En 1900 José Augusto Escoto fue nombrado Director de la Biblioteca Pública de Matanzas, en sustitución de <a href="https://www.ecured.cu/Carlos_Manuel_Trelles">Carlos Manuel Trelles</a>. Ocupó ese cargo por más de 25 años. Su esposa, la célebre Lola María Ximeno, lo acompañó como auxiliar.</p>
<p>Durante décadas José Augusto Escoto reunió gran cantidad de libros y documentos, sobre todo vinculados a la historia de Matanzas. Buena parte de esta colección fue vendida en 1917 y se encuentra en la Universidad de Harvard, Estados Unidos. Otra importante porción permanece en la Biblioteca Nacional <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_Mart%C3%AD">José Martí</a>.</p>
<p>En 1916 fundó la <em>Revista histórica, Crítica y Bibliográfica de la Literatura Cubana</em>. Esta publicación periódica matancera, aunque sólo tuvo cuatro números, realizó una enorme contribución al conocimiento del patrimonio histórico cubano y matancero. Para <a href="https://www.ecured.cu/Enrique_Jos%C3%A9_Varona">Enrique José Varona</a> constituyó:</p>
<blockquote><p>“el esfuerzo más notable que ha hecho la erudición cubana después de <a href="https://www.ecured.cu/Antonio_Bachiller_y_Morales">Bachiller y Morales</a>”.</p></blockquote>
<p>Por esta razón, el publicista <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Chac%C3%B3n_y_Calvo">José María Chacón y Calvo</a> señaló:</p>
<blockquote><p>“No habrá una historia de nuestras letras, ni una empresa de erudición cubana de cualquier índole, que no necesite de la colección de esa revista como una fuente esencial, (…) su nombre ha de recordarse siempre con respeto”.</p></blockquote>
<p><strong>Temas de una obra:</strong></p>
<p>José Augusto Escoto realizó valiosas contribuciones históricas sobre la educación cubana, que aparecieron durante 1902, en la recién fundada revista La Instrucción Primaria, órgano oficial de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. Estas fueron “La instrucción pública en la isla de Cuba durante el siglo XVI” y “El padre <a href="https://www.ecured.cu/F%C3%A9lix_Varela">Varela</a> sobre instrucción pública”.</p>
<p>También “La obra pía de Francisco de Parada en Bayamo de 1571 a 1842, su historia e influencia en la instrucción pública de aquella ciudad”. Hay que añadir “Influencia de las ideas pedagógicas de <a href="https://www.ecured.cu/%C3%89tienne_Bonnot_de_Condillac">Condillac</a> en el método de enseñar en las escuelas y colegios de La Habana durante los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX”. Por último, publicó “<a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_de_la_Luz_y_Caballero">Luz Caballero</a> y San Cristóbal. Un documento poco conocido. ¿Por qué fue Luz Director del Colegio de San Cristóbal?”.</p>
<p>En la <em>Revista Histórica, Crítica y Bibliográfica de la Literatura Cubana</em> José Augusto Escoto dio a conocer o reprodujo obras de autores nacionales, olvidados o inéditos, ensayos críticos y valiosos testimonios. Además, insertó esclarecedores artículos. Cabe mencionar “<em>El Pensador</em>. Primer periódico literario de Cuba. Época e ideas que alcanza”. También “Apuntes para la historia literaria de Matanzas. El Dr. José Ignacio González de la Barrera”.</p>
<figure id="attachment_78472" aria-describedby="caption-attachment-78472" style="width: 208px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-78472" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/4-Cuba-y-America-1-208x300.jpg" alt="" width="208" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/4-Cuba-y-America-1-208x300.jpg 208w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/4-Cuba-y-America-1-710x1024.jpg 710w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/4-Cuba-y-America-1-104x150.jpg 104w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/4-Cuba-y-America-1.jpg 716w" sizes="(max-width: 208px) 100vw, 208px" /><figcaption id="caption-attachment-78472" class="wp-caption-text">Página inicial de «Los restos de José María Heredia», artículo publicado por José Augusto Escoto en la revista Cuba y América en 1904</figcaption></figure>
<p>Uno de los trabajos más reconocidos de José Augusto Escoto fue “Los restos de <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Heredia">José María Heredia</a>”, que publicó en la revista <em>Cuba y América</em> en 1903. El “Ensayo de una biblioteca herediana”, que se insertó en esta misma revista en 1904, fue la primera recopilación bibliográfica sobre el escritor cubano.</p>
<p>En relación con la historia de Matanzas, publicó “Antecedentes de la conspiración de 1844” (1909-1910), en El <em>Yucayo</em>. Dio a conocer en la revista <em>Juventud</em> el trabajo “D. José Tomás Ventosa. Apuntes para su biografía” (1911). Aportó documentos inéditos acerca de la vida del poeta <a href="https://www.ecured.cu/Jos%C3%A9_Jacinto_Milan%C3%A9s">José Jacinto Milanés</a> y escribió la introducción a las <em>Obras completas</em> de este autor, editadas en 1920.</p>
<p>Escribió en 1918 “Contribución a la historia de la primera Orden Franciscana en la Isla de Cuba”. Este trabajo fue premiado en el certamen histórico-literario celebrado ese año en La Habana en 1918, en homenaje al cardenal Fray <a href="https://www.ecured.cu/Francisco_Jim%C3%A9nez_de_Cisneros">Francisco Jiménez de Cisneros</a> por el cuarto centenario de su muerte.</p>
<p>A propósito de la ratificación del Tratado Hay-Quesada en 1925, que reconoció la soberanía de Cuba sobre la Isla de Pinos, Escoto hizo un aporte importante. Se trató del artículo “La Isla de Pinos a través de su historia como parte integrante del territorio de Cuba”, publicado ese año en la <em>Revista Bimestre Cubana</em>.</p>
<p>Sobre la poetisa camagüeyana <a href="https://www.ecured.cu/Gertrudis_G%C3%B3mez_de_Avellaneda">Gertrudis Gómez de Avellaneda</a>, publicó <a href="file:///C:/Users/Usuario/Downloads/CartasinditasydocumentosrelativosasuvidaenCubade1859a1864Textoimpreso.pdf"><em>Cartas inéditas y documentos relativos a su vida en Cuba de 1859 a 1864</em></a> (1911).</p>
<p>Fue autor del libro <em>Los indios macuriges en Haití y Cuba</em> (1924). Según <a href="https://www.ecured.cu/Fernando_Ortiz">Fernando Ortiz</a>, esta obra de Escoto</p>
<blockquote><p>“Es una excelente monografía acerca de ese tema con la más amplia documentación de los cronistas y de los archivos españoles para explicar la existencia de indios macuriges al norte de la Ciénaga de Zapata en Cuba probablemente antes de la conquista castellana y seguramente después de ella”.</p></blockquote>
<figure id="attachment_78466" aria-describedby="caption-attachment-78466" style="width: 208px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Los-indios.bmp"><img decoding="async" class="wp-image-78466 size-medium" src="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Los-indios-208x300.jpg" alt="" width="208" height="300" srcset="https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Los-indios-208x300.jpg 208w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Los-indios-104x150.jpg 104w, https://www.tvyumuri.cu/wp-content/uploads/Los-indios.bmp 512w" sizes="(max-width: 208px) 100vw, 208px" /></a><figcaption id="caption-attachment-78466" class="wp-caption-text">Portada de Los indios macuriges en Haití y Cuba, libro publicado por José Augusto Escoto en 1924</figcaption></figure>
<p>Colaboró además en revistas y periódicos de Matanzas, como <em>El Tipógrafo</em>, <em>El Republicano</em>, <em>Pro Patria</em> y <em>El Correo de Matanzas</em>. También lo hizo en las revistas nacionales <em>La Instrucción Primaria</em> y <em>El Fígaro</em>. Dejó inéditas una <em>Historia de la filosofía en Cuba</em> y el ensayo “La heterodoxia del Papel Periódico”, entre otros trabajos.</p>
<p><strong>Legado:</strong></p>
<p>El 8 de febrero de 1935 falleció José Augusto Escoto Castelló en su amada Matanzas, ciudad donde desarrolló una ingente obra intelectual. Al morir, se le reconocía como uno de los hombres más cultos de Cuba.</p>
<p>Para el historiador matancero José Ángel Treserra “…era la Historia de Cuba en persona (…) erudito de eruditos”. Adolfo Dollero, además de reconocer que era un “…investigador tan modesto como ilustre…”, le llamó “…legítima gloria de Matanzas”.(LLOLL)</p>
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		<title>La imprenta en Matanzas en el siglo XIX y los libros de ciencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Ernesto Martínez González]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jan 2025 15:33:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Matanzas]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La imprenta en Matanzas tiene una historia de más de 200 años. En ella se destaca la producción de libros dedicados a la ciencia.</strong></p>
<p>En el año 1813 que se instaló la primera imprenta en la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas. En ese momento llegó, por fin, el Siglo de las Luces a la que en un futuro aún lejano sería la Atenas de Cuba. Una situación política sui generis posibilitó la aparición de este adelanto tecnológico en la historia.</p>
<p>El autor de este avance fue Francisco Camero. A él se debe la primera publicación del <em>Diario de Matanzas</em>. Para el historiador y naturalista Francisco Jimeno, quien conservaba el ejemplar número 80 de este periódico, fechado el 8 de abril de 1813, comenzó a publicarse en el mes de enero. A Camero le siguió José María Marrero, editor de <em>El Patriota</em> y de los primeros folletos impresos en la ciudad.</p>
<p>Sin embargo, nacida como resultado de una conquista tan fugaz como la libertad de imprenta, aquella primera etapa de la imprenta en Matanzas duró lo mismo que este derecho constitucional. Fernando VII restableció el  absolutismo en 1814 y volvieron las sombras a Matanzas. En 1821 fue que el invento de Guttenberg pudo quedarse de forma definitiva.</p>
<p>En esta fecha arribó desde La Habana el impresor Juan Justo Jiménez, fundador del taller “La Constancia” y de los diarios <em>Semanario de Matanzas</em> y <em>Eco de Matanzas</em>. La Imprenta del Gobierno, dirigida por el estadounidense Tomás Federico Kidd, se estableció en 1824. Era una necesidad de las autoridades y del capital privado, debido a la creciente importancia que adquiría la ciudad.</p>
<p>La imprenta en Matanzas tuvo como tarea histórica satisfacer las necesidades de información de la burguesía local. Todas las esferas del saber tuvieron cabida en el quehacer editorial de la ciudad. La ciencia, de fuerte contenido autóctono y práctico, no se quedó atrás.</p>
<p>De 1827 en adelante los libros y folletos sobre ciencia serían una constante en los saldos anuales de los talleres yumurinos. Sin embargo, no por eso su número sería significativo, ni mucho menos un porciento elevado dentro de la producción bibliográfica local. Hay que recordar la situación de abandono en que se encontraba la ciencia cubana, sin apoyo oficial y sólo sostenida por el esfuerzo individual de los propios investigadores.</p>
<p>Pionero de la bibliografía científica matancera fue <em>Examen de las aguas minerales de San Pedro</em>, publicado en 1827 por Juan N. Casanova. Después le seguirían en 1832 textos como las obras <em>Higiene</em>&#8230;, de los franceses Chevalier y Vavasseur, y la <em>Guía de ingenios</em>&#8230;, de Alejandro Dumont, considerado el primer incunable matancero de importancia. El sabio <a href="https://www.ecured.cu/Esteban_Pichardo">Esteban Pichardo</a> publicó en 1836 su <em>Diccionario provincial de voces cubanas</em>, recopilación filológica de importancia trascendental. Dos años más tarde dio a conocer la <em>Estadística y geografía judicial de Matanzas</em>.</p>
<p>Después de 1839, momento en el que comenzó el ascenso de los estudios científicos en el territorio matancero, se publicaron obras como <em>Nociones elementales de geografía</em> (1844), de Francisco J. de la Cruz. También aparecieron <em>Nociones preliminares de dibujo lineal</em> (1846), de Miguel Escalada; <em>Nociones preliminares de geometría</em> (1849) y <em>Nociones elementales de geografía</em> (1854), ambas de Salvador Condaminas, y la <em>Nueva cartilla geográfica</em> (1854), de José del Monte. Estos libros, tuvieron varias ediciones y se utilizaron como textos en las escuelas privadas de la ciudad.</p>
<p>En respaldo a la creciente producción azucarera se publicaron varios títulos, aunque su cantidad y calidad sería insuficiente. Se imprimieron en 1847 la <em>Instrucción para el uso y administración de la cal en la elaboración de azúcar</em>, de José Pizarro y la <em>Instrucción para el gobierno de un ingenio de elaborar azúcar</em>, de R. Valdés. Posteriormente se editó el <em>Tratado general de escuela teórico-práctica para el gobierno de los ingenios de la isla de Cuba</em>, de José Montalvo (1856), considerado el mejor de los de su tipo en Cuba.</p>
<p>Vinculados a la farmacia y la medicina aparecieron los folletos <em>Tratado del mercurio</em> (1845) y <em>Adulteración de alimentos, bebidas y medicamentos</em> (1854), de Juan F. Michelena. Los <em>Consejos</em>&#8230;, relativos al cólera, publicados por José M. Carbonell en 1850; el <em>Método curativo para el uso de la zarzaparrilla vinosa</em> (1852), de <a href="https://www.ecured.cu/Ambrosio_Sauto_y_Noda">Ambrosio C. Sauto</a>; la <em>Excursión higiénica por Matanzas</em>, de Pedro Cartaya y <em>El instructor</em>&#8230;, de Joaquín Bramon (ambos de 1860), expresaron el nivel alcanzado por las ciencias médicas en la ciudad.</p>
<p>La década de los años 60 traería consigo las obras más perdurables y reconocidas del siglo XIX. Entre ellas los <em>Elementos de Física</em> (1861), por Fernando Domínguez y <a href="https://www.ecured.cu/Sebasti%C3%A1n_Alfredo_de_Morales_Gonz%C3%A1lez">Sebastián A. de Morales</a>, así como <em>Investigaciones generales sobre las enfermedades de las razas que no padecen la fiebre amarilla</em> (1865), escrita por Henri J. Dumont y publicada en Cárdenas. También sobresalieron el <em>Ensayo sobre la locura de Don Quijote de la Mancha</em> (1866), de <a href="https://www.ecured.cu/Manuel_Jacinto_Presas_y_Morales">Manuel J. Presas</a> y la <em>Guía del profesorado cubano</em> (1868), de Mariano Dumás.</p>
<p>Durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878), por razones lógicas, no hubo impresiones destacadas. Quizás la excepción sea la Nueva cartilla geográfica de la Isla de Cuba (1875), escrita por <a href="https://www.ecured.cu/Antonio_Luis_Moreno">Antonio L. Moreno</a>, que alcanzó cerca de veinte ediciones, incluso después de inaugurada la república en 1902.</p>
<p>En las últimas décadas del siglo XIX también vieron la luz libros representativos del desarrollo intelectual y científico matancero. Singular importancia poseen los textos <em>Aventuras de un mayoral</em> (1882) y <em>El ingenio</em> (1883), del agrónomo Juan B. Jiménez. Otros, como <em>La física para el pueblo</em>, de Rafael Rossi, y <em>Ligeras nociones de historia natural</em>, de Eduardo Díaz, publicados ambos en 1884, apuntalaron la labor educativa local. Lo mismo hicieron <em>Nociones elementales de fisiología</em> (1885), de Alfredo Falcón; <em>Compendio de geografía</em> (1888), de Miguel Garmendía y <em>Nociones elementales de psicología</em> (1895), de <a href="https://www.ecured.cu/Mateo_I._Fiol_Fuerte">Mateo I. Fiol</a>.</p>
<p>En el balance de los libros de ciencia publicados en Matanzas durante el siglo XIX, sobresalen los dedicados a la enseñanza, sostenedores bibliográficos de sus célebres colegios e institutos. No obstante, quedaron por editar proyectos como <em>Flora cubana</em>, de Sebastián A. de Morales, que se da por perdida. También las grandes obras de Juan C. Gundlach acerca de la fauna cubana sólo pudieron ser publicados en La Habana. En cuanto a la industria azucarera y la agropecuaria, no hubo correspondencia entre el nivel económico alcanzado y la producción bibliográfica sobre esas ramas.</p>
<p>Lo más positivo fue que la ciencia matancera quedó impresa para siempre. (LLOLL)</p>
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