El naturalista alemán Juan Cristóbal Gundlach radicó durante mucho tiempo en tierras matanceras. Gundlach dedicó gran parte de su vida al estudio de fauna cubana. A él se atribuye la clasificación de más de 100 especies, entre ellas la del ave más pequeña del mundo: el zunzuncito.
Este zoólogo imprescindible para la ciencia en el país, murió en La Habana en 1896. Durante 104 años se desconocía el lugar donde descansaban sus restos. Fue en el 2000 que luego de un exhaustivo estudio que el Dr. Ercilio Vento Canosa, Historiador de la ciudad de Matanzas junto a Rosa María González, localizaron el sarcófago en el cementerio Cristóbal Colón de La Habana.
Luego de múltiples esfuerzos la pasada semana se lograron trasladar a la ciudad de Matanzas los restos de Gundlach. De los 206 huesos del esqueleto humano solamente se recuperaron 55.
«El rescate de los restos de Gundlach nos ha llevado 20 años. El propósito de traerlo para Matanzas se basa en que una parte considerable de la obra de este científico transcurrió en Jovellanos, Cárdenas y en las cercanías de nuestra ciudad. Él resulta una de las tres figuras más destacadas de la zoología cubana del siglo XIX, de conjunto con Carlos de la Torre y Felipe Poey. Traerlo a Matanzas, insisto, constituye una forma de reconocer la gran cantidad de taxones que le aportó a la ciencia cubana», refiere el Dr. Ercilio Vento Canosa, Historiador de la ciudad de Matanzas.
En estos días un equipo multidisciplinario analiza la osamenta del naturalista.
«Estamos haciendo el estudio antropológico de conjunto con las cátedras de Antropología y de Paleopatología de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas. Hemos descubierto varios datos de interés. Gundlach tenía la pierna derecha más desarrollada que la izquierda por lo tanto cojeaba. Era un hombre que caminaba muchísimo. Desde niño tuvo un traumatismo que le hizo perder el olfato. Tras su muerte fue embalsamado.
Ese hombre sin dudas debió haber sido un romántico, no se puede ser un buen hombre de ciencia sin ser sensible. Definitivamente se enamoró de nuestro paisaje y aquí se aplatanó al punto de castellanizar su nombre, recordemos que era alemán. También fue muy bondadoso, el dinero que logró recaudar tras vender su colección zoológica se lo regaló a la familia con la cual convivió durante mucho tiempo».
Desde las oficinas del Conservador y el Historiador de la Ciudad preparan un monumento funerario para honrar al científico alemán.
«Los muertos merecen un respeto elemental y más Gundlach. Por eso en estos momentos estamos alistando las condiciones para que los restos de este zoólogo reposen en la Oficina del Conservador de la Ciudad, en el lugar se pondrá una lápida donde quedará escrito lo que sobre el naturalista alemán dijera Felipe Poey».
TV Yumurí Su imagen más cercana