Historias como la de Libán Rodríguez Gómez, chofer de la Unidad Empresarial de Base de Transporte Escolar, en la provincia de Matanzas se repiten a lo largo del país.

“El director de la base de ómnibus se me acercó y me dijo que era necesario trasladar hacia La Habana a 28 pacientes positivos a la COVID-19. Al principio sentí temor porque se conocía muy poco de la enfermedad, pero ya causaba muchas muertes en Europa. Me decidí porque pensé que alguien debía hacerlo. Había que contribuir para que la situación mejorara”, comentó.

Sin miedos al timón
Y es que el aporte de ese sector resultó decisivo en la lucha contra la pandemia. Debido a tal esfuerzo la Empresa de Transporte Escolar mereció la Bandera de Proeza Laboral que otorga la Central de Trabajadores de Cuba, un reconocimiento que también llegó a los transportistas matanceros.

Del otro lado de la línea
Según Luis de la Caridad Enríquez Morales, director de la entidad en la provincia, el colectivo que dirige cambió su objeto social para adecuarse a las exigencias del momento:
“A partir de la paralización del transporte automotor se nos encomendó reforzar el traslado de pacientes y personal de la salud; y mantener las prestaciones tradicionales de medibús, las rutas de enfermeras y extender los recorridos hasta cualquier lugar donde viviera un trabajador de los servicios médicos.
“También atendimos con prioridad a personas vulnerables y realizamos acciones de apoyo a la gastronomía”.
En la ocasión se destacó la labor de trabajadores que permanecieron en la línea roja y el quehacer de Everardo Daniel Quintana por sus más de 40 años de servicio ininterrumpido.
Con un parque automotor envejecido y carente de piezas de repuesto, la Empresa de Transporte Escolar garantizó la movilidad de pacientes y el personal de la salud durante la cuarentena. Como Libán, estos trabajadores se superaron a sí mismos para contribuir a la salud de todos.
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