domingo , 29 noviembre 2020

A mal tiempo, buena máscara

En diversidad de colores, estilos, telas o materiales sintéticos, el nasobuco irrumpió en el 2020 para adueñarse de las pasarelas cotidianas en las ciudades de todo el mundo. La prenda del año, la declaran algunos al bromear con el tema. Aunque su finalidad, claramente, no guarda relación alguna con la estética y sí con la protección imperiosa que demanda el momento ante la propagación del nuevo coronavirus.
Podría decirse en todo caso que es de lo más antiéstetico que haya usurpado las pasarelas, ya que oculta casi la totalidad del rostro dejando entes inexpresivos caminar más seguros.

Los barbijos o tapabocas, como también se les nombra, esconden el calor de una sonrisa a 37 grados, la simpatía de una mueca, la desaprobación en unos labios fruncidos. Pero como prenda de moda asumen su reinado. Las costureras ponen toda su creatividad al combinar texturas, hilos y colores, y el resultado son sorprendentes diseños.

Algunos hurgan en la originalidad de las culturales precolombinas del continente latinoamericano, como los de la artista textil ayacucha Gaudencia Yupari Quispe De Sarhua y su hija, que desde Perú se han hecho tan virales como la COVID-19 por sus asombrosas mascarillas.
Otros un tanto más joviales traslucen figuras animales, siluetas divertidas. Les agregan pantallas de plástico para proteger los ojos o combinan con diferentes accesorios. Confeccionados a crochet con el forro de tela recomendado, reversibles…


En fin, son muchísimas las variedades que saltan de las máquinas de coser, con el propósito primordial de proteger nuestra salud.
Más de una vez hemos escuchado que a mal tiempo buena cara. Y ahora que debemos ocultar esa parte de la fisonomía humana, el uso de estos nasobucos artísticos puede darle un toque de buen humor y color a estos días grises, que esperemos muy pronto queden en el pasado.

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Acerca Isis Hernández Milián

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