sábado , 27 febrero 2021

El Ateneo Deportivo

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En 1962, el reparto Camilo Cienfuegos, de la ciudad de Matanzas, entonces reparto San Rafael, apenas contaba con unas pocas viviendas, una escuela Secundaria Básica y un Ateneo Deportivo.

A esta última institución me dirigí una de aquellas mañanas, en mi recién estrenada bicicleta china.

Al interior del Ateneo, en una pequeña oficina cercana a la puerta de entrada, trabajaba Teseiro, el mismo que algunos años más tarde me impartiría clases en el Centro Universitario de Matanzas. El solícito funcionario indagó si me interesaba ingresar a la instalación y me obsequió un libro de atletismo y una pegatina del INDER,* la que pegué en el bolso de la bicicleta.

El reparto creció y el Ateneo llegó a convertirse para mí, en una segunda casa. Convertido por algunos años en sede de la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE), en la que matriculé, además de propiciar espacio para los intensos entrenamientos, era donde almorzaba y comía en calidad de alumno seminterno, entre otras rutinas.

Me apliqué a las vallas, aunque dominé el barrel roll sobre la varilla alta y la bicicleta en el salto largo. Pero la carrera con obstáculos, llegué a practicarla en todas las distancias. Logré alcanzar una buena técnica y aunque con los años participé en juegos escolares, juveniles y otras competiciones nunca obtuve un resultado verdaderamente relevante.

Seguramente lo más importante fue practicar en la pista del Ateneo, junto a glorias del atletismo cubano como Dámaso Luis Alfonso, Mercedes Mesa y el malogrado Miguel Durañona, Tuten, así como conocer en la propia arena, una generación anterior que integraban atletas de la talla de Rodobaldo Díaz, Nildo Berriel y Jorge Cumbanbach. Con Nildo siempre conservé una afectuosa amistad, al igual que con Padilla, Chacho y Scull, quienes ejercieron como instructores de una pléyade de atletas matanceros.

Eran los días que de regreso a casa apuraba el paso cuando escuchaba en los televisores de la vecindad escuchaba al sargento García cantar el Zorro Enmascarado en la aventura televisiva del momento.

Pocos años después con las movilizaciones militares, zafras y otras labores, abandoné la práctica deportiva, pero desde entonces reservo un lugar en la memoria para aquella época de sueños y esfuerzos.

En cuanto al Ateneo, regresé a el en muchas ocasiones, para disfrutar un encuentro de basquet, la elección de una Estrella del Carnaval, un concierto de Rock, Mocedades o Van Van, y hasta un Conjunto Acrobático chino.

El lamentable desplome de su techo por la falta del requerido mantenimiento y posterior abandono a las inclemencias del tiempo, carente del necesario presupuesto, convierten a Matanzas en una ciudad sin un centro polivalente para el desarrollo de competiciones de alto nivel, con el adecuado disfrute de su público.

Ojalá no se eternice la espera para el rescate de una instalación tan necesaria. Remates y encestes deben regresar al Ateneo. Vale tres.

 

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Acerca Angel Rodríguez Pérez

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