sábado , 28 noviembre 2020

Cuestión de principios…

No tengo vocación de mártir, ni soy de los que muestran el pecho a las balas. Prefiero la trinchera donde resguardarme al terreno descubierto sin parapetos. Tampoco creo que sea yo de los que abandonen el combate, de los claudiquen sin apenas apuntar su arma. En tiempos donde abundan el odio, el acoso y la beligerancia, vale hacer un ejercicio de introspección y conocerse a uno mismo, para entender cómo se actuaría en los más diversos escenarios.

Puede suceder que por emitir mi criterio caiga sobre mí el aborrecimiento de unos cuantos, pero sería de cobardes callar. Cuando uno asume ciertas posturas en la vida está consciente de los riesgos que corre.

Y pienso en Silvio escribiendo un tema como El necio en tiempos tan inciertos como los primeros años de los 90, cuando muchos auguraban el final de Revolución Cubana. Pocas veces en la historia se vio semejante coherencia, mas en instantes donde la desmemoria dictó, y aun dicta, el accionar de muchos que cambiaron de casacas sin miramientos, y lo que ayer defendían comenzaron a atacarlo sin sonrojarse.

De vez en vez me veo obligado a redactar mi propia canción urgente de definición de principios, sin la maestría poética de aquel juglar travieso de San Antonio de los Baños, pero que resuene también como metrallazo contra la bazofia que abunda y que nos quieren mostrar como la única verdad.

Y ahí crece el gusto por la herejía y la más auténtica disidencia, esa que no espera prebendas ni aplausos, más bien tropiezos y ramalazos. Porque decir a toda costa y costo trae sus inconvenientes; quien escribe estas líneas sabe bien de miradas aprobadoras cuando cuestiona la otra orilla, y de empalamientos cuando osa medir su propia realidad.

Por eso a veces me mantengo distante de todo circo y parafernalia, pero en tiempos de agresiones constantes se hace preciso tomar partido. Siempre ha sido así en este lado del mundo donde existen dos orillas tan cercanas como distantes: desde el norte azuzan y desde el sur responden, y luego se encienden los reflectores para que se desplace la puesta… y uno por momentos se siente un actor inmerso en una historia ajena, hasta que descubre que el simple hecho de permanecer puede resultar la mayor de hazañas, y de momento se observa involucrado en las más inverosímiles historias que debe interpretar con estoicismo y naturalidad.

Y uno asume la vida como una batalla, y hasta con banda sonora de Silvio para insuflarle carácter y arresto a la cuestión. Intentará interpretar su papel lo mejor que pueda, consciente de que su suerte puede ser la del soldado desconocido.

Mas, seguirá invocando la coherencia asido a lo que una vez soñó, sin cejar en el empeño, aunque los muros se derrumben y crezcan las represalias.

De eso va la utopía, de persistir a pesar de los malos augurios que siempre anuncian el final de las revoluciones. Reitero, no es vocación de mártir, seguiré defendiendo lo que creo: una Cuba Socialista cerquita de una potencia tan grande a la que se le pueden ver los tentáculos desde esta orilla… se trata simplemente… de cuestión de principios.

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Acerca Arnaldo Mirabal Hernández

Después de tanto deambular sin rumbo fijo, descubrí que el Periodismo era mi destino, hacia él me encomendé, desde entonces transpiro y exhalo palabras mientras sufro ante la cuartilla en blanco…no hay más bella forma de morir-viviendo....

2 Comentarios

  1. Hola Arnaldo, me gustó tu trabajo. Es indiscutible la necesidad de manener una postura coherente y de principios para afrontar esta batalla. Los golpes de la vida y el estudio constante de la realidad q nos rodea te permiten alcanzar la madurez necesaria para solventar encuentros y desencuentros con otras ideologías y experiencias de vida con que estamos viviendo. Creo que la humildad y la sencillez seguirán siendo las virtudes más importantes para mantener la moral bien alta ante ataques de todo tipo, es decir el mejor «parapeto» o «trinchera», así como, las ideas de Martí y Fidel.

  2. Juan Carlos Subiaut Suárez

    Ya escribí un comentario pero no fue publicado. Insisto. El motivo fue apoyar en toda línea a Arnaldo.
    Como dije, amigo y compañero, para mí es un honor compartir trinchera, aunque no cuento con tus lúcidas y potentes armas, compendio de profesionalidad, talento y experiencia, te apoyo en toda línea en la ingrata y «necia» tarea de asumir al enemigo, como ha dicho nuestro trovador.
    Al pie de un artículo anterior de tu autoría, recibiste un ataque virulento de un personajillo. No te preocupes, asúmelo como un reconocimiento a que los dardos que disparas dan en la diana, y sangran por la herida.

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