Conmoran en Matanzas aniversario 60 del asesinato de René Fraga Moreno
Si me pregutan qué llevó a René Fraga Moreno a la imperiosa necesidad de unirse al Movimiento 26 de Julio en la ciudad de Matanzas, y aspirar a una Cuba diferente, siendo él mismo un joven perteneciente a la Juventud Católica e hijo de un emigrado español de quien se esperaba ser “uno alineado” porque contaba con todo, educación y perspectivas en una sociedad altamente clasista.
Pero el joven René Fraga teniendo las de ganar en la Cuba de los años 50, se negó a contribuir con el país de un tirano, así dijo a quienes se le acercaban ofreciendole, en recompensa a su carácter y obras, propuestas de empleo ¡fijas y remunreadas!.
¿Qué llevó a un joven religioso a ampararse en la sombrilla de la Revolución y tras ella perder la vida? Sin dudas, su nobleza de espíritu, su interés de servir a los demás, de ayudar a los desposeídos…
René era el sexto hijo de siete hermanos y cinco hembras. Se graduó en la Escuela Normal para Maestros y, según apuntes, una vez terminada esta simultaneaba la Escuela de Comercio con la Carrera de Pedagogía, en la Universidad de La Habana.
Oneida Fraga Moreno, una de sus hermanas, en la entrevista René Fraga se iba para la Sierra, comenta los rasgos de su personlidad. `…solo hacía sustituciones. Iba y trabajaba en este escuela, en la otra, inclusive a veces ni se le pagaba porque después que lo matan llegó un cheque por tres meses que nunca le habían pagado`.
Se dice que nunca impartió clases por tiempo estable y que, en cambio, su compromiso se crecía cuando alguien lo necesitaba. `Cuando una familia pobre quería que su hija entrata a la Escuela Normal para Maestros y no tenía dinero para pagar, él le daba clases, en la casa o en la Juventud Católica…´, continúa Oneida.
En él se daba un binomio de un ser “reservado y serio” en disonancia con el “jaranero” que se desplegaba en lo íntimo del hogar. Sus inquetudes siempre quedaban expuestas para su madre y entre sus aficiones, sus allegados hablan de la creación litereraria de la que no llegó alcanzar un estilo vistoso y reconocido, pero sí le valió para escribir sonetos y décimas.
Se le supo profundamente martiano en su actuar y conceptos de vida. Meses antes de su muerte, al cubrir un aula en calidad de suplente y aproximarse la conmoración del natalicio del Apóstol, repartió entre sus alumnos pensamientos del Maestro para que en el pase de lista en vez de decir “presente”, constestaran cada uno con sus frases.
René Fraga Moreno vendió bonos, llevó a cabo sabotajes y repartió propaganda. Su labor a favor de la otra Cuba, más humana, justa y honesta con sus hombres y mujeres, lo llevó a permanacer semiclandestino en la ciudad.
Ya conocida su trayectoria, cayó preso el 19 de julio de 1957. En su detención, su casa fue registrada. Los esbirros de la tiranía batistiana no hallaron pruebas de su militancia revolucionaria; sin embargo, lo condujeron al tristemente conocido Escuadrón 41. Allí, lo interrogaron, primero, y después lo martirizaron.
El joven, católico y revolucionario, resistió brutales torturas, mientras el pueblo matancero se pronunció por su defensa, con dos Habeas Corpus a su favor. Todo parece indicar que tan maltrecho estaba físicamente que a sus captores se les hacía imposible presentarlo ante los Tribunales.
El 24 de julio de 1957, en un descuido de sus guardias, escapó. Perseguido logra subirse al techo de una casa en la calle Laborde, en la barriada de Versalles, y allí se escondió. En ese instante fue divisado por uno de los soldados quien le disparó a mansalva. Tenía 27 años y, asegura su hermana, para entonces estaba convencido de que la Revolución era indetenible.
En el aniversario 60 de su asesinato, en el lugar donde fuese ultimado, autoridades políticas del municipio, sus hermanas, combatientes y vecinos rindieron tributo a este matancero de inmenso humanismo.
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