sábado , 28 noviembre 2020
Chuchi
Chuchi junto al colectivo del Barquito

Chuchi y el Angel bueno

Chuchi
Chuchi junto a Angel Rodríguez

En algún momento, en TV Yumurí, llegamos a trabajar tres compañeros que respondíamos al nombre de Ángel. Y para Chuchi resultaba ocurrente, siendo él, Jesús, encontrarse entre ángeles. Puro humor, para nada colindante con el irrespeto ni la blasfemia.

Desde entonces siempre me identificó como Ángel el bueno. Habría que preguntarse cuál sería el calificativo que reservaba para los restantes ángeles. Es el caso qué a Jesús del Castillo, nuestro inolvidable Chuchi, nunca faltaba la frase ingeniosa, el chiste oportuno, el buen humor.

Lo conocí en los años 90, cuando mi pareja Ángela, como para seguir completando la nómina de mensajeros celestiales, ensayaba alguna puesta teatral con Farita, la imprescindible payasita Maravilla, que acompañó a Chuchi hasta su último aliento.

Por entonces visitaba su casa y lo vi divertirse como un niño con los trucos de cartas que le hice. Sin embargo, siempre resulté el más sorprendido en aquellas ocasiones. Bastaba que empezara a mostrarme las fabulosas ballestas, armas blancas y cuantos artefactos era capaz de diseñar y construir a partir de su inagotable imaginación e inventiva, para darme cuenta de quién era el verdadero mago.

Compartir con Chuchi una velada, un encuentro o la más sencilla de las reuniones deparaba una tertulia feliz. Y no es que siempre primara la jocosidad o la broma. Chuchi se las tomaba muy en serio cuando el trabajo y el desempeño profesional exigían rigor y disciplina.

Vinieron los días felices de las premiaciones y de los proyectos inagotables. Y fue Pipepa, Azucena y Floripondín como muchos otros. Y fue el momento de echar al agua el Barquito de papel, el más intrépido de los barquitos. El programa con el tiempo devino el más antiguo de la televisión matancera y espacio fijo de la programación nacional, al que había que respetar y mantener en cualquier circunstancia. Y formó consigo el equipo necesario y superó dificultades, renovó contenidos, creció y creció.

Que feliz contar con su compañía entusiasta, aquella tarde que fui convocado a leer mis escasos versos en el Centro Promotor de la Literatura José Jacinto Milanés. Que feliz acompañarlo en Monserrat o la Uneac, en algunas ediciones del evento Tentempié o en otros espacios donde se le homenajeara.

En ocasiones me consultó alguna que otra inquietud laboral, o simplemente me dio a leer alguna de sus creaciones. Seguramente quedé en deuda involuntariamente, por aplazar alguna lectura.

Chuchi ha partido y con él, la broma sana y amiga, el juego inteligente, la pasión creadora de un gran hacedor de sueños.

Ah, y cuando me llamaba como Angel, el bueno, buscaba alrededor la presencia de Ángel Tápanes, nuestro director y completaba suspicazmente la frase… el otro es el mejor.

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Acerca Angel Rodríguez Pérez

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