martes , 19 octubre 2021

Criticar o descargar, verbos exigentes

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La catarsis, para los antiguos griegos, significaba un ritual de purificación de personas o cosas afectadas de alguna impureza. En popular acepción asume la forma discursiva:  torrente de palabras para opinar, criticar, vaciar la copa rebosada, liberar el espíritu de fantasmas reprimidos; en fin, descargar.

Puede suceder en asamblea obrera o reunión de circunscripción, donde se ejerce el derecho a opinar y criticar, pero también en la cola de la bodega, en la policlínica, y hasta en soliloquio de caminante sin rumbo cierto en busca de satisfacer una necesidad…

Cuando antes se reflexiona sobre lo que va decirse, el discurso suele ser coherente y hallar receptores proclives a escuchar.

Pero cuando la verbosidad rebosa el vaso de la paciencia, la catarsis del hablante provoca rechazo del que escucha.

Sucede cara a cara o a través de los medios de difusión masiva, sobre todo cuando el que critica o sermonea una y otra vez sobre lo mismo, no brinda pruebas contundentes, ni cita referencias acreditadas sobre el tema que trata.

Cuando se trata de criticar y caracterizar actitudes de otros, la experiencia aconseja partir siempre de una intención de buena voluntad, y tener en cuenta todos los factores concurrentes para no dejarse arrastrar por una impresión prejuiciada.

Por ejemplo, criticar y caracterizar el periodismo que se ejerce hoy en día desde un emisor masivo de opinión, presupone en el crítico un profundo conocimiento pretérito del asunto, y profundidad de análisis desde estudios realizados, que rebasen el pregrado y se sedimenten en experiencias acumuladas en el ejercicio de esta profesión.

Otra cosa sería emitir un juicio peyorativo, sin base de fundamento, o una simple observación personal al estilo de “me parece”, “creo”, o “me da la impresión”, que son las citas coloquiales, controversiales o no, que más abundan.

Sí, criticar y caracterizar son verbos espinosos.  Aluden a actitudes individuales. Críticas que bien encausadas y fundamentadas pueden resultar altamente constructivas, pero mal ejercidas ocasionan disgustos, crean barreras artificiales y hasta inducen acciones lamentables.

No es lo mismo opinar de pelota que sobre conductas y profesiones de otras personas. Lo primero es un pasatiempo nacional. Lo segundo entraña una responsabilidad humana trascendente.

Un golpe mal calculado, más que enderezar puede ser injusto y provocar irreparables deformaciones. Un consejo de contemporáneo: Cerciórese de ver bien y no estar equivocado ante de esgrimir el martillo.

 

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Acerca Roberto Pérez Betancourt

Licenciado en Periodismo en Universidad de La Habana. Profesor periodismo Universidad Matanzas. Graduado en Administración de empresas. Diplomado en Psicología pedagógica

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