Hoy empieza el Mundial de Fútbol y todo se para. La atención se concentra en Norteamérica, y en 48 banderas que empiezan a sudar para bañarse de gloria.

Mística, ilusión, épica, decepción. Todo unido en un solo torneo, el evento cultural más grande que ha inventado el ser humano. Nos congrega el balón y los goles, las historias y las leyendas, en una palabra: fútbol. Ese deporte que tanto dolor nos entrega, que le da vida a la ilusión y que nos permite vivir el vértigo de las emociones concentradas en instantes que se vuelven inmortales.

El Mundial es para derrochar verborrea, para lírica exagerada y narración libre. El Mundial es convertir un frío cero a cero de dos selecciones desconocidas en una batalla helénica de proporciones bíblicas. Estas semanas se permite, se incentiva, se premia. El debut de Tim Payne en Nueva Zelanda, el último baile de Modric, la búsqueda del bicampeonato de Messi, la resurrección de Brasil, la redención de Alemania, la mentalidad copera de Mbappe o el Mundial que el fútbol le debe a Cristiano para coronar una carrera que redefinió el deporte. Eso y más, eso y todo, eso y basta.
Vamos entonces.

Hoy parte el mundial y la tinta ya está lista. Es momento de empezar a escribir.

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