Con la ternura de las manos Mileydis Pulido Pulido abona la tierra de la Cooperativa de Créditos y Servicios Victoria de Girón, del municipio Unión de Reyes. Entre las 48 mujeres asociadas ella destaca por su multifacético quehacer:
“Me levanto sobre las cinco de la mañana y preparo el desayuno para mis tres hijos. Luego los llevo a la escuela y enseguida vengo para acá porque el trabajo debe comenzar bien temprano, todavía con el rocío en el aire.
“Aquí ayudo a los hombres en lo que haga falta. Lo mismo recojo yuca, habichuela, boniato. También limpio los canteros y preparo la tierra para sembrar”.
La cooperativa se halla entre las líderes en la siembra de maíz en el municipio, pues cosecha unas 250 toneladas anuales. Destaca, además en la producción de leche con más de 100 mil litros al año. Los cultivos varios integran asimismo sus volúmenes de producciones.

Y aunque Mileydis siempre está donde más la necesitan, no son estas las faenas que prefiere.
“Lo que me gusta de verdad es atender mis animales. Hablo con los ‘puerquitos’ porque me parece que entienden. Los miro comer, los reviso uno a uno por si tienen algún problema.
“Ahora mismo no tenemos ese tipo de ganado en las áreas de uso colectivo porque estamos reparando las cochiqueras, pero en unos meses tendremos de nuevo”, comenta feliz por la perspectiva.
Voluntad a prueba de prejuicios
La crudeza del trabajo en el campo resulta muy conocida, al igual que los prejuicios contra una fémina que labora entre hombres:
“Es un poquito fuerte, pero el cuerpo se curte, se adapta y cuando amanece te encuentras con fuerzas y dispuesta. Lo importante es proponérselo y perseverar.
“Con mis compañeros nunca tuve problemas, pues desde el principio demostré que venía a trabajar de igual a igual. Nunca dije ‘no puedo hacer esto’, al contrario, era la primera en realizar incluso las tareas más difíciles. Así me gané su respeto y ahora creo que hasta agradecen tener a una mujer entre ellos”, sonríe mientras tira de una mala hierba que crece en el cantero.

En sus manos la maravilla
El rigor de su quehacer fortalece el carácter de Mileydis sin marchitar su delicadeza. Muñecas, peluches y todo tipo de juguete cobran vida entre sus manos para alegría de los niños de la zona:
“Siempre encuentro el momento para hacer mis artesanías. Reciclo todo lo que encuentro: trapos viejos, plásticos, papel. La voz se ha corrido y los vecinos también contribuyen. Lo mismo me traen ropa que ya no usan, juguetes viejos, adornos rotos”.
Lo que empezó como un pasatiempo para ocupar los escasos momentos fuera de los cultivos se convirtió en un proyecto comunitario con el estímulo de la brigada de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños:
“Con su apoyo creamos un grupo para la defensa de las tradiciones campesinas. Hacemos platos típicos de la región, confeccionamos vestuario característico como guayaberas y sombreros. Exponemos incluso artículos propios de las bohíos antiguos como planchas de hierro, güiras para el agua, quinqués, coladores de café.
“Llevamos a tamaño de miniatura pozos criollos y varas en tierra, costumbres que nos identifican y ya casi se pierden”.
El patio de Caridad
A pocos kilómetros de la CCS Victoria de Girón se encuentra el patio de María Caridad Pulido de Armas. ‘No tiene pérdida’, como repiten los pobladores del lugar. La ubicación, no tan expedita como aseguran, se torna muy fácil para ellos porque esta suerte de Edén es el escenario de los más relevantes acontecimientos de la comunidad. Cualquier celebración halla aquí un sitio ideal:
“Yo brindo mi patio con mucha disposición, no sirve de nada tener todo este espacio si no se comparte con los amigos. Antes esto estaba muy feo, un ‘matojal’, pero mi esposo y yo trabajamos duro para limpiarlo y sembrar plantas medicinales, ornamentales y frutales.
“A la gente le gusta mucho el riachuelo, como le digo yo, pero en verdad esto antes era una zanja maloliente. Lo limpiamos fuerte de verdad y ahora cuando llueve el agua parece cristal”, asegura mientras recorre con la mirada el objeto de tanto esfuerzo.
El patio mereció la distinción Aniversario 60 de la FMC , aunque hace mucho se ganó el cariño y la gratitud de sus vecinos.
“Me gusta buscar adornos para que se vea bien bonito, pero estos deben resistir la intemperie. Botellas viejas, botas en desuso y latas son las cosas que más utilizamos”.
Con la proverbial hospitalidad de los campesinos, Mileydis y María Caridad ofrecen cuanto tienen para agradar al visitante. Al verlas es imposible no conmoverse ante estas mujeres que trabajan de sol a sol sin perder la ternura ni el ansia perenne por volver al campo.
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